Yazmín Sabla Pérez, me retaste con una palabra ponzoñosa... CHISME. Espero te agrade lo que salió.
CHISME
¡Traigan el antídoto!
Rápido antes que el veneno surta efecto.
Este chisme es fuerte, pero ella parece serlo más.
Fue afortunada, no le hizo tanto caso al chisme.
El veneno no invadió completamente su corazón
¡Aún hay esperanzas!
¡Rápido!
Conecten la intravenosa directamente a su alma.
Debemos evitar que lo que se dijo se reproduzca en su sistema.
Enfermera, necesitaré 100 miligramos de verdad
y también 500 miligramos de confianza.
Yo succionaré la substancia negra que corre por sus arterias.
Enfermera, cúbrale los oídos con un poco de razón.
No permita que los ojos vean mentiras.
Parece que hace efecto.
Necesitaré otro recipiente.
La infección del chisme creció mucho en su interior.
Ella es fuerte. Está luchando.
No quiere creer en el chisme.
Su sistema está expulsando toda la ponzoña.
Enfermera, creo que la salvamos.
Déjenla dormir.
El antídoto aún debe purgar toda presencia nociva.
Deshágase de estos dos recipientes. No vaya a ser que el chisme contagie a alguien más.
La sangre hierve para crear con tinta, con lengua veloz, con mano ágil. No cuesta ver el mundo con un poco de sano sarcasmo...
lunes, 30 de junio de 2014
ANULADO
Ileana Gold Pérez, salió algo bonito y personal con ANULADO. Escrito el 30 de mayo de 2014.
ANULADO
¡Lo conseguimos! ¡Eureka!
Hemos anulado los efectos de la tristeza que llegó sin ser invitada.
Juntos lo logramos.
Hemos anulado esas consecuencias de lágrimas y dolor.
Esa oración que encontramos en el marcador de libros nos sirvió.
Revertimos la devastación que causó la soledad.
Anulado está el contrato que se firmó con gotas de sangre.
Ese contrato que nadie podía romper.
Nuestros recuerdos nos permitieron ese vacío legal que encontramos en ese documento.
Nos costó mucho trabajo.
Tuvimos que negociar con los “cuchurrominos” que nos invadieron desde pequeños.
Tuviste que viajar por todas partes, para encontrar aliados.
La ley es clara.
No hay tristeza eterna.
Pero pudimos reducir nuestra condena.
Tú, hija de una princesa, te volviste bruja.
y con los poderes que tus dientes mostraban en una sonrisa
lograste anular esta pena.
Tuvimos que pedirle apoyo a los peluches.
Si no eran ellos, ¿quién iba a cuidarnos?
Tuviste que abandonar el castillo de la familia,
pero ahora celebramos con caballos de paso.
¡Hemos anulado los efectos de la tristeza!
Que florezca la flor, símbolo de nuestra libertad.
Enciende la antorcha para que podamos ver,
porque anulamos el contrato que todos firmamos a ciegas.
ANULADO
¡Lo conseguimos! ¡Eureka!
Hemos anulado los efectos de la tristeza que llegó sin ser invitada.
Juntos lo logramos.
Hemos anulado esas consecuencias de lágrimas y dolor.
Esa oración que encontramos en el marcador de libros nos sirvió.
Revertimos la devastación que causó la soledad.
Anulado está el contrato que se firmó con gotas de sangre.
Ese contrato que nadie podía romper.
Nuestros recuerdos nos permitieron ese vacío legal que encontramos en ese documento.
Nos costó mucho trabajo.
Tuvimos que negociar con los “cuchurrominos” que nos invadieron desde pequeños.
Tuviste que viajar por todas partes, para encontrar aliados.
La ley es clara.
No hay tristeza eterna.
Pero pudimos reducir nuestra condena.
Tú, hija de una princesa, te volviste bruja.
y con los poderes que tus dientes mostraban en una sonrisa
lograste anular esta pena.
Tuvimos que pedirle apoyo a los peluches.
Si no eran ellos, ¿quién iba a cuidarnos?
Tuviste que abandonar el castillo de la familia,
pero ahora celebramos con caballos de paso.
¡Hemos anulado los efectos de la tristeza!
Que florezca la flor, símbolo de nuestra libertad.
Enciende la antorcha para que podamos ver,
porque anulamos el contrato que todos firmamos a ciegas.
MENTIRAS
Franco Martinez, tu palabra me hizo escribir algo burlón. Espero te guste. Escrito el 30 de mayo de 2014.
