El olor a canela
invadía el ambiente del comedor gracias al incienso que ardía sobre la pequeña
mesa de la esquina. Una melodía instrumental con volumen medio se escuchaba y
las luces de las lámparas iluminaban el centro de la mesa grande. Sobre la
mesa, Demi Sagllos se preparaba para hacerse una lectura de Tarot. Habían
pasado varios días desde la última vez que se tiró las cartas y ya era hora de
consultar con el mazo. Colocó una copa llena con agua junto a la tela que
usaría durante la sesión. Un cristal de Ojo de Tigre, piedra protectora de Leo,
descansaba al lado derecho de la tela.
Todo estaba listo y Demi empezó a barajar las cartas.
Luego
de mezclar las cartas tres veces y partir el mazo en tres, dispuso las cartas
en dos filas de siete cada una, todas ellas boca abajo. Demi tomó aire
profundamente y volteó la primera carta: el As de Espadas. La lectura empezaba
con una carta que aludía a la mente y a la razón. Demi tenía suficiente
práctica como para no emocionarse con una sola carta. La lectura debía ser
completa. Volteó la segunda carta, luego la tercera y así siguió hasta la
decimocuarta y última carta. Era una secuencia ordenada del palo de las
espadas, del As al Rey, todas en su posición regular. Eso es improbable, tanto
desde el punto de vista práctico como desde el matemático, luego de haberlas
mezclado tan bien. No podría leer esta tirada. Tal vez se equivocó sin darse
cuenta al barajar. No había tiempo para pensar mucho en eso. Su hijo la
reclamaba en la habitación de juegos. Ya podría revisar lo que ocurrió cuando
el niño de nueve años se haya dormido. Recogió las cartas y las guardó.
A
la media noche el esposo e hijo de Demi ya estaban dormidos. Demi estaba
cansada, pero su curiosidad podía más. Tenía que reintentar leer las cartas.
Volvió a barajarlas. Su fiel y confiable mazo Raider -Waite estaba desgastado
por el uso, pero eso es lo que lo hacía especial. La había acompañado desde que
empezó a aprender la simbología y los arquetipos de los arcanos mayores, así
como los significados ocultos de los menores un año atrás. Esta vez usaría otro
tipo de tirada. Se decantaría por la Cruz Celta[i], una formación clásica
entre lectores del Tarot en la cual colocas diez cartas en un orden específico
para responder determinadas preguntas. Colocó las cartas boca abajo en la
distribución que conocía tan bien y fue volteando una a una. El resultado de
hace unas horas se repitió, con la diferencia que ahora era el palo de Bastos.
Tratando con poco éxito de conservar la calma, Demi fue al cajón donde guardaba
su material esotérico y sacó un mazo de Tarot más reciente, el cual usaba como
repuesto. Barajó las cartas y las partió. Volvió a armar la Cruz Celta
concentrándose en la pregunta ¿Por qué siente el bloqueo? Las cartas salieron
nuevamente en orden ascendente mostrando el palo de los Oros. Es imposible que
tres tiradas consecutivas con distintos mazos salgan así. Cogió el celular y
marcó el número que necesitaba.
—Disculpa la hora.
Necesito verte a primera hora. Ha ocurrido algo con mi Tarot y ya me siento
asustada. —Demi lanzó las palabras de manera apresurada a su interlocutor no
presente.
***
Demi
se encerró en su cuarto a oscuras, víctima de una migraña que incluía visión
borrosa. Decidió tomar una pastilla y una manzanilla para intentar descansar. Su
esposo estaba en el trabajo y su hijo aún tenía un par de horas en el colegio.
No podía dejar de pensar en lo que le había dicho su maestra en Tarot. Había
ido a visitarla temprano, llevando sus dos mazos de Tarot para mostrarle lo que
le preocupaba. Su maestra la recibió y escuchó lo que Demi tenía que contarle.
No podía creer hasta que vio la tirada que hizo Demi. Nuevamente fue un conteo
ordenado del As al Rey, pero con el palo de Copas. Dejaron de lado los mazos de
Demi y su maestra sacó su mazo. Le pidió a su alumna que las barajara para
recibir una tirada. La maestra tiró las cartas usando la distribución del Zodiaco[ii], en la cual cada posición
representa una característica de un signo zodiacal. El resultado fue nuevamente
una numeración del uno al doce, bajo el palo de la Espada. En verdad era
imposible ese tipo de resultados.
Sin perder tiempo la
maestra barajó las cartas y realizó una nueva tirada para ella misma, usando la
distribución de la Cruz Celta Tradicional, la misma que Demi había intentado la
noche anterior. Su resultado tenía coherencia: En la posición uno le salió el
Cinco de Oros, en la segunda posición el Caballero de Copas, seguido por La
Emperatriz, El Carro, el Siete de Bastos, el Tres de Oros, el Cuatro de
Espadas, el Ocho de Bastos, La Estrella y finalizando en la décima posición con
el Tres de Copas.
