sábado, 24 de junio de 2017

Arrepentimiento Infernal



Lucifer está arrepentido,
el dolor que su sentimiento de culpa causa le es insoportable…
sus alas negras comienzan a mostrar un brillo opaco y sus lágrimas le queman como ácido.

Quiere elevarse,
redimirse y sentir alivio
pero es imposible: no puede perdonarse a sí mismo.

Su antiguo Amo, hace mucho que lo busca.
Hace siglos lo perdonó,
pero ni con todo su poder
puede convencer al Ángel Caído de ser el Cáliz de la Luz.

Lucifer está arrepentido,
y su dolor ha causado que Ángeles y Demonios sientan tristeza asfixiante…
nadie quiere hacer el bien ni el mal.
Su arrepentimiento se esparce como plaga
en un mundo tibio.

Los círculos del infierno se derrumban.
El cielo ya no brilla con las estrellas.
Solo algo podría detener esta acedia eterna:
¡Lucifer, acepta tu luz en medio de tus tinieblas,
de esa manera, el mal y el bien volverán a actuar!

Su llanto le ha causado cicatrices en su rostro querúbico
y sus garras han perdido el filo.
Solo si el Portador de Luz pudiera perdonarse…

Que el eclipse lunar despierte los latidos arrepentidos
Y así el Caído podría aceptar su condición más obvia:
Es más humano que nosotros.
En ese momento, el dolor se detendrá y su corazón podrá descansar.

Las bestias de la tierra y las aves en el firmamento están inquietas:
Sienten pena por aquel que se hace llamar Adversario.

Si tan solo pudiera verse como su antiguo Amo lo ve…

miércoles, 3 de mayo de 2017

CADAVER EXQUISITO AZUL Y DULCE SARCASMO 02.05.2017


 Pequeño ejercicio literario entre mi buena amiga Estefania Cuestas (Azul) y yo




Despacio que viene una curva, escucha el valiente final, no me des un beso de más.

Vi una estrella suicidarse mientras las olas del mar acariciaban mi cuerpo desnudo…Me sentía extasiado y ebrio por su sensualidad.

Déjala, déjala que florezca, mis palmas son como la hierba, lámelas sin dejar huellas, siémbrame que te quiero dar fresas.

Estar juntos acelera mis latidos y hace que mi memoria olvide y recuerde letanías de amor y lujuria. Me sonrojo…seremos cuidados por el zodiaco y los elementos, mientras dormimos con nuestros sexos descubiertos.


Arde el final…los pensamientos se derraman, cierra la puerta y calla…



sábado, 25 de febrero de 2017

Alma Sexy



No podemos negar que los tiempos han cambiado. Unos cuantos siglos atrás no nos preocupaba mostrar tanto el yo visible, es decir, nuestro físico. Tener un cuerpo atractivo se ha vuelto cada vez más importante (claro, según los estándares actuales, un cuerpo atractivo debe ser “sexy”).

Actualmente pasamos horas en el gimnasio, entrenando para estar más sanos. Entre serie y serie no podemos evitar mirarnos al espejo o fotografiarnos y colapsamos cuando un día no podemos cumplir con nuestra rutina de ejercicios: más peso, más cantidad de flexiones, más quema grasas, menos carbohidratos, ropa más reveladora, medicinas que ayudan al desarrollo muscular, etc. El ser sexy se ha vuelto muy importante en estas épocas y hacerlo público una obligación social.

Por otro lado, ¿cuántas veces nos preocupamos de volver más sexys nuestras mentes y nuestras almas? Muchas veces me han dicho que a muchas personas les aburre leer y que prefieren ver en la pantalla lo que se narra en cualquier libro. Yo creo que lo que nos falta es un “personal trainer” de la psique. Sé que sonará ridículo, pero cada día veo menos “selfies de libros” y más asesinatos de a la dama ortografía.

Entre el alma y la mente, la segunda es la más fácil de comprobar si está o no desarrollada al conversar con las personas. Pueden ser personas con gran belleza física, pero todo encanto se cae al escucharlos hablar, claro no en todos los casos, pues hay personas cuyo físico sí concuerda con su mente.

                Para obtener un cuerpo sexy, voy al gimnasio. Para obtener una mente sexy, leo diversidad de libros, pero, ¿qué se puede hacer para conseguir un alma sexy? ¿Qué ejercicios debo realizar para hacer mi espíritu más atractivo y más fuerte? Algunos meditan, otros oran, otros realizan obras de bien social, pero, ¿se hace con la frecuencia adecuada?