MENTIRAS
El sol se ha congelado,
los cerdos volarán hacia el sur. No soportan el frío
He escuchado que los niños llegan en cigüeña desde París.
Mentiras que se vuelven verdad.
Vamos, cuéntame una de vaqueros.
La sal es dulce como la miel.
Pinnochio se hizo una cirugía plástica para achicar su nariz.
Sacó una cita para el 30 de febrero de este año.
Las truchas corren por las montañas;
las liebres decidieron nadar contra el río.
¡Vayamos a comer queso! La luna está hecha de eso.
El fuego no quema;
el agua está seca.
Es hora de creer en las mentiras.
Mirémonos al espejo…nada de lo que vemos es como es.
En el mundo del revés, nuestras mentiras se hacen realidad.
La verdad es relativa.
Corran mentiras. Sus patas cortas las llevarán lejos.
Corramos con ellas, mientras le sacas sangre a las piedras.
No tenemos que preocuparnos.
El dinero crece en los árboles
y los niños nunca crecen.
Tiremos nuestras perlas a los chanchos. Las necesitarán para su largo viaje.
Te invito una pera que obtuve de aquel Olmo.
Es hora de contar mentiras,
blancas y negras.
Después de todo lo visto, si creemos en nuestras mentiras, serán verdad.
¡Sigamos poniendo nuestra fe en lo primero que aparece!
En el mundo del revés, nada es lo que es.
BYE
La imagen la encontré en http://www.texasfred.net/archives/17769/flying-pigs
MENTIRAS
El sol se ha congelado,
los cerdos volarán hacia el sur. No soportan el frío
He escuchado que los niños llegan en cigüeña desde París.
Mentiras que se vuelven verdad.
Vamos, cuéntame una de vaqueros.
La sal es dulce como la miel.
Pinnochio se hizo una cirugía plástica para achicar su nariz.
Sacó una cita para el 30 de febrero de este año.
Las truchas corren por las montañas;
las liebres decidieron nadar contra el río.
¡Vayamos a comer queso! La luna está hecha de eso.
El fuego no quema;
el agua está seca.
Es hora de creer en las mentiras.
Mirémonos al espejo…nada de lo que vemos es como es.
En el mundo del revés, nuestras mentiras se hacen realidad.
La verdad es relativa.
Corran mentiras. Sus patas cortas las llevarán lejos.
Corramos con ellas, mientras le sacas sangre a las piedras.
No tenemos que preocuparnos.
El dinero crece en los árboles
y los niños nunca crecen.
Tiremos nuestras perlas a los chanchos. Las necesitarán para su largo viaje.
Te invito una pera que obtuve de aquel Olmo.
Es hora de contar mentiras,
blancas y negras.
Después de todo lo visto, si creemos en nuestras mentiras, serán verdad.
¡Sigamos poniendo nuestra fe en lo primero que aparece!
En el mundo del revés, nada es lo que es.
BYE
La imagen la encontré en http://www.texasfred.net/archives/17769/flying-pigs
ÉTICA
Diana Alcántara Loli, tu palabra ética fue retadora...Escrito el 30 de mayo de 2014
ÉTICA
Sherlock Holmes y Watson están en el caso.
Buscan sin cesar la ética desaparecida.
Por las joyas de la corona,
el caso es complicado.
Muchos sospechosos y poco tiempo para investigar.
“Watson, no podemos descartar nada. Me niego a creer que la asesinaron.
No hemos encontrado el cuerpo”.
Pero por el tiempo invertido,
no se puede descartar el asesinato.
¿Quién asesinó la ética?
¿Será el jefe que se aprovecha de su puesto para conseguir algo con su asistente?
¿Será aquel que contrató a su hermano sin evaluar a otros candidatos?
¿Será aquella vendedora que tiene conflictos de interés?
En algún lugar se encuentra el asesino o el secuestrador.
Nadie ha pedido rescate…
¿Será que la ética se desapareció a sí misma?
Sherlock está confundido.
Watson no sabe qué pensar.
La ética ha desaparecido y no hay muchas pistas que seguir.
La última vez que la vieron,
fue aquella vez que una mujer se negó a aceptar un trabajo
porque no estaba de acuerdo con los medios de sus empleadores.
La Reina ha autorizado una recompensa.
¿Quién ha visto la ética?
Watson, no se desanime.
La búsqueda debería ser elemental.
Los sabuesos no encuentran el aroma.
La lista de sospechosos aumenta con cada minuto,
cada uno de ellos y ellas tienen una coartada creíble.
¡Busquen en los cementerios!
