miércoles, 17 de junio de 2026

El viaje de Dal


Dal bebía su café mientras meditaba sus siguientes pasos. Sentada frente a 

su pantalla, debía pensar un diseño nuevo para un cliente indeciso. Le había 

enviado cinco propuestas de arte, todas ellas habían regresado con una 

observación distinta, al punto de que cada nuevo diseño se tuvo que empezar 

desde cero: que ha pensado mejor los colores de la marca, que debemos cambiar 

el logotipo, que la letra no termina de convencer, entre otras respuestas por el 

estilo.  


Dal había aceptado trabajar con el cliente únicamente porque no ponía 

peros al momento de pagar por adelantado y, según le prometieron, le pagaría un 

bono de horas extras por todos los cambios que debían hacerse. Al menos el cliente 

era consciente que le costaba mucho decidir.  


El problema era invertir tanto tiempo y esfuerzo. Hacer todos esos cambios 

era agotador y, sobre todo, se le estaban acabando las ideas. La inspiración se 

estaba acabando y tenía que atender a otros clientes. Desde el inicio, cuando 

investigó la empresa y a qué se dedicaba, le quedó muy claro que no tenían una 

imagen institucional clara. Debía encontrar alguna manera de cerrar algo con el 

cliente. La fecha que ella misma se había puesto como límite se acercaba. Tenía un 

viaje programado.  


Estuvo frente a su computadora por tantas horas, que no resistió el sueño y 

se quedó dormida en su silla. 


***

 

II 

Dal se encontraba en un lugar extraño y desconocido. La naturaleza 

dominaba todo el ambiente. Las cascadas caían desde islas flotantes, los árboles 

emanaban un olor a menta y los animales podrían ser considerados mitológicos. 

Cuando se vio a sí misma, vestía un enterizo color esmeralda con aplicaciones 

doradas y llevaba en su cinturón una tableta y bolígrafo que no había visto nunca.

 

Sabía que estaba soñando, porque ella misma estaba en un trozo de roca flotante, 

así que decidió ver a dónde la llevaba su psique ya que podría obtener alguna 

inspiración fuera de la caja para su cliente. 


Mientras miraba su entorno, una fuerte luz la cegó por unos segundos. 

Cuando el destello se detuvo, apareció un hombre de cabello largo, vestido con una 

túnica negra delante de ella. La estética del hombre asemejaba a la de un bardo. Le 

llamó la atención que no llevara una lira o flauta, pero sí un bajo porque, en su 

percepción, era un instrumento más fuertemente asociado al rock. El bardo tenía 

cierto encanto oscuro que hizo sonrojar a Dal.  


—¿Dónde estamos? ¿Quién eres? Me llamo Luke— la voz del hombre sonaba 

grave, pero melodiosa. Dal tuvo la impresión de que era alguien a quien no le 

gustaba perder tiempo.  


—Mi nombre es Dal y llegué a este lugar un minuto antes que tú. Sonará raro, 

pero creo que es un sueño. Lo último que recuerdo es estar frente a mi 

computadora. Soy diseñadora gráfica y tenía un poco de bloqueo creativo. 

Luke vio alrededor. Pudo ver en el horizonte un dragón volando en círculos 

sobre una montaña con humo, de seguro un volcán.  


—Este lugar… se parece a un video juego que jugué la semana pasada. Yo 

estaba en mi casa, tratando de componer una canción sin éxito. Debo haberme 

quedado dormido. Sí, esto parece un sueño, pero por lo que me dices, no entiendo 

por qué tenemos el mismo sueño si ni siquiera te conozco. —Luke le respondió. —

Creo que debemos investigar cómo salir de aquí. ¿Notaste algo extraño en ti cuando 

llegaste, aparte de tu ropa? No es que yo use túnicas en mi día a día y este 

instrumento no es uno de los que yo tenga en casa. —Luke observaba el bajo en sus 

manos. 


—Bueno, me gusta la ropa, pero no es algo que usaría para trabajar. Creo que 

lo más extraño es esta tableta y este bolígrafo. — Dal le mostraba la tableta mientras 

la abría y miraba la pantalla. La pantalla parecía emanar el mismo brillo que los ojos 

humanos al reflejar la luz. El bolígrafo en su mano derecha y una sonrisa en su 

rostro. 