               
Para fortalecer el alma muchas veces debemos hacer ejercicios no muy agradables (aunque necesarios como el cardio) como perdonar o no permitir que nuestro orgullo oculte lo mejor de nosotros. Otro de los ejercicios que se pueden realizar es la introspección (el hecho de conocernos a nosotros mismos, con nuestras fortalezas y nuestros defectos nos ayuda a mejorar). Entrenar la capacidad de amar y de entregar es más difícil pero dan buenos resultados. La humildad, aunque duela y suene contradictoria, nos hace invencibles. Pero el ejercicio más duro de todos es el silencio: le tememos pues en silencio conocemos nuestros demonios internos y nuestros ángeles debilitados. También el silencio nos hace pensar en los momentos en los que hemos sido vulnerables (esos momentos siempre los hemos querido negar).

Así como medimos las calorías que ingresan a nuestro cuerpo y contamos los minutos para ejercitar el cuerpo, sería interesante que sepamos cómo alimentamos nuestra mente (seamos críticos de lo que vemos o leemos) y más aún que tan sexy es nuestra alma. Unos minutos al día de meditación pueden ayudar. Así como nos preocupa dejar de ir un día al gimnasio, ¿nos preocuparía si en un día no hemos leído aunque sea una página? O ¿tendríamos esa ansiedad si un día dejamos de perdonar a alguien desde el fondo de nuestra alma?


Considero que entrenar los 3 ámbitos es importante, pero más importante es hacerlo en equilibrio. Ejercita el cuerpo, es necesario para la salud física; ejercita la mente, es imperativo para vivir y crecer; ejercita el alma, es urgente para ser buen humano y cumplir con todo nuestro potencial. Si debo ser sincero, siento que en cada ámbito me falta mucho entrenamiento, pero quiero pensar que por lo menos me estoy entrenando. Yo quiero un cuerpo más atractivo, una mente más aguda, pero sobre todo, quiero un alma sexy. ¿Cómo va tu propio entrenamiento?

lunes, 6 de febrero de 2017

Contando Ovejas o Inventariando Lobos

Esto lo escribí el 11 de enero de 2017



Todos hemos pasado por momentos en los cuales las ovejas que contamos antes de dormir se convierten en lobos rabiosos, invadidos por el vacío del hambre. Las preocupaciones del día se acumulan y roban a las personas de aquella tranquilidad necesaria para el equilibrio reparador. Pero, ¿cómo podemos convertir nuevamente esos pensamientos a su estado original?
           
            Las preocupaciones y los miedos del día a día se acumulan. Está de moda guardarse los sentimientos. “¿Qué van a decir de mí si cuento mis penas?”; “Yo nací solo, vivo solo, así que son mis problemas”; “Ellos ya tienen suficiente con sus problemas”, son algunos ejemplos de excusas para no hablar cuando lo necesitamos. Pero no es culpa de uno solo. Todos tenemos diferentes estilos para atacar los problemas (con mayor o menor grado de éxito), sin embargo, a veces no queremos involucrarnos ni comprometernos. Es demasiada responsabilidad, según pensamos, escuchar la carga de otros: “Ya empezó con su drama”; “¿Qué puedo hacer yo?”; “Tuve un día pesado”.

            La depresión; el sentirse solo; la preocupación; el desgano; el pesimismo realista; el suicidio son consecuencias, no causas. La causa está en seguir insistiendo en disfrazar a los lobos con piel de oveja. El día a día y el orgullo no nos permiten respirar y buscar una solución, porque olvidamos que no podemos conseguir una respuesta a un problema con el mismo estado mental en el que nos encontrábamos cuando ese “imprevisto” apareció.

            Muchos están apoyando una causa noble en contra del suicidio: Están pegando en sus muros y distintas redes sociales que las puertas están abiertas, que las líneas están disponibles, que los oídos prestos a escuchar y que los abrazos listos a entregarse. Me parece que está bien que se hagan estas declaraciones, pero en algunos casos (enfatizo algunos), son solo palabras. Uno de mis contactos (y amigos) hizo su versión sarcástica (no deja de ser realista) del post, pero sí lo cerró con una frase suya: Si quieren evitar estas penas desconectémonos de las redes sociales y busquemos a las personas con una simple pregunta sincera: “¿Cómo estás?

            A lo largo de nuestras vidas, muchos hemos tenido ideas destructivas. Que se hayan concretado o no, son escenarios distintos. Como dije líneas arriba, todos luchamos de distintas maneras y no todos soportamos todo de la misma forma. En mi adolescencia contemplé más ideas autodestructivas que la mayoría y reconozco que algunas veces me costaba mucho más trabajo eliminar a esos lobos vestido de ovejas (inclusive visitaban algunos lobos sin disfraz). Tuve el apoyo de muchas personas y puedo decir que me he fortalecido. Los lobos aparecen de vez en cuando para cazar las ovejas, pero ya aprendí a defenderlas, a mantenerlos lejos de mi psiquis. En cierta forma agradezco haber crecido en una época “desconectada”. Las redes nos han ayudado como herramienta, no lo negaré, pero una computadora o un celular no reemplazarán la calidez de otro ser humano (en ese sí sentido trato de ser un poco anticuado).