¡Busquen en los bancos y teatros!
¡En algún lugar deberá estar!
ÉTICA
Sherlock Holmes y Watson están en el caso.
Buscan sin cesar la ética desaparecida.
Por las joyas de la corona,
el caso es complicado.
Muchos sospechosos y poco tiempo para investigar.
“Watson, no podemos descartar nada. Me niego a creer que la asesinaron.
No hemos encontrado el cuerpo”.
Pero por el tiempo invertido,
no se puede descartar el asesinato.
¿Quién asesinó la ética?
¿Será el jefe que se aprovecha de su puesto para conseguir algo con su asistente?
¿Será aquel que contrató a su hermano sin evaluar a otros candidatos?
¿Será aquella vendedora que tiene conflictos de interés?
En algún lugar se encuentra el asesino o el secuestrador.
Nadie ha pedido rescate…
¿Será que la ética se desapareció a sí misma?
Sherlock está confundido.
Watson no sabe qué pensar.
La ética ha desaparecido y no hay muchas pistas que seguir.
La última vez que la vieron,
fue aquella vez que una mujer se negó a aceptar un trabajo
porque no estaba de acuerdo con los medios de sus empleadores.
La Reina ha autorizado una recompensa.
¿Quién ha visto la ética?
Watson, no se desanime.
La búsqueda debería ser elemental.
Los sabuesos no encuentran el aroma.
La lista de sospechosos aumenta con cada minuto,
cada uno de ellos y ellas tienen una coartada creíble.
¡Busquen en los cementerios!
¡Busquen en los bancos y teatros!
¡En algún lugar deberá estar!
LOCURA
Patricia Malone Raygada, tu palabra me sirvió para crear un backstory a un personaje que cree. Gracias!! Se escribió el 30 de mayo de 2014.
LOCURA
Los especialistas no pudieron explicar las causas de su locura. No se encontraba coherencia con lo que decía. Las frases que repetía parecían no tener relación alguna entre sí. Según las grabaciones encontradas en la oficina del director de la institución mental, todas las declaraciones parecían contener la frase: “y no podía dejar de ver esos ojos verdes”.
El nuevo interno había llegado la noche anterior. Se hizo una investigación sobre los antecedentes, teniendo en cuenta la información en los documentos que traía consigo y no se demostró causa plausible a tremenda locura. Las enfermeras no habían visto un caso así en todas sus carreras: espuma salía por su boca; la mirada era vacía y los ojos se movían de un lado a otro; el interno llegó traído a la fuerza por la policía, lanzando carcajadas mientras se resistía al ingreso. Parecía que su mente se hubiese desconectado.
***
Seraph Angelove no había querido hacer eso. Otra vez ocurrió lo que él tanto temía. Tenía 17 años y aún recordaba cómo ocurrió la primera vez. No pudo evitarlo, aquel hombre lo había irritado demasiado y Seraph hizo lo que se esperaba en esa situación: perder el control en una ira ciega.
El hombre había pasado gran parte del tiempo (escasos quince minutos) hostigando a Seraph por cualquier motivo: sus cabellos rojos en un estilo afro, sus ojos verdes (que parecían lanzar destellos de electricidad), su delgadez, su voz de niña e incluso su ropa multicolor (podría tratarse de un caleidoscopio para ser justos).
Seraph estaba en un Starbucks, comprando un café cuando aquel hombre se dispuso a estar en el peor lugar durante la peor circunstancia. Seraph nunca había sido muy paciente. Se podría decir que su ropa extravagante, su peinado o sus ojos saltones eran muestra de que miles de cosas pasaban a la vez por su mente.
Los insultos siguieron en susurros. Aquel hombre era astuto. No permitiría que los dependientes que cobraban y entregaban el café se dieran cuenta de su actitud. Después de todo, solo buscaba divertirse un rato y a pesar de la extraña apariencia, Seraph parecía un adolescente delicado e inofensivo.
Seraph dejó su café en el mostrador y volteó a mirar al hombre. La sonrisa que su rostro era tan abierta que parecía demencial. El hombre dudó por unos cuantos latidos de corazón, pero lanzó su estocada mayor al decirle a Seraph que era una mariquita. Los ojos de Seraph se abrieron, amplificando la sensación de que en cualquier momento saltarían fuera de su cráneo. Su sonrisa se volvió más perturbadora, bordeando en un placer psicótico. Todo fue tan rápido. El hombre no podía dejar de mirar esos ojos verdes. En su cabeza veía como sus pensamientos se derretían y se mezclaban con sus miedos y con todas las pesadillas que alguna vez haya tenido. Lo único coherente que quedó en su cerebro fue la imagen de esos ojos verdes, hipnóticos y enloquecedores.