—Deberíamos ir hacia ese volcán, pero no se me ocurre cómo podremos 

llegar si estamos en esta roca flotante. En el video juego, los personajes tenían 

habilidades o herramientas especiales. Me pregunto qué pasará si…—Luke 

mencionó pensativo y tocó unos acordes en el bajo. 


Una especie de luz dorada salió del instrumento. La mezcla de las notas 

musicales generó un calor agradable en el interior del pecho de Dal. 


—Parece ser que la música de este instrumento es mágica. Interesante, pero 

no creo que nos permita volar. Prueba con la tableta. A lo mejor ocurre algo. —Luke 

concluyó sonriendo sorprendido por el efecto de tocar. 


Dal miró la tableta y esta dio una ligera vibración, como si estuviera 

reconociendo a Dal como su dueña. La pantalla estaba hecha de una especie de 

cristal líquido. En la parte de arriba se veía un grupo de cinco barras. Era la cantidad 

de energía o batería. Luego de unos segundos pensando qué dibujar, utilizó el 

bolígrafo y trazó unas cuantas líneas y curvas. Cuando estuvo satisfecha con la 

ilustración presionó un botón en la pantalla con la palabra CREAR. 

Una luz verde salió de la tableta y comenzó a tomar forma. Delante de ella 

apareció una mochila de campamento llena de comida y bebidas. 

 

—¡Wow! Todo lo que dibujes en la tableta aparece. Eso será muy útil. —Luke 

había estado observando el dibujo de Dal sobre su hombro y sonaba complacido. 


—Intenta dibujar algo que nos permita acercarnos al volcán. Me parece 

sospechoso que ese dragón esté tan atento a ese lugar. Si miras al resto de 

animales, parecen tener otro tipo de rutina y si el dragón no se aleja de ahí, puede 

significar que está cuidando algo interesante. Al menos es así en los video juegos 

que he probado. 


Dal no podía negar que sonaba lógico lo que Luke decía. Además, si era un 

sueño, no debería haber limitantes. Se sentó en el piso para estar más cómoda y 

comenzó a trazar líneas en la pantalla de la tableta. Una suave brisa trajo el aroma 

dulce de algunas flores cercanas. A lo lejos se escuchaba el relincho de un caballo 

(¿o era un unicornio?). Dal sentía que algo despertaba en su interior con cada trazo, 

algo que llevaba muchos meses dormido bajo la frazada de la monotonía. Su 

corazón latía más fuerte de lo que ella quería admitir. 


Después de unos quince minutos, en los que Dal borraba y corregía líneas 

con el ceño fruncido por la concentración, ella pareció satisfecha con su dibujo. 

Presionó el botón de CREAR y, tal como en su intento anterior con la mochila, un 

rayo de luz verde salió de la pantalla de la tableta. La luz comenzó a tomar forma, 

cada vez haciéndose más sólida. Delante de ambos apareció un pequeño bote que 

asemejaba a un caballito de totora, casi idéntico a los que existían en Perú desde 

las culturas preincaicas, pero con la diferencia que flotaba sobre el cielo y que 

estaba decorado con alusiones a los cuatro elementos. El caballito de totora le 

recordaba su gusto por viajar al interior de su país natal. 


—Creo que esto podría soportar nuestros pesos. Vayamos a ese volcán 

como dices, pero quiero explorar un poco. Me gusta mucho caminar. ¿Qué te parece 

si usamos este caballito de totora y llegamos a la isla flotante donde está el volcán, 

pero desde ahí caminamos? La mochila tiene lo necesario para explorar. — Dal 

propuso con un entusiasmo que ella misma no reconoció haber tenido hace mucho 

tiempo. Luke asintió sonriendo, claramente impresionado por la creatividad de su 

compañera.  


Subieron al caballito de totora y se comenzó a mover rumbo a la isla. Luke 

estaba revisando nuevamente el bajo en sus manos, ajustando las cuerdas como 

si estuviera afinándolas. Era un acto reflejo. — Esto es raro. —Mencionó Dal 

después de unos momentos. —Cuando miré la tableta la primera vez tenía 5 barras 

de energía. Ahora solo hay tres. —Dal le mostró la pantalla a Luke.