            Una sola frase: “¿Cómo estás?”... solo necesitamos practicar esa frase y realmente escuchar la respuesta. A lo mejor ayudamos a matar algunos lobos ajenos, y quién sabe, podamos eliminar algunos propios en el proceso. Desconectemos el plan de datos o el Wifi y reconectemos los lazos que se han perdido. Y tú, ¿Cómo estás?


DISCLAIMER: La imagen no me pertenece. La encontré en Google. No la uso para obtener beneficio alguno. Solo la utilizo para graficar. 





Padrinos y Ahijados

Esto lo escribí días antes de Navidad e 2016


Este Post lo redacto para mis padrinos y ahijados. Hasta el momento ha sido una vida emocionante, desafiante y sorpresiva. He llorado y reído (a veces simultáneamente), pero creo que por primera vez agradeceré públicamente algunos hitos en mi vida. Soy católico, y como tal, he recibido enseñanzas de mis padrinos y (no sé cómo) he intentado guiar a aquellos que me escogieron como su padrino.

Mi tía Charo Pérez es mi madrina de bautizo. A lo largo de mi niñez me inculcó principios de fe, esperanza y caridad así como la importancia de la oración. Por otro lado, mi padrino Willy, que en paz descanse, era un solitario pensador: como quien no quiere la cosa, me inculcó mi pasión por el cine (lo que me ha convertido en crítico del fino arte) y mi curiosidad por la lectura. Ya casi finalizando mi adolescencia decidí confirmarme y elegí a mi tía Gaby Fiorini, quien a pesar de no tener relación sanguínea conmigo, me enseñó que todo en la vida debe ser ganado a fruto del esfuerzo y responsabilidad (gracias a su apoyo pude iniciar mi vida laboral).

Luego de haberme confirmado me tocó a mí. Aún no sé qué, pero debí haber estado un trabajo decente porque me eligieron a mí para ser padrino:
1.      Mi querida Chete Brown, dueña de un espíritu indomable y aguerrido como el fuego. Sus puntos de vista siempre dignos de considerarse y discusión amena.
2.      Mi buen Alejandro Baca, dueño de un alma compasiva y curiosa. Sé que ve el mundo con ojos diferentes y me ha regalado sonrisas y sarcasmos espectaculares.
3.      Mi primer amigo y “hermano” de otra madre, Nils Wetzell me sorprendió hace poco: Me pidió ser padrino de Bautizo, de Primera comunión y confirmación, todo en el mismo paquete. Su fortaleza me ha complementado en una amistad que ha superado cualquier límite de tiempo y lugar.
4.      Mi pequeño Juan Manuel Galvez Gold, espero ser un buen padrino de bautizo y cultivar algo desde mi lugar: al menos sé que podré narrarte cuentos y fomentar tu creatividad (Meli y Mariano, por favor le muestran a JuanMa).


No sé si he sido un buen ahijado o buen padrino, pero he hecho mi mejor trabajo (y seguiré intentando hacerlo). No quería dejar pasar este día para desearles bendiciones y Feliz Navidad. Que Jesús siga siendo guía de sus corazones. A mis madrinas, síganme dando sabiduría. Gracias por aceptar la responsabilidad de guiarme (también tú Willy) A mis ahijados, ténganme paciencia porque sé que seguiré equivocándome pero espero haber enseñado algo. Gracias por elegirme (espero no decepcionarlos). 

martes, 20 de diciembre de 2016

LUNÁTICOS






La Luna se veía enorme en el cielo.
Su reflejo en el océano, parecía luz derretida
tranquila en un mar sereno.

Las máscaras venecianas cubrían mis ojos y los tuyos…
ambos influenciados por la Luna llena nos dejamos llevar;
lunáticos y embriagados de pasión,
nuestros instintos despreciaban el autocontrol y el pudor.

Estábamos solos bajo la mirada de las estrellas
cuando las vestimentas se volvieron incómodas.
Nos fusionamos en un solo ser:
tus inicios y mis finales se entremezclaron.

Nuestro propio ritmo, envidia del oleaje que golpeaba fuera
se aceleraba y nuestras respiraciones se convertían en jadeos.
Intenté alimentarme de tu cuello
mientras tus uñas se enterraban alternativamente en mis nalgas y espalda.

La Luna nos espiaba envidiosa.
Hace mucho tiempo no había participado en un eclipse con el Rey
Nuestros cuerpos desnudos reflejaban su luz sanadora.
Lunático yo me enterraba más en ti.
Lunática me jalabas con fuerza hacia ti.