Seraph, volteó y recogió su café. Agradeciendo al cajero sus atenciones, salió del local. A unos cuantos pasos, pudo oír cómo aquel hombre comenzó a reír sin control. Por la ventana vio con una expresión curiosa, como se trepaba en las mesas y cómo los empleados intentaban de todo para que no lastimara a los otros clientes, quienes mostraban un terror indescriptible en sus rostros.
-“Buenas noches, idiota. Disfruta tu café.”-Seraph le dio un sorbo a su cappuccino y se alejó del lugar como si nada hubiese pasado, mientras se ponía los audífonos y encendía su reproductor de música.
***
Los testimonios de los trabajadores de la popular cafetería no ayudaban a aclarar los hechos. Aparentemente el hombre estuvo conversando con un joven, pero hablaba tan bajo que nadie pudo escuchar lo que decía. Según el cajero de turno, el chico solo volteó a sonreírle al hombre, como si una broma se hubiese dicho. Unos segundos después se despidió y abandonó el local. No habría motivo para saber qué hubiese pasado para que este hombre tuviera tal crisis psicótica.
La doctora a cargo no tuvo otra opción que sedar al hombre. Lo único raro era que las descripciones de los testigos coincidían en algo: el joven tenía unos ojos de color verde intenso, como si estuvieran recargados de alguna energía ilimitada, pero se asume que esa energía es normal en cualquier adolescente.
***
-“Otra vez pasó. La primera vez fue con mis padres, hace ya tantos años. De esa noche no recuerdo nada excepto que mi mamá perdió la razón y mi papá comenzó a comportarse como un chimpancé. Igual que esa vez, pude ver la mente de ese idiota y llegar a su centro. No sé cómo, pero pude desactivar su cerebro. No es que pensara mucho que digamos, pero pude verme en su mente bajando una palanca.”- Seraph se encontraba sentado en una banca de un parque de Santiago de Surco hablando para sí. Su cappuccino estaba a la mitad.
Para él no era secreto lo que había pasado. El tenía la habilidad de enloquecer a los demás con tan solo mirar a los ojos. Así fue como pudo evitar que lo mandaran a un orfanato cuando sus padres fueron internados en el Larco Herrera por los responsables del Bienestar Social del Menor. Era esa habilidad que le permitía obtener lo que quisiera: comida, ropa, hospedaje y otras cosas. Desde muy pequeño lo había entendido y siempre había utilizado su habilidad en dosis pequeñas, creando pequeñas ilusiones en las mentes más débiles. Pero esta noche había perdido todo control. Él sabía que cuando “esa palanca” se bajaba ni él podía subirla de nuevo, por lo menos no en su actual edad.
Algo en él le decía que tenía que ubicar a tres personas más, personas como él y a la vez distintas, pero mientras tanto, para no perder el control otra vez sobre su poder de locura, debería encerrarse a sí mismo. Claro que sería una precaución mínima, pues con sus habilidades podría salir en cualquier momento.
Mientras esperaba a esas 3 personas, sería interesante ver qué pasaba si él se ingresaba en alguna casa de locos. Poniéndose de pie, comenzó su caminata hacia la clínica mental en la que estaban sus padres.
Fingiría una locura tan creíble que deberían internarlo. Pasó por un poste que tenía un afiche con la imagen de una gitana. Intrigado, arrancó el afiche y lo guardó. La persona en ese afiche le parecía conocida. –“MMMM, Celeste…algo me dice que nos conoceremos pronto.” Mientras una nube cubría la luna y la música continuaba sonando en los audífonos de Seraph, él se alejó del parque, rumbo Magdalena del Mar.
LOCURA
Los especialistas no pudieron explicar las causas de su locura. No se encontraba coherencia con lo que decía. Las frases que repetía parecían no tener relación alguna entre sí. Según las grabaciones encontradas en la oficina del director de la institución mental, todas las declaraciones parecían contener la frase: “y no podía dejar de ver esos ojos verdes”.
El nuevo interno había llegado la noche anterior. Se hizo una investigación sobre los antecedentes, teniendo en cuenta la información en los documentos que traía consigo y no se demostró causa plausible a tremenda locura. Las enfermeras no habían visto un caso así en todas sus carreras: espuma salía por su boca; la mirada era vacía y los ojos se movían de un lado a otro; el interno llegó traído a la fuerza por la policía, lanzando carcajadas mientras se resistía al ingreso. Parecía que su mente se hubiese desconectado.