  

—Supongo que no tienes dibujos ilimitados…Parece ser que cada dibujo que 

creas gasta una de las barras. Eso me recuerda al sistema de magia de los video 

juegos que te comentaba. Si yo estoy vestido como un bardo y según lo que vimos, 

este bajo da ciertos poderes musicales, creo que tú representas a los magos y el 

poder que pareces tener es la pictomancia. — Luke respondió pensativo mientras 

observaba la pantalla de la tableta. — Debemos racionalizar. No sé que pasaría si 

te gastas todas las barras. No parece ser solo energía eléctrica. Parece otra cosa.

 

— Cuando Luke dijo esto, la tableta vibró levemente, como si estuviera asintiendo, 

lo que dejó en Dal una sensación de conexión de apertura, como si estuviera 

conociendo a una nueva amiga. 


*** 


III 


Habían desembarcado en una especie de continente flotante. Llegaron a un 

bosque. Dejaron el caballito de totora amarrado a una piedra, en caso lo fuesen a 

necesitar otra vez. En las copas de los gigantes árboles se escuchaban distintas 

tonadas emitidas por las aves del lugar. Dal podría asegurar que vio la cola en 

llamas de un fénix elevarse hacia el sol. Luke detuvo su marcha un momento. 

Parecía hipnotizado por el canto de las aves. Con sus manos dibujaba notas 

musicales en el aire. 


—Esto es nuevo… Oye Dal, parece que aquí tengo alguna especie de 

sinestesia. Las notas del canto de esas aves… puedo verlas. ¿Tú puedes? —La voz 

de Luke asemejaba a la de un niño en navidad. Dal negó con la cabeza. —Me 

pregunto si… 


Sin otra palabra, tomó el bajo entre sus manos y comenzó a tocar las notas 

musicales que podía ver. El bajo le daba un toque melodioso, que mezclaba la 

calma de una rapsodia con el movimiento de rock. Desde el primer acorde, la 

música invadió el ambiente con una luz dorada. Las hebras de césped y las flores 

se movían. Dal veía el espectáculo. El concierto entre las aves y Luke era 

simplemente mágico. Pequeñas piedras comenzaron a levitar, afectadas por la 

música. La melodía se extendió por unos minutos y cuando Luke dejó de tocar, el 

ambiente perdió ese brillo dorado, las piedras cayeron al piso y la hierba dejó de 

moverse.

  

—¿Dal? Creo que deberíamos seguir avanzando. ¿Estás bien? Pareces ida

— La voz de Luke se quebró con una nota de preocupación. Notó la mirada de Dal, 

daba la impresión de estar relajada, como si estuviese en un trance pacífico. 

 

—Eso lleva la expresión “la música es una magia poderosa” a otro nivel—La 

risa amable se escuchaba en la voz de Dal, contrastando con el vergonzoso rubor 

en sus mejillas. —La canción me hizo sentir poderosa. Fue más intenso de lo que 

sentí cuando tocaste el acorde en la isla. Es como si recargara mi energía. Me 

inspiró y me dio más ganas de llegar a ese volcán y ver de cerca el dragón. Creo que 

podría usar la tableta para dibujar una brújula. Según lo que vi desde la isla, por la 

posición del sol, deberíamos ir hacia el noreste. — Dal tomó la tableta y empezó a 

dibujar una brújula con bastante detalle. La tercera línea de energía desapareció de 

la pantalla al emitir la luz verde de CREAR. La brújula descansaba sobre la mano de 

Dal. 


Estuvieron caminando por varios minutos. El terreno no era uniforme. 