La explosión galáctica no se hizo esperar mucho…
Ambos derramamos nuestro sudor
mientras veíamos estrellas que no estaban en el cielo.
Intentamos recuperar el aliento a la luz de la Luna…


BYE

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Amor Verdadero




La mayoría de nosotros ha crecido escuchando historias en las que todo “mágicamente” se arregla con el beso de amor verdadero. Estos cuentos de hadas pueden pecar un poco al apresurar esas afirmaciones, pues casi todas las manifestaciones en dichos relatos sobre estiman la capacidad de “amar a primera vista”. Sin embargo, hay varios puntos que tienen bastante lógica en medio de la ficción.

                El primer punto que me hace pensar es que por más que se le dé un valor desmedido a la primera reunión romántica de los protagonistas, el amor verdadero es algo difícil de encontrar. No en vano los villanos mismos subestiman esa precaución cuando se enteran de los posibles antídotos, aludiendo que es algo inexistente. Con respecto a la existencia o inexistencia es seguro asumir que si bien muchos han escuchado sobre el amor verdadero, muy pocos lo han experimentado, en cualquiera de sus presentaciones, lo cual explica la actitud despreocupada y tratamiento de mito que los autores del posible crimen le muestran.

                En segundo lugar, contrariamente a lo que muchos piensan, el beso no es la única representación de amor verdadero que la literatura nos muestra. Es cierto,  es la más común pero no la única. Existen cuentos en los que el amor verdadero no es el clásico romántico. Los actos de amor van desde un beso, una lágrima, un sacrificio y puede ser filial, amical, romántico o incluso lealtad.

                Literatura moderna y clásica concuerdan en darle la cualidad de invencibilidad al amor verdadero, pero también le otorgan un carácter mítico pues no es tan fácil encontrar. Sin embargo, algo interesante sobre el amor es su capacidad evolutiva y mutable. Es cierto, nada puede vencer al amor, pero el objeto de nuestro amor o como lo demostramos sí difiere según las circunstancias en nuestra vida.

                Como católico sé que no hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Cada religión tiene sus propios conceptos del amor, pero la mayoría coincide en que el amor es una fuerza poderosa y temible. Nos dice la Biblia que el amor debe ser paciente, pero como humanos la pregunta común es ¿hasta cuándo ser tolerante?  Se dice que en la antigua Grecia Eros, la manifestación del amor, era más temido que el mismo Tánatos, quien era considerado como el dios de la muerte.

                Según mi experiencia de vida, amar no es tan sencillo como lo pueden decir las palabras escritas en los distintos libros, ya sean de ficción o realismo. Amar es una labor ardua y muchas veces complicada, pues tiene muchas aristas. Eso me demuestra la calidad única de ese amor verdadero: podemos tener momentos de cariño, minutos de entrega o incluso acciones que nos hagan confundir el amor con la necesidad o lujuria (nuevamente, no solo existe el amor romántico), sin embargo esa cualidad sanadora (aunque a veces más que sanar cauteriza con un ardor intenso) solo se logra con bastante esfuerzo, conocimiento, confianza e incluso capacidad de recibir amor.

Menciono la capacidad de recibir porque muchos consideran que dar amor es más digno que recibirlo. Dicen que eso es lo maravilloso del amor: no importa si somos dignos o no(a decir verdad, nadie es tan perfecto como para ser ciento por ciento digno) el amor se puede dar a todos. Yo considero que tanto dar amor como recibirlo requieren de fuerza de espíritu y carácter.
               

        Para reforzar el punto anterior, a lo largo de la historia vemos que el amor ha sido causante de paz y de guerras. Muchas motivaciones de algunas personas catalogadas como “malas” han sido motivadas por el amor. Tal vez una versión retorcida de amor propio o amor a su propia nación (tanto ejemplos de guerras políticas) o incluso por causas más nobles (la salud de un ser querido, como por ejemplo). ¿Quién podrá juzgar lo que se hace por amor?   A Shakespeare se le atribuye la frase: “Si no recuerdas la más ligera locura en que el amor te hizo caer, no has amado” y eso puede demostrarnos que el amor nos puede obligar a tomar cursos de acción que escapan a nuestro modus operandi habitual: un mujeriego puede cambiar sus hábitos al ver nacer a su hija o una madre en necesidad de alimento para su hijo puede vender sus escrúpulos (y su cuerpo). Cada quien puede demostrar el amor a su manera. Las formas de demostrar de cada uno pueden ser más o menos nobles, sin embargo no podemos negar que el amor verdadero nos exigirá cada vez más.  