***
Seraph Angelove no había querido hacer eso. Otra vez ocurrió lo que él tanto temía. Tenía 17 años y aún recordaba cómo ocurrió la primera vez. No pudo evitarlo, aquel hombre lo había irritado demasiado y Seraph hizo lo que se esperaba en esa situación: perder el control en una ira ciega.
El hombre había pasado gran parte del tiempo (escasos quince minutos) hostigando a Seraph por cualquier motivo: sus cabellos rojos en un estilo afro, sus ojos verdes (que parecían lanzar destellos de electricidad), su delgadez, su voz de niña e incluso su ropa multicolor (podría tratarse de un caleidoscopio para ser justos).
Seraph estaba en un Starbucks, comprando un café cuando aquel hombre se dispuso a estar en el peor lugar durante la peor circunstancia. Seraph nunca había sido muy paciente. Se podría decir que su ropa extravagante, su peinado o sus ojos saltones eran muestra de que miles de cosas pasaban a la vez por su mente.
Los insultos siguieron en susurros. Aquel hombre era astuto. No permitiría que los dependientes que cobraban y entregaban el café se dieran cuenta de su actitud. Después de todo, solo buscaba divertirse un rato y a pesar de la extraña apariencia, Seraph parecía un adolescente delicado e inofensivo.
Seraph dejó su café en el mostrador y volteó a mirar al hombre. La sonrisa que su rostro era tan abierta que parecía demencial. El hombre dudó por unos cuantos latidos de corazón, pero lanzó su estocada mayor al decirle a Seraph que era una mariquita. Los ojos de Seraph se abrieron, amplificando la sensación de que en cualquier momento saltarían fuera de su cráneo. Su sonrisa se volvió más perturbadora, bordeando en un placer psicótico. Todo fue tan rápido. El hombre no podía dejar de mirar esos ojos verdes. En su cabeza veía como sus pensamientos se derretían y se mezclaban con sus miedos y con todas las pesadillas que alguna vez haya tenido. Lo único coherente que quedó en su cerebro fue la imagen de esos ojos verdes, hipnóticos y enloquecedores.
Seraph, volteó y recogió su café. Agradeciendo al cajero sus atenciones, salió del local. A unos cuantos pasos, pudo oír cómo aquel hombre comenzó a reír sin control. Por la ventana vio con una expresión curiosa, como se trepaba en las mesas y cómo los empleados intentaban de todo para que no lastimara a los otros clientes, quienes mostraban un terror indescriptible en sus rostros.
-“Buenas noches, idiota. Disfruta tu café.”-Seraph le dio un sorbo a su cappuccino y se alejó del lugar como si nada hubiese pasado, mientras se ponía los audífonos y encendía su reproductor de música.
***
Los testimonios de los trabajadores de la popular cafetería no ayudaban a aclarar los hechos. Aparentemente el hombre estuvo conversando con un joven, pero hablaba tan bajo que nadie pudo escuchar lo que decía. Según el cajero de turno, el chico solo volteó a sonreírle al hombre, como si una broma se hubiese dicho. Unos segundos después se despidió y abandonó el local. No habría motivo para saber qué hubiese pasado para que este hombre tuviera tal crisis psicótica.
La doctora a cargo no tuvo otra opción que sedar al hombre. Lo único raro era que las descripciones de los testigos coincidían en algo: el joven tenía unos ojos de color verde intenso, como si estuvieran recargados de alguna energía ilimitada, pero se asume que esa energía es normal en cualquier adolescente.
***
-“Otra vez pasó. La primera vez fue con mis padres, hace ya tantos años. De esa noche no recuerdo nada excepto que mi mamá perdió la razón y mi papá comenzó a comportarse como un chimpancé. Igual que esa vez, pude ver la mente de ese idiota y llegar a su centro. No sé cómo, pero pude desactivar su cerebro. No es que pensara mucho que digamos, pero pude verme en su mente bajando una palanca.”- Seraph se encontraba sentado en una banca de un parque de Santiago de Surco hablando para sí. Su cappuccino estaba a la mitad.