Algunas raíces de los árboles gigantes los hacían caminar por un lado mientras que 

otras los hacían tomar una desviación. La brújula apuntaba al norte, por lo que 

deberían ir un poco más hacia la izquierda. Cada uno cargaba una botella de agua 

de las que trajo consigo la mochila. La caminata era dura, pero de alguna manera 

Dal se sentía contenta y Luke compartía el sentimiento. Vieron algunos animales 

pequeños, algunos eran ardillas comunes, pero otros parecían sacados de cuentos 

de hadas. Encontraron una manzana, pero luego de verla más de cerca, tenía el 

cuerpo de una pequeña culebra, la que usaba la forma de la manzana a modo de 

caparazón. El verde de sus escamas contrastaba muy bien con el rojo del cuerpo de 

la fruta. 


—Mira, Luke. Eso parece un campamento. — Dal señaló unos cuantos 

metros delante de ellos, luego de haber caminado por unos treinta minutos en el 

bosque. 


Habían llegado a un claro en el bosque en el que había vestigios de haber 

sido usado como campamento. Algunas tiendas de campaña estaban levantadas. 

Un círculo de piedras mostraba el lugar en donde se había hecho una fogata. El 

hecho de haber encontrado todo armado daba la impresión de abandono súbito.  

Alrededor del campamento se lucían unas rosas color rojo intenso. El aroma en el 

aire era dulzón, casi embriagante. A pesar de estar cerca a un arroyo, no había 

presencia de algún animal en las inmediaciones del campamento. 


Ambos decidieron revisar los objetos que encontraron. Tal vez podrían 

encontrar algo útil. Luke revisaría las carpas y Dal revisaría el lugar de la fogata. Dal 

encontró huellas de zapatos. El perfume de las rosas era más intenso cerca a donde 

estuvo el fuego. El bosque daba vueltas…no, no era el bosque, era la cabeza de Dal, 

quien comenzó a sentir mareos y somnolencia. Cuando levantó la mirada para 

recuperar de cierta forma su equilibrio, los rosales habían estirado sus tallos. Una 

peculiar rosa se colocó delante de su cara. Un polen rojizo emanó de los pétalos a 

modo de gas, rociando a Dal. Todo quedó oscuro luego de eso…

 

Dal despertó. Luke la sujetaba en sus brazos. El terror en su mirada se dejaba 

ver. — ¡Al fin despertaste! Salí de las carpas y te vi tirada en el suelo. No supe qué 

hacer…yo…—Luke comenzó a tartamudear tratando de asegurarse que Dal 

estuviera bien. — Creo que esto no es un sueño…Mira tu tableta.

 

Débilmente y aún recostada Dal revisó la tableta. Cuando dibujó la brújula 

quedaban dos líneas en la barra de energía, pero ahora queda solo una barra y 

media. Con dificultad, se sentó.  


—¿Qué fue lo que pasó? Recuerdo solo una rosa y polen. — Dal habló con 

dificultad. Tenía la boca seca.  


—Las rosas te estaban rodeando. Tú no te movías y estabas con los ojos 

cerrados y tu tableta estaba tirada a tu costado. No tuve otra opción… tuve que 

hacerlo. — Luke señaló a su alrededor. Toda la vegetación alrededor del 

campamento, incluyendo los rosales, se había convertido en ceniza negra. — 

Estabas en peligro. Toqué mi bajo, con bastante rabia unas notas al azar. Unos 

listones de sombras rodearon todo. Las plantas se quemaron sin fuego. Fue ahí que 

me acerqué a ti. Tu pulso era débil. Tu tableta actuaba raro. Media línea de energía 

se estaba agotando rápidamente. Toqué las mismas notas para generar la luz 

dorada, tal como cuando encontramos a las aves, y fue en ese momento que tu 

pulso se normalizó. Estuve tocando varios minutos y estaba perdiendo la 

esperanza, pero el color regresó a tus mejillas. Creo que debemos tener más 

cuidado. Todo se ha vuelto más real de pronto. — La voz se quebraba entre el miedo 

y el alivio que Dal había causado en tan solo un momento. 


Dal no dejaba de mirar la pantalla de la tableta. ¿Su vida estaba asociada al 

aparato? 


*** 


IV 


No había duda alguna. Debían buscar alguna manera de regresar a su 

mundo. Decidieron alejarse del campamento. La música de Luke no solo había 

destruido la vegetación, pero también causó daño irreparable a las carpas. Las 

pocas herramientas que pudieron encontrar habían quedado inservibles. 