 

                Finalmente, el amor verdadero es invisible y difícil de entender. Puede ser que uno ame a pesar de no ser correspondido o que nuestra visión se nuble por un espejismo de amor que es fácilmente desplazada por ambición o egoísmo o en algunos casos, que el objeto de nuestro amor se aproveche de las circunstancias y utilice esa misma fuerza para amasar poder sobre quien entrega su amor. Estemos atentos para analizar si hemos conocido o no el amor verdadero pues como ya se mencionó, el amor llega sin previo aviso y oculto en un disfraz.



domingo, 6 de noviembre de 2016

La Lección que Faltaba



Raphael Leoncio “Ralphi” Fernan Urso era su nombre completo y él lo detestaba. Sus amigos lo llamaban Ralphi, y aunque no era su favorito, lo prefería al nombre que figuraba en su certificado de nacimiento. Si él no hubiera contado con la disciplina que solo se logra al practicar Houquan (o Kung Fu, estilo del Mono), habría golpeado a todos sus amigos por utilizar el apodo cariñoso que su abuela usaba con él.

A sus 18 años su personalidad se había vuelto más competitiva y exigente. Ralphi entrenaba todas las mañanas antes de ir a sus clases de enfermería (carrera que seguía tanto por pasión como por tradición familiar). Por las tardes apoyaba unas horas en el restaurante de su abuela. La rutina de Ralphi era ajustada, y aunque había aprendido muy bien a organizarse, había ocasiones que deseaba un poco más de control sobre su tiempo libre.

Siendo tan organizado y disciplinado, siempre tuvo una obsesión por el orden y el control de las situaciones en su vida. La filosofía de su arte marcial dictaba que tuviera serenidad de mente, que aceptara lo que no podría cambiar, es decir que fluyera en armonía y equilibrio con la naturaleza, sin embargo, esa era una lección que aún no dominaba y eso le estaba generando problemas en sus relaciones interpersonales.

Un trabajo grupal en la universidad fue el catalizador de su reacción. Una tarde, sus compañeros y él debatieron sobre la correcta forma de tratar un esguince en un niño. Los métodos que él proponía eran menos ortodoxos que los de sus compañeros y la votación demostró que la mayoría siempre vence. Ralphi podría aceptar la opinión de los demás, sin embargo, el profesor no estuvo de acuerdo con la solución planteada por su grupo y los reprobó.  Ralphi sentía que si hubieran seguido sus instintos habrían pasado el examen.

Como consecuencia, deberían repetir el examen la siguiente semana, fecha en la que él tenía planificado una competencia de Kung Fu. Sus emociones se salieron de control, sin importar que uno de los preceptos más importantes en el Kung Fu es el de la conducta ética, la no violencia y la bondad. Insultó a sus compañeros y salió de la universidad. Quería estar solo. No era la primera vez que él había perdido la paciencia, pero sí la primera en la que se mostró tan violento. Eso es algo que sus compañeros y amigos habían notado y ya sabían que cuando él reaccionaba así, lo mejor era darle su espacio. Eventualmente, se calmaría.

Ralphi caminó cerca de un parque, intentando sin mucho éxito calmarse, cuando delante de él apareció un pequeño mono, el cual lo miró fijamente. El simio se le acercó, sin apartar su mirada de los ojos de Ralphi, quien notó una extraña marca en la frente del animal: a modo de calva se formaba algo muy parecido a un sol con un círculo encima. La intensidad en su mirar era perturbadora y por más que Ralphi hubiera querido, no podía moverse.

Utilizando su agilidad y su cola, el mico se trepó en los hombros de Ralphi, causándole cosquillas en el cuello con su pelaje. Tan rápido como se subió, el minúsculo mamífero dio un salto que lo alejó del joven humano. Ralphi lo siguió con la mirada, intrigado. El mono estaba a unos metros de él. En sus manos tenía una cadena con un dije redondo, ambos dorados. Ese dije había sido regalo de su abuela cuando era niño y nunca se lo quitaba.

—¡Devuelve eso! — exclamó el joven a la misma vez que intentó lanzarse sobre el ladrón pero fue demasiado lento y cayó en el piso. El mono lo esquivó dando un salto y comenzó a correr entre los árboles.

Ralphi se levantó rápidamente y echó a correr tras el rapaz animal. Tenía que recuperar ese dije. El animal era veloz y ágil. La condición física de Ralphi era buena pero ya sentía dificultades para respirar. Alcanzó al mono en una parte del parque que no conocía. Había un árbol hueco. El mico estaba depositando la cadena robada dentro. Lanzó una última mirada y echó a correr nuevamente, alejándose subiendo por las ramas de los árboles más cercanos.

Mientras trataba de recuperar el aliento, Ralphi se acercó al  tronco. La gruesa madera tenía una inscripción en chino. Había aprendido la lengua años atrás, cuando empezó a entrenar artes marciales. Le gustaba el idioma oriental, así que no le pareció difícil, es más, le ayudó a entender con mayor profundidad las técnicas y posiciones. La inscripción recitaba: “Solo aquel capaz de resistirse a la tentación de caer en la ilusión del control, podrá tener control verdadero en su vida”. Las palabras le parecían raras y le recordaban las clases en las que su Maestro hablaba utilizando proverbios chinos cada vez más confusos. Encontró la cadena dorada dentro del tronco, junto a dos pequeñas tablas unidas en forma de aspa. Las tablas estaban hechas de madera. Recogió su dije y se lo volvió a poner en el cuello, pero las tablas lo intrigaban así que las tomó y las observó con detenimiento.