Para él no era secreto lo que había pasado. El tenía la habilidad de enloquecer a los demás con tan solo mirar a los ojos. Así fue como pudo evitar que lo mandaran a un orfanato cuando sus padres fueron internados en el Larco Herrera por los responsables del Bienestar Social del Menor. Era esa habilidad que le permitía obtener lo que quisiera: comida, ropa, hospedaje y otras cosas. Desde muy pequeño lo había entendido y siempre había utilizado su habilidad en dosis pequeñas, creando pequeñas ilusiones en las mentes más débiles. Pero esta noche había perdido todo control. Él sabía que cuando “esa palanca” se bajaba ni él podía subirla de nuevo, por lo menos no en su actual edad.
Algo en él le decía que tenía que ubicar a tres personas más, personas como él y a la vez distintas, pero mientras tanto, para no perder el control otra vez sobre su poder de locura, debería encerrarse a sí mismo. Claro que sería una precaución mínima, pues con sus habilidades podría salir en cualquier momento.
Mientras esperaba a esas 3 personas, sería interesante ver qué pasaba si él se ingresaba en alguna casa de locos. Poniéndose de pie, comenzó su caminata hacia la clínica mental en la que estaban sus padres.
Fingiría una locura tan creíble que deberían internarlo. Pasó por un poste que tenía un afiche con la imagen de una gitana. Intrigado, arrancó el afiche y lo guardó. La persona en ese afiche le parecía conocida. –“MMMM, Celeste…algo me dice que nos conoceremos pronto.” Mientras una nube cubría la luna y la música continuaba sonando en los audífonos de Seraph, él se alejó del parque, rumbo Magdalena del Mar.
TE EXTRAÑARÉ
Claudita Tasayco,
aprovecharé la frase que me diste TE EXTRAÑARÉ para dedicar una carta
genérica a todos los amigos con los que nos hemos tenido que separar
porque nuestros caminos se alejaron un poco. Con la esperanza que se
vuelvan a cruzar...
TE EXTRAÑARÉ
Querido amigo, duelen las despedidas. No intentes detenerme. Debo seguir mi camino, no el tuyo. Debo alejarme de esta tierra que me vio nacer y crecer. Sé que conversamos varias veces al respecto y que no estás de acuerdo con mi decisión, pero agradezco que la respetes. Te extrañaré mucho.
¿Cuántas veces hemos sido cómplices de travesuras de héroes y villanos en nuestra infancia? Siempre serás el confidente más grande. ¡Los secretos que compartimos! Las confesiones del primer amor. Te extrañaré, mi buen amigo. Extrañaré tus palabras antes del amanecer y tus consejos (acertados y los no tanto). Esta tierra me dio todo lo que me podría ofrecer.
Te extrañaré, querido compinche. No creo poder verte otra vez, pues tu camino y el mío ya se alejan de su centro, aunque no sé cuándo, nuestros caminos se podrán cruzar nuevamnete. Siempre seremos niños grandes. Siempre estarás en mi memoria. Aún recuerdo como nos conocimos, por “mera casualidad”, pero empezamos la amistad por elección propia.
Te extrañaré amigo mío, pero debes entender que alargar más esta despedida no nos hará crecer ni nos beneficiará nunca.
Querido amigo, sé que al principio me extrañarás pero recuerda que es tiempo de seguir adelante. Ya lo hemos conversado hasta altas horas de la noche.
Extrañaré nuestras cacerías por las noches. Esas cacerías de anécdotas y los planes que nacen en la imaginación de un niño al jugar. Todas esas promesas que cada uno se hizo así mismo y que ahora parecen tan difíciles de cumplir. Olvidemos los errores cometidos.
Te extrañaré amigo, pero por ahora digamos un hasta luego, hasta que los recuerdos se hagan menos difusos y caminemos en zigzag por los caminos que nos tocaron recorrer. Se cruzarán ahora estoy seguro de ello.
No digamos adiós. Digamos te veo luego.
Te extrañaré ahora y hasta que nuestros caminos encuentren nuevamente la intersección.
BYE
La imagen fue dibujada por mi amiga PsiqueChan para mi primer poemario.
TE EXTRAÑARÉ
Querido amigo, duelen las despedidas. No intentes detenerme. Debo seguir mi camino, no el tuyo. Debo alejarme de esta tierra que me vio nacer y crecer. Sé que conversamos varias veces al respecto y que no estás de acuerdo con mi decisión, pero agradezco que la respetes. Te extrañaré mucho.
¿Cuántas veces hemos sido cómplices de travesuras de héroes y villanos en nuestra infancia? Siempre serás el confidente más grande. ¡Los secretos que compartimos! Las confesiones del primer amor. Te extrañaré, mi buen amigo. Extrañaré tus palabras antes del amanecer y tus consejos (acertados y los no tanto). Esta tierra me dio todo lo que me podría ofrecer.