Afortunadamente, no hubo daño en su mochila de provisiones. Tenían que pensar 

qué hacer y recobrar energías. Comieron algo y decidieron que debían seguir la 

única pista que tenían. Ir al volcán en busca del dragón. Sus instintos les decían que 

era la opción más coherente.  


El camino fue tedioso. No conversaron mucho, cada uno absorto en sus 

propios pensamientos. Demoraron una hora desde el campamento a la montaña 

que contenía el volcán. El dragón que había estado sobrevolando en círculos, no se 

encontraba a la vista. Buscaron alguna manera de ingresar a la montaña. 

Encontraron una apertura aparentemente segura. Las paredes de roca se sentían 

frías al tacto y el camino era empinado y escarpado. La roca en las paredes tenía 

gemas incrustadas. Avanzaron en silencio, intercambiando miradas significativas 

de rato en rato. El eco de sus pisadas se ahogó con un fuerte sonido de aire 

filtrándose.  


Llegaron a la parte alta. Una pared de cristal separaba un lago de lava de la 

sala a la que habían llegado. Era una caverna circular con celdas distribuidas 

alrededor. Dentro de cada celda se encontraban personas. Todas con la apariencia 

desanimada de alguien que ya se rindió. Todos vestían con estilos similares a los de 

Dal y Luke. El sonido del aire parecía venir de una plataforma en la parte de arriba. 

Las personas detrás de las prisiones las miraban, algunas con interés, otras con 

miedo.  


—Váyanse antes que el dragón regrese. No vale la pena. — Una mujer vestida 

con una armadura pequeña y una gran espada en su espalda les habló desde una 

celda a su derecha. Sus ojos ya no mostraban brillo alguno. 

Dal y Luke se acercaron. La persona parecía estar sana físicamente, pero su 

conducta era apagada. — Llegamos a este lugar igual que ustedes. De seguro 

quisieron ver de cerca al dragón. Pero es una trampa. Ese dragón no escupe fuego. 

Se alimenta de nuestra pasión y nuestra inspiración. No nos queda ganas de hacer 

nada. Intentamos defendernos, pero no tenemos fuerzas. Mírenme, soy una 

guerrera que no tiene energía si quiera para levantar su propia espada.  


—¿Cuál es tu nombre? — Dal preguntó en un susurro. 


—De qué sirve darles nuestros nombres si todos estamos atrapados aquí. — 

Un hombre vestido con textura animal y un látigo interrumpió desde la celda a su 

izquierda.  


Los demás ocupantes de las celdas murmuraron en acuerdo con las 

palabras del hombre. El aire aumentó su velocidad. Ya no parecía una brisa. Los 

prisioneros dieron un último suspiro de terror y se callaron. Sin que Dal y Luke lo 

notaran, un dragón estaba volando sobre ellos a varios metros. La plataforma que 

habían visto al ingresar era el nido del dragón, quien evidentemente había 

despertado al oír las voces. 


Dal y Luke se separaron para buscar refugio en las rocas. El dragón succionó 

el aire y de las celdas salió una niebla plateada. La mujer de la espada cayó de 

rodillas, aún más desanimada. Dal la pudo observar desde su escondite. El dragón 

no los había visto. Luke había escuchado una leyenda sobre la pobre visibilidad de 

los dragones. Los poderes del dueño de la caverna no les afectaron. Debía ser 

porque no estaban en las celdas. Dal tuvo una idea. Luke la miró y comprendió las 

señas que Dal le hacía con las manos. Dal hizo las mímicas de tocar el bajo y luego 

un movimiento de mano hacia abajo.  


El dragón descendió y se posó en el suelo, mirando con sus ojos morados las 

celdas. Su cuello serpentino se doblaba sinuosamente y acercaba su hocico a las 

jaulas, como revisando cada una. Aleatoriamente succionaba el aire frente a alguna 

celda y consumía la niebla plateada, recién robada de su dueño. En cada 

oportunidad el reptil alado se relamía la boca con su lengua bífida. 


Era ahora o nunca, si el dragón los atrapaba no tendrían otra oportunidad. 