Eran tablas sencillas, unidas por el medio. La madera estaba pulida y pintada de un color rojo intenso. Le recordaban a las utilizadas en las marionetas. Entraban con facilidad en una sola mano. En chino estaba escrita la palabra control. Ralphi tuvo una sensación extraña. De alguna manera, la frustración que había sentido en la universidad estaba desapareciendo. Se sentía más seguro. Era como si las maderas fueran una especie de amuleto.

Un sonido brusco lo hizo despertar del trance en el que se encontraba. Un perro rabioso había pisado una rama y estaba a punto de atacarlo. La espuma se escurría de su hocico. Aparentemente, era un perro sin dueño. Sabía que no podría vencer a un animal rabioso, así que instintiva y lentamente comenzó a retroceder. El can se agitó aún más y saltó hacia Ralphi. Lo único que él atinó a hacer fue levantar sus manos a su rostro e intentar protegerse. En su mano derecha estaban las tablas cruzadas y en su mente solo un pensamiento primaba: su deseo de que el perro no lo ataque.

Sintió un calor en su mano derecha. La sensación provenía del aspa de madera. En esos segundos que parecían extenderse como horas a causa de la adrenalina, él notó que los ojos del perro se pusieron vidriosos y en medio del salto parecía haber decidido no atacarle. El ataque se vio interrumpido por el cambio de actitud en el can y éste cayó a unos centímetros del pie de Ralphi. Seguía botando espuma, pero su expresión había cambiado, era más dócil. Fue en ese momento que notó que las maderas que sostenía lanzaban un ligero brillo que empezaba a desvanecerse. Ralphi decidió no tentar a la suerte. Dio media vuelta y empezó a alejarse, primero cautelosamente, luego a toda velocidad. Él no había notado que alguien lo observaba desde la sombra de un árbol.

***

Había pensado toda la noche en lo ocurrido. Intrigado, llevó el aspa de madera a la universidad y la tenía guardada en su mochila. No podía creer que el perro hiciera lo que él deseó. Tenía que descartar que no se tratase de una coincidencia muy afortunada. Sus compañeros de grupo estaban alejados de él, después de la reacción del día anterior, no querían dar el primer paso hasta que Ralphi se disculpara. Él los miraba sentado en una banca. Desde su ubicación, debía hacer un experimento. Sacó de su mochila el aspa de madera y, sujetándola con su mano, pensó en que ellos se acerquen a pedirle disculpas. El mismo brillo y calor presentes durante el ataque del perro se manifestaron. Sus compañeros se acercaron (eran tres personas: dos chicas y otro chico).

—Ralphi, creo que te debemos una disculpa. Tenías razón con lo de ayer— Carlos, el varón, dijo. Los tres tenían la mirada vidriosa.
—Sí Ralphi. Jalaste por nuestra culpa— Natalia, la menor del grupo añadió.
—¿Qué podemos hacer para que nos perdones?— Ariana, la otra chica, preguntó con una expresión arrepentida.

Ralphi se sentía orgulloso de sí mismo. —Creo que yo hablaré más tarde con el profe. Saben muy bien que puedo ser muy persuasivo cuando me lo propongo—les respondió con soberbia. Sus compañeros sonrieron y le agradecieron mientras se iban a sus clases y le decían para luego almorzar porque él siempre los salvaba.

—¡Ouch! ¿Qué carajo…?— Ralphi se llevó la mano izquierda a la boca. Sintió un hincón en el dedo meñique. — ¡Maldita astilla! Me la sacaré luego. La banca debe haber tenido una astilla suelta. Esta cosa funciona. Veamos si el profesor aún piensa en jalarnos, porque no me pierdo el torneo por nada del mundo. — Se puso de pie guardó la madera en su mochila y se fue a clases.

***
     
Ralphi comenzó a utilizar el aspa de madera para conseguir lo que quería. Había descubierto que podía tener el control de la voluntad de otros. Logró que el profesor no los reprobara; la chica que le gustaba, pero que no sabía que existía lo besó saliendo de clases; su papá le prestó el auto; su hermana, con quien siempre discutía se quedó callada; sus compañeros le daban la razón; todo salía de acuerdo como él quería, y eso era cada vez más adictivo. Había pasado una semana desde que encontró el “aspa de marionetas”, como él la llamaba, y su competencia sería al día siguiente.