Te extrañaré, querido compinche. No creo poder verte otra vez, pues tu camino y el mío ya se alejan de su centro, aunque no sé cuándo, nuestros caminos se podrán cruzar nuevamnete. Siempre seremos niños grandes. Siempre estarás en mi memoria. Aún recuerdo como nos conocimos, por “mera casualidad”, pero empezamos la amistad por elección propia.
Te extrañaré amigo mío, pero debes entender que alargar más esta despedida no nos hará crecer ni nos beneficiará nunca.
Querido amigo, sé que al principio me extrañarás pero recuerda que es tiempo de seguir adelante. Ya lo hemos conversado hasta altas horas de la noche.
Extrañaré nuestras cacerías por las noches. Esas cacerías de anécdotas y los planes que nacen en la imaginación de un niño al jugar. Todas esas promesas que cada uno se hizo así mismo y que ahora parecen tan difíciles de cumplir. Olvidemos los errores cometidos.
Te extrañaré amigo, pero por ahora digamos un hasta luego, hasta que los recuerdos se hagan menos difusos y caminemos en zigzag por los caminos que nos tocaron recorrer. Se cruzarán ahora estoy seguro de ello.
No digamos adiós. Digamos te veo luego.
Te extrañaré ahora y hasta que nuestros caminos encuentren nuevamente la intersección.
BYE
La imagen fue dibujada por mi amiga PsiqueChan para mi primer poemario.
TENACIDAD
Alexandra Meneses, aquí está la palabra que me pediste: Tenacidad. Escritorio el 29.05.14
TENACIDAD
¡Disparad las flechas!
Que nada os detenga.
Recordaos que vuestra tenacidad tendrá recompensa.
Seguid con lo planeado, mis queridos súbditos.
¡No importan los obstáculos!
Todo será por un “bien mayor”.
¡No desesperéis!
Disparad las flechas hacia el norte.
Que vuestra esperanza no se vea nublada.
Seguid adelante, os ordeno.
Vuestra fidelidad es digna de mi admiración.
No os desaniméis. La muerte es solo un nuevo viaje.
¡Sacrificad vuestros miedos!
Nuestra meta está cerca.
¡Vosotros obtendréis la tierra para sus descendientes!
Pelead por nuestros sueños comunes.
Os suplico por todo lo sagrado
que me prestéis vuestra fuerza una vez más.
¡Derribad ese muro llamado Inhibición!
Levantaos y continuad.
Ya os dije: admiro vuestra tenacidad en la lucha.
Nuestro reino nos necesita.
Continuad sin dudar,
que el fruto a nuestro esfuerzo está cerca.
¡VICTORIA!
El reino vecino es nuestro. Sus tesoros están listos para ser compartidos.
La lucha llegó a su fin. Descansad. Os merecéis un digno descanso.
TENACIDAD
¡Disparad las flechas!
Que nada os detenga.
Recordaos que vuestra tenacidad tendrá recompensa.
Seguid con lo planeado, mis queridos súbditos.
¡No importan los obstáculos!
Todo será por un “bien mayor”.
¡No desesperéis!
Disparad las flechas hacia el norte.
Que vuestra esperanza no se vea nublada.
Seguid adelante, os ordeno.
Vuestra fidelidad es digna de mi admiración.
No os desaniméis. La muerte es solo un nuevo viaje.
¡Sacrificad vuestros miedos!
Nuestra meta está cerca.
¡Vosotros obtendréis la tierra para sus descendientes!
Pelead por nuestros sueños comunes.
Os suplico por todo lo sagrado
que me prestéis vuestra fuerza una vez más.
¡Derribad ese muro llamado Inhibición!
Levantaos y continuad.
Ya os dije: admiro vuestra tenacidad en la lucha.
Nuestro reino nos necesita.
Continuad sin dudar,
que el fruto a nuestro esfuerzo está cerca.
¡VICTORIA!
El reino vecino es nuestro. Sus tesoros están listos para ser compartidos.
La lucha llegó a su fin. Descansad. Os merecéis un digno descanso.
Pasión
Victor Gonzales
una de las personas que me han demostrado más pasión en su vida laboral
y en sus objetivos, te dejó un artículo escrito por mí, basado en la
palabra que me diste-Escrito el 29 de mayo de 2014.
PASIÓN
¿Quién no necesita la pasión en su vida? La necesitamos como una bebida energética al despertarnos. Sin la pasión necesaria, no lograríamos trabajar y lograr los objetivos ni tampoco conservar un amor o cuidar a la familia.