—Solo había leído sobre
esto en algunos escritos antiguos. Pensé que solo era teoría, pero veo que no
es así. —la maestra explicó. —Tienes las energías bloqueadas. Como sabes el Tarot
es un espejo de tu ser en este momento y para que te salgan esos resultados tan
raros es que hay algo que bloquea tu sensibilidad ya sea en la mente, la
acción, las emociones o en lo material. Sugiero descanses unos días del Tarot,
mientras yo investigo más a fondo.
Luego
de revivir en su mente por enésima vez lo ocurrido en la mañana, sintió como la
somnolencia causada por la pastilla atacaba poderosamente sus sentidos. Debería
dejarse vencer por los efectos relajantes. Solo un rato…solo un momento de
sueño…solo…
Demi
se transportó a un espacio tranquilo, con nubes violetas adornadas con
amarillo. Volaba mientras oía música de Enya. Las setenta y ocho cartas volaban
a su alrededor, formando un espiral, como si intentaran protegerla. Comprendió
en ese momento que estaba teniendo un sueño lúcido. Siempre disfrutaba cuando
tenía conciencia onírica porque esos sueños eran los que más le hacían
aprender. Sus gafas reflejaban el rápido movimiento de los arcanos mayores. Una
suave brisa acariciaba los rulos de su cabello oscuro matizado con algunas
canas elegantes.
Las
cartas siguieron su vuelo, como si fueran aves y guiaron la mirada de Demi
hacia una puerta de madera sobre una nube especialmente grande. La puerta le
parecía conocida. Los detalles de metal negro a modo de manijas le movían la
nostalgia. Era la misma puerta que tenía en la casa de su infancia. Se acercó a
la nube. Lágrimas alegres invadían sus ojos cafés.
La
pesada puerta de madera, que parecía ser hecha en cedro, se abrió para
recibirla. Una luz cegadora la recibió de improviso. Mientras el brillo
disminuía, se seguía escuchando el viento cortado por las cartas del Tarot
volando. La melodía de Enya se escuchaba más lejana que cuando estaba fuera de
la puerta. Sentía un aroma a milanesas y papas fritas. Su vista se acostumbró a
la iluminación y cuando se aclaró todo, pudo notar la decoración de la casa de
sus padres: el cuarto de su hermano a su izquierda, el cuarto de sus padres y
el de su hermana a la derecha y el que vendría a ser el suyo propio al otro
lado del pasillo. Por el pasillo estaba la cocina y luego la sala y el comedor
antes del jardín interno. No había duda. Estaba soñando con el lugar más seguro
que había conocido, en el cual había vivido hasta ser joven adulta.
Caminó
por la casa hasta llegar a la sala, absorbiendo cada recuerdo marcado en la
pintura blanca de las paredes, en aquella grieta que nunca se reparó, en esa
mancha en el piso o en el metódico orden de los cojines del sofá. Respiró el
olor del césped que entraba por la puerta de vidrio abierta.
—Demi,
bienvenida hijita. ¿Quieres que te prepare algo?
Demi
reconoció la voz de inmediato, a pesar de no haberla escuchado hace años.
Lentamente volteó y la vio. La voz delicada y alegre de su madre, Ana, provenía
de una mujer menuda, con corte de cabello pequeño y una sonrisa que llegaba a
sus ojos por lo sincera. Vestía un mandil de profesora y a modo de accesorio se
había colocado unas gafas de broma sobre su cabeza. Antes de cualquier
reacción, Demi escuchó una voz masculina y grave que venía de la puerta de la
cocina.
—Demi,
tu mamá te hizo una pregunta. —dijo su padre Manolo.
Demi
corrió a abrazar, primero a su madre y luego a su padre, quien vestía un par de
jeans y una camisa a cuadros. En el piso de la cocina Manolo había dejado un
inflable, de los que se usan en las piscinas, con forma de cocodrilo. Demi ya
se había acostumbrado al sonido de las cartas, al punto de ya no sentir el
ruido del aire, mientras flotaban al ras del techo formando un halo, girando a
velocidad media.
—¡Los
extraño tanto! — Demi logró decir con la voz entrecortada mientras ambos padres
se sentaban en el sofá y le indicaban que los acompañe.
—Siempre
estamos contigo. Por eso quisimos visitarte. Hemos notado que te preocupan
muchas cosas. — Ana dijo en voz baja mientras acariciaba el cabello de Demi.
Sin
filtro alguno, Demi comenzó a derramar todas sus preocupaciones: la casa, el
hijo, la plata y su salud. Con amargura amorosa les recriminó a sus padres el
por qué se fueron. Ella lo entendía, pero era el momento de desahogarse. Manolo
le tomaba la mano durante toda su verborrea. A pesar de su edad, Demi volvió a
sentirse como una niña.