Todo parecía ir bien, pero desde que empezó a usar los poderes del “aspa de marionetas”, sentía sus músculos más duros. En los entrenamientos su natural flexibilidad se vio disminuida. Su Maestro le preguntaba si había pasado algo, pues se le notaba distinto y él no respondía. Esa noche, mientras se bañaba notó algo que lo preocupó. Le dolía mover las piernas y estar de pie en la ducha le parecía difícil. Cuando se sentó en el piso de la regadera vio algunas costras en distintas partes de su cuerpo. Cuando tocó una de ellas, notó que era dura y tenía cierta característica rugosa. Estaba solo en casa. Toda su familia había viajado de vacaciones. Decidió que sus nervios por la competencia  eran la causa de esas costras, así que lo mejor que debería hacer era dormir temprano.

Cuando se secó el cuerpo, se echó una crema para las cicatrices que encontró en su casa. Se puso su bóxer y se dispuso a dormir. Su obsesión con el control había llegado al punto de querer controlar sus propios sueños, motivo por el cual había tomado el hábito de dormir con el “aspa de marionetas”. Le gustaba la sensación de certidumbre que le daba su nuevo amuleto.

Esa noche, sus sueños fueron intensos. Soñó que sus papás discutían delante de él y de su hermana. En medio del sueño apuntó el aspa a sus padres y deseó que no pelearan. Luego soñó que un cliente malhumorado en el restaurante de su abuela le faltaba respeto a sus compañeros de trabajo, pero utilizando su amuleto, consiguió que el cliente deje una excelente propina. Otro de sus sueños involucraba a sus amigos de universidad y él sutilmente  “ordenándoles” que hagan los trabajos. Tuvo otros sueños, todos ellos con el mismo desenlace. El calor y el brillo en la madera también se mostraron en el mundo onírico.

Cuando abrió sus ojos, no podía mover su cuerpo. La única parte que podía mover era su cabeza. Sentía el cuerpo duro. Su mano estaba cerrada fuertemente sobre el “aspa de marionetas”. Al costado de su cama había un espejo que la reflejaba directamente. Las sábanas y colchas habían caído al suelo. Cuando giró su cabeza hacia el espejo intentó gritar, pero su garganta estaba demasiado seca para emitir sonido alguno. Reflejado en la superficie plateada se podía ver su cuerpo. Las costras se habían extendido del cuello para abajo: su cuerpo se había convertido en madera. Intentó convencerse que aún seguía soñando, pero no era así.

            —Joven pupilo, deberías calmarte. Nada bueno lograrás si no lo haces— la voz de su anciano Maestro lo hizo mirar al lado de la cama que el espejo no mostraba.

En su habitación se encontraba un hombre no más alto de 1.60m con apariencia serena. Cualquiera que lo viera por primera vez no podría evitar compararlo con una tortuga galápagos por lo arrugado de su rostro. Estaba sentado plácidamente en una silla. En su hombro derecho descansaba el mismo mono que había guiado a Ralphi al tronco hueco hace una semana.

            —Debes disculpar a mi pequeño amigo. Es bastante travieso. Ralphi, te debo confesar que he estado observándote. Tu obsesión con controlar todo te alejaba de tu potencial en el Kung Fu. Me refiero a tu potencial espiritual, porque el potencial físico hace mucho tiempo que lo has desarrollado. — El anciano dijo distraídamente mientras con una mano acariciaba al pequeño mamífero. — En realidad mi amiguito es uno de mis guías espirituales, podríamos decir que es uno de mis Maestros. Creo que mejor te explico a solas…

Tomando al mono en sus manos, se puso de pie. Los ojos del mico se posaron en los ojos de Ralphi. El símbolo extraño en la frente comenzó a brillar. En retrospectiva, Ralphi notó que el símbolo parecía un eclipse. Humo dorado cubrió al mico y segundos después sobre la mano del Maestro descansaba una pequeña estatuilla con forma de mono de cola larga.

— Sé que te sorprende, pero recuerda mis primeras enseñanzas. Para aprender realmente Kung Fu, debes ser como el agua y fluir. Te habías vuelto duro, poco tolerante al cambio. Sí, hay cosas que tú puedes controlar, no negaré eso, pero no puedes controlarlo todo. Es una de las lecciones más difíciles de aprender: la humildad de aceptar. Necesitaba que aprendieras eso. El estilo del mono, en el Kung Fu, es uno de los más libres que existen. El espíritu del mono se deja llevar y se adapta a la situación presente, a diferencia del estilo más agresivo del tigre — El anciano explicaba mientras caminaba alrededor de la cama. Había dejado la figura del mono en la mesa de noche. — Esas tablas son muy curiosas. Te dan la habilidad de controlar a otros pero a un costo muy alto. No eres el primero que las usa para su beneficio. Uno de los antiguos usuarios escribió una historia en la que el personaje principal debía ser valiente, leal, sincero y desinteresado para ser un niño de verdad. La debes conocer. El protagonista pasó por una situación simiar a la tuya.