Luke saltó delante de la roca en la que se estaba ocultando y comenzó a tocar su 

bajo. Listones negros envolvían al dragón y los barrotes. Luke tocaba con mucha 

pasión su réquiem metálico. Las alas del dragón se quemaron por zonas pequeñas, 

dejando algunos agujeros esparcidos en la membrana. Los barrotes se hicieron 

polvo. El débil dragón, intentó atacar. Dal sacó su tableta y dibujó una cadena de 

eslabones gruesos. Al darle CREAR, la cadena verde se materializó y atrapó del 

cuello al dragón. Media barra de energía se estaba agotando.  


El guardián de la caverna intentó succionar nuevamente la niebla plateada 

para recuperar fuerzas. — Oh, no lo harás lagartija del demonio. — Luke gritó 

mientras cambiaba la tonada de su bajo. La luz dorada invadió cada celda. El 

dragón se mostraba incómodo. La música suave lo lastimaba más que las notas 

corrosivas. A Dal se le ocurrió una idea tan loca, que podría funcionar. Tomó su 

tableta, y utilizando la poca energía que le quedaba dibujó varias líneas. Cuando 

dio CREAR un pequeño amplificador de sonido, como un parlante, se fusionó con 

el bajo de Luke, mejorando la acústica del concierto. 


La melodía resonaba con fuerza. Se oían movimientos en las celdas. El 

dragón miraba aterrado como sus prisioneros se recuperaban y abandonaban sus 

prisiones. El hombre del látigo se acercó a su captor y lo miró directamente a los 

ojos, como hipnotizándolo. La mujer de la espada la tenía preparada en posición 

defensora ante cualquier eventualidad. Los ojos del nuevo cautivo se pusieron en 

blanco. Todos los estímulos eran demasiado para la criatura. Gruñó y se quedó 

dormido. La cadena desapareció. 


—Tú música nos ayudó a recuperar el ánimo. Yo soy Diana y él es Luis. Ambos 

llegamos juntos a este mundo. Gracias por salvarnos. La mujer de la espada se 

presentó mientras los otros prisioneros se acercaban lentamente.  


— Ese dragón nos atrapó una noche mientras acampábamos cerca. Nos 

aprisionó hace varias semanas y desde entonces se ha estado alimentando de 

nosotros. No es que sea el único peligro. Ya estábamos algo débiles por las rosas 

cercanas al campamento, pero descubrimos que la fogata evitaba que el polen nos 

afecte. —Luis comentó. Luke pensó en su interior que el rol que le había tocado a 

Luis era el de un domador de animales. El látigo y la hipnosis en el dragón le 

confirmaron sus sospechas.  


Dal estaba cansada. La tableta ya no tenía líneas de energía. Una niña 

pequeña se alejó del grupo de prisioneros y se acercó a Dal. — Soy Sofi. Bebe esto 

te ayudará un poco. —La niña le dio una botella con un líquido dorado como la miel. 

Dal bebió un poco y sintió sus fuerzas físicas recuperadas. La tableta brilló como si 

se hubiera recargado. Tenía una renovada línea de energía. 


—Nuestras armas están relacionadas con nuestra fuerza vital. —Diana 

explicó mientras le ayudaba a levantarse a Dal. — Sofi era la curadora que 

conocimos ya estando en este mundo. Puede curar cualquier herida, pero no podía 

usar su pócima para ayudarnos mientras estaba en su celda. 


Dal miró su tableta nuevamente y con renovadas fuerzas comenzó a dibujar. 

Todos los prisioneros la rodeaban, mirando con curiosidad a Dal trabajar con tanta 

concentración. Luke estaba a un lado conversando con Luis. Conocía lo suficiente 

a Dal para saber que había tenido una idea loca y que era mejor dejarla trabajar. 

Varios minutos después, Dal mostró satisfacción en su rostro. Presionó el 

botón CREAR. En la pared de la caverna apareció una puerta con un cartel que decía 

SALIDA. Luke no pudo aguantar el ataque de risa. Era tan simple y a la vez tan genial. 

