Hace unos años, en un diplomado de
Recursos Humanos, la profesora nos hizo una pregunta curiosa:
¿Qué pieza de ajedrez tiene más
potencial?
Muchos respondieron que la Reina, por
ser la más poderosa y tener mayor libertad de movimiento en el tablero.
Sin embargo, un compañero y yo dimos una
respuesta distinta:
el peón.
En ajedrez, si un peón logra cruzar todo
el tablero y llegar a la octava fila, puede ascender a cualquier pieza (excepto
el Rey). Puede convertirse en Reina, Torre, Alfil o Caballo.
Pero llegar hasta allí no es fácil.
El peón avanza lentamente, casi siempre
una casilla a la vez. Solo se mueve hacia adelante y muchas veces es
subestimado por sus rivales. Sin embargo, con estrategia, paciencia y apoyo del
resto del tablero, puede transformarse en una de las piezas más poderosas del
juego.
En Recursos Humanos, esta analogía es
imposible de ignorar.
Invertir en el desarrollo del potencial
de las personas puede ser la diferencia entre una organización que simplemente
funciona y una que realmente gana.
Porque muchas veces, quienes parecen
tener menos ventajas iniciales son quienes poseen el mayor potencial de
crecimiento.
La pregunta entonces es:
Si fueras un peón, ¿en qué pieza
elegirías convertirte?
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