—Ma…es…tro… de…be…e…xistir…— Ralphi no podía continuar. Su lengua se había convertido en madera.

—Ralphi, todo en esta vida tiene solución, pero solo tú la puedes dar. Verás, el precio de esta magia antigua, como has notado: te convertirás en madera si utilizas las tablas para beneficio personal. Cuando la usaste con el perro rabioso en el parque, no tuviste consecuencia alguna, porque fue una acción de supervivencia, pero, ¿recuerdas cuando la usaste en tu universidad? Una astilla estuvo molestándote todo el día. Existe una forma, aunque es dolorosa. La única manera es arrepentirte de corazón y aprender la lección faltante. — el anciano se acercaba a la puerta con intenciones de retirarse.

Los ojos de Ralphi lo siguieron. Mostraban terror. —Ralphi, sé que harás lo correcto, pero no puedo ayudarte. Es una lección que tú mismo debes aprender. Tengo que dejarte para que medites. Recuerda, la respuesta está en ti. Debes fluir. Te veré luego Ralphi. Lo que de todas maneras debes tener en cuenta es que el tiempo se agota. No lo hagas por la competencia, hazlo por ti. Confío en ti. — Con esa nota misteriosa, el Maestro salió del cuarto.

Ralphi estaba entrando en pánico, pero decidió hacer lo que su Maestro le decía. Cerró sus ojos y comenzó a respirar lentamente. Inhalaba por la nariz y exhalaba por la boca. Buscando su propia paz interior. Estaba logrando relajarse. Meditar es complicado y Ralphi lo encontraba más díficil por la preocupación sobre el tiempo, pero su vida dependía de eso.

Su mente le mostraba imágenes no tan agradables para él, pero no podía evitar admitir que eran verdaderas. Eran sus recuerdos, su anciedad, sus miedos y las veces en las que había perdido la paciencia porque no se hacía algo como él lo había planificado. Pudo ver lo mal que se le veía, con la cara infectada con ira y ansiedad. En verdad se había comportado como un niño caprichoso. Había sido egoísta y había tratado injustamente a los demás, siempre culpándolos de, lo que según él, podían cambiar. Sentía que el resto de su rostro se endurecía. La conversión en madera se estaba completando. Sus ojos se inundaron con lágrimas. La gente a su alrededor lo apreciaba por su carisma, pero sí se mostraban preocupados por la actitud perfeccionista de Ralphi.

Las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Eran cálidas. Ya era demasiado tarde. No quedaba más que aceptar lo inevitable de su destino. Debía reconocer que todo esto fue por su culpa. Lloró tan amargamente arrepentido por ser tan ciego que se quedó dormido.

La estatuilla de simio en su mesa de noche comenzó a brillar. La luz crecía e invadía el cuarto. Era una iluminación dorada la que cubrió el cuerpo inmóvil del joven hombre recostado. El pequeño mono apareció en los sueños de Ralphi. Él lo reconoció e hizo el saludo respetuoso que se le da a un Maestro.

—Gracias Maestro. Ahora entiendo el error en mi proceder. Dame una oportunidad nueva y demostraré que puedo ser como el agua que se adapta al camino. Seré flexible como el bambú. Por favor Maestro Mono, enséñeme lo que me falta aprender.

El pequeño mono asintió. No habían secretos en el alma de Ralphi. Realmente había comprendido. El símbolo del eclipse en su frente se iluminó fuertemente. Ralphi quedó cegado.

***

Había pasado un mes desde esa noche en su casa. Ralphi no participó en la competencia. La madera que cubría su cuerpo demoró más de doce horas en desprenderse, pero él estaba completamente feliz con eso. Todos los días llevaba consigo la pequeña estatuilla de simio como recordatorio. No era una labor fácil, pero intentaba usar su experiencia para reconocer aquellas situaciones que no podía cambiar y aceptarlas sin frustrarse, sin dejar de ser responsable por sus actos y decisiones. El “aspa de marionetas” había desaparecido de sus manos y no la encontró en su cuarto, pero la estatuilla del mono tenía algo sujetado entre sus manos. Era demasiado pequeño para reconocer qué era, pero Ralphi sospechaba que el verdadero dueño de las maderas unidas era el espíritu del mono. Definitivamente existen cosas en este mundo que no pueden ser explicadas. Pero, eso también estaba bien para él.


Su Maestro sonreía para sí mismo luego de una clase en la que Ralphi mostró una excelente actuación. Su pupilo ya se había retirado, pero no estaba solo. Era la primera clase de un joven que no mostraba el ímpetu físico exigido por el Kung Fu. El anciano estaba limpiando una estatuilla de un tigre mientras le decía a su nuevo discípulo que tenían que conversar.



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