Se acercó a Dal y vio la pantalla de la tableta. Estaba el dibujo de la puerta con 

indicaciones escritas.  —¡Gente! Nos vamos a casa. Dal ha creado nuestra salida. 

¡Miren! —Luke le mostraba a los demás la tableta. Entre las indicaciones había una 

que decía, todo aquel que la cruce llegará a su lugar de origen. 


Los gritos de alegría entre los prisioneros hicieron eco en la caverna. Uno a 

uno, los más de doce prisioneros fueron atravesando la puerta. Al final solo Dal y 

Luke quedaron.  


—Fue un gusto conocerte, Luke. Ojalá podamos vernos nuevamente. — Dal 

se sonrojó levemente. Luke ya estaba cruzando la puerta. 


La respuesta de Luke quedó opacada. Su rostro sonreía y no se escucharon 

las palabras porque Luke ya había cruzado y dejado atrás este mundo distinto.  Dal 

cruzó la puerta esperando alcanzar a Luke.  


*** 



Había pasado una semana desde la aventura de Dal. Su cliente estuvo muy 

contento con las ideas frescas y fuera de la caja que le presentó y cerraron las 

últimas modificaciones. La impresión del material gráfico estaba programada para 

el inicio de la siguiente semana. Dal decidió revisar sus redes sociales. Vio una 

invitación de amistad con un mensaje de Luke: “Hola Dal. Te encontré por acá. Oye, 

si no tienes nada que hacer el viernes tengo un concierto con mi banda. Me gustaría 

verte…” 


Dal releyó el mensaje con una sonrisa, dio aceptar a la solicitud de amistad 

y le escribió para pedir más detalles acerca del concierto. 




lunes, 11 de mayo de 2026

El último juego

 


 

 

Nuestro destino era enfrentarnos eternamente. Tuvimos el mismo balance del bosque que podría ser consumido por el fuego; del fuego que podría extinguirse con el agua; del agua que sería absorbida por el bosque.

 

Siempre que nos enfrentábamos era como un juego de niños. No podíamos vencernos del todo; teníamos el acuerdo tácito de no atacarnos por ser inútil: él era el creativo, ella demostraba una mente afilada y yo poseía la agresividad.  Podría traducirse en Espíritu, Mente y Fuerza. Pero todo dejó de ser juego.

 

Yo quise conquistar y usar mi poder. A lo mejor podría vencer, pensé. Pero no fui rival. Él me abrazó con amor. Sentí asfixia, pero una vez que cedí, sus caricias me calmaron. Aunque él se notaba cansado y envejecido, no dejó de sostenerme. Tal vez ella atacó por celos. Yo descansaba cuando ocurrió. Cuando desperté, vi el corte irremediable e irregular. ¿Cómo pudo acabar con la vida de alguien tan lleno de amor?

 

La perseguí y al encontrarla no perdí tiempo. Ella me pidió clemencia, pero mi corazón estaba endurecido por la rabia y mi venganza. Destruí su vida con facilidad. Aplasté sus últimas ideas y me deshice del filo más grande.

 

Ahora vivo una condena. La culpa me invade cada día. Éramos rivales, pero ahora sé la verdad. Había balance y respeto. Ahora solo queda mi soledad y estos recuerdos: los cuerpos de ambos yacen en mi patio.

 

Solo yo soy responsable. Yo ataqué al papel, el papel me envolvió con cariño, la tijera lo asesinó de un solo corte celoso y yo la destruí a ella con mi pesa de piedra.

 

¿Qué hice, mis queridos enemigos? Los he perdido y con ustedes se fue mi propósito de vida. Extraño esos juegos de niños que ya no regresarán.

martes, 5 de mayo de 2026

Sin Devoluciones

 

—¡Número 28! Número 28, cliente Giftig por favor acercarse a la ventanilla 08. — La voz del representante de atención al cliente se escuchó monótona y aburrida. Todas las demás ventanillas estaban resolviendo las consultas y reclamos de otros usuarios. Tenían la oficina llena y debían ser eficientes para despejar un poco la carga de solicitudes.