El
tiempo perdió toda importancia. En el sueño pudieron haber pasado horas o años.
Demi sabía que las reglas oníricas eran distintas al mundo real y sabía que en
algún momento debía despertar, pero por ahora solo quería disfrutar. Se sentía
liberada mientras compartía un cómodo silencio con sus padres.
—Demi, tu madre y yo
debemos irnos, pero queremos dejarte con alguien que hace tiempo quiere
reencontrarse contigo. — Manolo se puso de pie y le extendió la mano a su hija
para que lo acompañe por el pasillo.
Caminaron hasta llegar
a un espejo de cuerpo entero. Ana abrazó a su hija para despedirse y caminó
hacia la cocina, desvaneciéndose lentamente. Manolo le dio una última
indicación a su hija.
— Demi, estamos muy
orgullosos de ti. Gracias por darnos un nieto tan bello. No debes cargarte
tanto. Solo te bloquearás más. La persona que verás te ayudará, solo si la
escuchas y haces lo que te dice. Ni tu madre ni yo podemos acompañarte, pero
recuerda que siempre estamos contigo. — Manolo le dio un beso en la mejilla a
su hija y caminó hacia el jardín, desvaneciéndose al igual que Ana. Demi aún
sentía la presencia de ambos, aunque ya no los veía.
Se
acercó al espejo. Tenía miedo de lo que vería, pero confiaba que sus padres
nunca la pondrían en peligro. Su reflejo la recibió. Inicialmente se mostraba
con los rulos despeinados y las gafas que cubrían las arrugas en sus ojos, pero
poco a poco, el sonriente reflejo fue rejuveneciendo. Su atuendo cambió. Vestía
una falda larga color azul, un moño ajustado recogía su cabello y estaba
descalza, recordando las épocas juveniles en las que Demi bailaba Marinera. Su
niña interna salió del espejo y le tomó la mano. La mirada amorosa de la niña
no mostraba ni una onza de tristeza o decepción. No juzgaba a Demi, para su
propia sorpresa.
—Demi,
quería tanto verte. Me tenías olvidada, pero no te culpo. Déjame leerte las
cartas. — La pequeña Demi extendió su mano izquierda, la más cercana al
corazón, y las cartas, que no dejaron su vuelo, fueron a reposar sobre su
palma.
Una
mesa redonda apareció de la nada junto a un par de sillas. Ambas se sentaron a
la mesa. Demi adulta miraba como su contraparte barajaba con maestría las
cartas varias veces.
—Esta
tirada se llama el Paso Seguro[iii]. La primera posición
representa al viajero, en este caso, tú. La segunda es la razón del viaje y la
tercera es el camino recorrido. La cuarta posición representa el camino por
recorrer, la quinta los obstáculos, la sexta la fortuna y la última posición,
el destino. Tiene forma de una estrella. — la pequeña Tarotista explicó antes
de empezar a tirar las cartas.
Demi
sabía que debía concentrarse en la pregunta que quería hacer, para que la
lectura sea precisa, digno reflejo de su ser. Se sentía preocupada. ¿Y si en
sus sueños se repitiera la situación de bloqueo de lectura que en su mundo
real? Temía que volviera a ser una lectura sin sentido.
—Eres la Reina de
Espadas: realista, franca y sin rodeos. Buscas en tu viaje equilibrio con la
carta de la Templanza. Has tenido una vida llena de imprevistos que te han
obligado a reconstruirte como la Torre. Eres una mujer que no se rinde; la
carta de la Fuerza es tu camino por delante. Los obstáculos se representan con
el Tres de Espadas: penas, dolor y desconfianza. Tu fortuna es el Diez de
Copas: apóyate en la felicidad que tu familia te da y disfruta de la armonía
que vendrá para tomar tus decisiones. Tu destino es El Mago: potencial de hacer
realidad todos tus deseos. Te han salido unas cartas interesantes. — La voz
preadolescente de Demi dejaba notar la alegría que le daba esa interpretación.
Se escuchaba a lo lejos un sonido agudo. Un timbre. —Es momento de despertar.
Creo que te están buscando. No olvides visitarme de vez en cuando, Demi.
Demi
despertó en su cama, relajada y con un nuevo propósito. El timbre no era en su
casa, sonaba desde la puerta vecina. Había dormido solo una hora. Todavía tenía
tiempo antes que llegarán su esposo e hijo. Cogió su mazo de cartas y las
barajó trece veces. La primera carta que salió fue El Loco: un nuevo viaje
empezaría, pero para continuarlo debía aplicar lo aprendido para no bloquearse.
No iba a ser fácil, sin embargo, se sentía animada a intentarlo.
[i] Cruz Celta Tradicional:
[iii] Paso
Seguro (Lectura Demi)
El arte de Demi fue realizado por Nady Maguiña