Las ninfas y los sátiros cubrieron sus cuerpos con vino
tinto durante la bacanal, confusa y desbordada. Pronto todo se borraría de la
memoria de los participantes, ya fuera por el efecto del jugo de uva fermentado
o por una moralidad incierta que prefería olvidar.
Hombres y mujeres, guiados por Baco, no terminaban de
aceptar aquello que habían hecho, incapaces de asumir la amplitud del impulso
que los había movido. Baco trabaja con Eros, con Venus y, en ocasiones, con
Némesis.
La gula y la lujuria florecieron en la celebración, pero
fueron reemplazadas por la somnolencia que nace después de ceder a los deseos.
El sonido de las flautas hipnotizaba, y el licor se volvía un elixir que
parecía otorgado por los dioses.
Nadie quería admitir lo ocurrido, aunque todos sabían que
nadie había sido obligado a participar.
Baco bebía Pisco del Perú, probando distintos frutos de la
vid. Le encantaba embriagarse en estas bacanales: lo recargaban y permitían que
la locura ritual creciera sin límites.
¿Cuándo llegará la siguiente invitación?
Tal vez esté a una botella de distancia.