La mayoría de personas solo considera que existe la pasión que se le dedica a la pareja, pero existen otros tipos, igual de profundos para sentirse apasionado.
La pasión, por común acuerdo, nos mantiene activos en algunos ámbitos: Amor, deseo, gozo, odio, aversión y tristeza. Estos ámbitos incluyen todo en nuestra vida: las metas, el arte, la creatividad, el trabajo e incluso la muerte.
Es obvio que todos tenemos distintos receptores de nuestra pasión, pero la duda surge cuando nosotros decimos que ya no tenemos la pasión para continuar. ¿Cómo recuperar la pasión perdida? Buena pregunta.
La pasión perdida es la enfermedad que supera en infectados al estrés. Si perdemos la pasión en lo que hacemos, sea cual fuera la acción que realizamos, perdemos el sentido y el gusto por dicha actividad. Muchos expertos indican que una vez perdida la pasión, se debe ubicar otra fuente más poderosa.
Si se quiere comparar la pasión con alguna reacción biológica, sería conveniente asemejarla con la adrenalina. La adrenalina nos permite movernos para luchar o huir al temer. Pero a diferencia de la pasión, una de las reacciones incontrolables de la adrenalina es la parálisis completa.
Entonces, si la pasión es una emoción, ¿cómo volver a sentirla? No se puede duplicar las condiciones que crearon una emoción. La pasión, al igual que la mayoría de los sentimientos que duran, es fruto de una decisión constante de no perderla. No hay manuales al respecto (ni siquiera en los poemas más románticos o eróticos).
En los casos en los que se pierde la pasión, debemos ubicar esa “electricidad”, a falta de una mejor palabra, para recargar nuestra motivación. De eso depende nuestro éxito y confort.
Sabiendo eso, queda preguntarnos ¿por qué perdemos la pasión, si se trata, de una decisión? La respuesta más rápida sería echarle la culpa a la rutina. Pero considero que eso es una excusa, pues la vida está llena de rutinas que se repiten más de una vez. El punto es saber cómo hacer interesante la rutina. Lograr ese cometido es de lo que realmente trata la pasión.
BYE
PASIÓN
¿Quién no necesita la pasión en su vida? La necesitamos como una bebida energética al despertarnos. Sin la pasión necesaria, no lograríamos trabajar y lograr los objetivos ni tampoco conservar un amor o cuidar a la familia.
La mayoría de personas solo considera que existe la pasión que se le dedica a la pareja, pero existen otros tipos, igual de profundos para sentirse apasionado.
La pasión, por común acuerdo, nos mantiene activos en algunos ámbitos: Amor, deseo, gozo, odio, aversión y tristeza. Estos ámbitos incluyen todo en nuestra vida: las metas, el arte, la creatividad, el trabajo e incluso la muerte.
Es obvio que todos tenemos distintos receptores de nuestra pasión, pero la duda surge cuando nosotros decimos que ya no tenemos la pasión para continuar. ¿Cómo recuperar la pasión perdida? Buena pregunta.
La pasión perdida es la enfermedad que supera en infectados al estrés. Si perdemos la pasión en lo que hacemos, sea cual fuera la acción que realizamos, perdemos el sentido y el gusto por dicha actividad. Muchos expertos indican que una vez perdida la pasión, se debe ubicar otra fuente más poderosa.
Si se quiere comparar la pasión con alguna reacción biológica, sería conveniente asemejarla con la adrenalina. La adrenalina nos permite movernos para luchar o huir al temer. Pero a diferencia de la pasión, una de las reacciones incontrolables de la adrenalina es la parálisis completa.
Entonces, si la pasión es una emoción, ¿cómo volver a sentirla? No se puede duplicar las condiciones que crearon una emoción. La pasión, al igual que la mayoría de los sentimientos que duran, es fruto de una decisión constante de no perderla. No hay manuales al respecto (ni siquiera en los poemas más románticos o eróticos).
En los casos en los que se pierde la pasión, debemos ubicar esa “electricidad”, a falta de una mejor palabra, para recargar nuestra motivación. De eso depende nuestro éxito y confort.
Sabiendo eso, queda preguntarnos ¿por qué perdemos la pasión, si se trata, de una decisión? La respuesta más rápida sería echarle la culpa a la rutina. Pero considero que eso es una excusa, pues la vida está llena de rutinas que se repiten más de una vez. El punto es saber cómo hacer interesante la rutina. Lograr ese cometido es de lo que realmente trata la pasión.
BYE
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