 

Una mujer, claramente en sus sesenta, se acercó a la ventanilla con paso lento, mientras empujaba una carretilla, cuyo contenido estaba cubierto por una manta roja. Su rostro mostraba el fastidio de la impaciencia por esperar a ser atendida. Entregó el boleto al joven en la ventanilla.

 

—Buen día. ¿En qué puedo ayudarle? —El representante de atención saludó a la cliente sin perder el tono lineal y aburrido que había usado para llamarla. No despegó la mirada de la pantalla mientras esperaba la respuesta.

 

—Vengo a presentar un reclamo. Este robot no es lo que me ofrecieron. Yo tengo el modelo CAPE-07V01I19L8O2. No había tenido problemas, pero hace unos días dejó de funcionar. Quiero que lo revisen y, si no lo pueden reparar, me devuelvan el dinero. Aquí tengo la garantía de por vida que adquirí junto al robot. — La mujer habló rápido con voz severa mientras entregaba el documento de la garantía al encargado de atención al cliente.

 

El joven en la ventanilla revisó la garantía. Estaba vigente. Empezó a revisar el robot para ver si todas las condiciones se cumplían. Se agachó para levantar al androide y lo colocó en la mesa. Físicamente todo parecía en orden. Midió la energía y tenía medio tanque, suficiente para encender. No había arañones en la estructura, pero eso no era sustento de nada. El modelo CAPE-07V01I19L8O2 tenía una buena ratio de auto reparación y cicatrización robótica. La piel sintética cumplía bien su función. El daño, a simple vista, no era físico. Tomó un conector USB modelo Z y lo conectó a la altura de la sien derecha. Los ojos del robot se iluminaron con datos numéricos en color verde. Toda la información se cargaba en la pantalla de la computadora.

 

—¿Va a demorar mucho? Tengo cosas que hacer y ya esperé demasiado en la cola. — La mujer alzó la voz.

 

—Señora Giftig, permítame un momento para revisar. Es bastante información que se debe descargar. Si desea, tome asiento y yo la llamo nuevamente. Así no espera de pie. —  El tono profesional del joven demostraba la capacitación que había recibido. Su mirada era tan fija que dominó silenciosamente a la ansiosa mujer, quien tomó asiento nuevamente, quejándose entre dientes.

 

Media hora transcurrió aproximadamente cuando la cliente fue llevada por el asesor de servicio y su supervisor a una oficina más privada para discutir su caso.

 

—Disculpe la demora, señora Giftig. Soy el supervisor de Atención al Cliente. Mi nombre es Rafael Synch. —  El supervisor mencionó mientras le señalaba una silla para que la señora tome asiento. —Junto al asesor, el señor Gabriel Mess tuvimos que revisar mucha información. La garantía no es válida. Vemos en el sistema que el modelo CAPE-07V01I19L8O2 recibió órdenes orales con enunciados prohibidos por el contrato que firmó.

 

—¿Qué quiere decir? La garantía es vitalicia. ¿Qué quiere decir con “enunciados prohibidos”? Siempre traté a ese androide como si fuese alguien de la familia. Esto es un escándalo. Exijo hablar con el gerente porque se nota que no saben hacer su trabajo. Deben atenderme y arreglar esto, de lo contrario, haré un alboroto, van a ver. — La voz de la anciana se elevaba en su tonalidad aguda. La pequeña oficina aislaba el sonido.

 

Calmado, el asesor voltea la pantalla y se la muestra a la señora. Le ofrece unos audífonos, pero la mujer golpea la mano del hombre, quien luego desconecta el cable, liberando así el audio. Sin mayor ceremonia, se inicia un video resumen en la pantalla, con algo de estática por el daño en la memoria rescatada.

 

La pantalla muestra a la señora Giftig, pero mucho más joven. Los ojos parecen salirse de sus órbitas, la respiración agitada y los dientes mostrándose en una mueca agresiva. La mano levantada. La frase “Eres un inútil” se repite una y otra vez. Los gritos de la grabación elevan su volumen de manera constante.

 

                —¡Ponga los audífonos! … Otros escucharán — la voz mezclaba rabia y vergüenza.

 

                — La sala evita que salga el sonido. Sigamos viendo, por favor. — Rafael comentó con un tono más bajo que el de la clienta, pero sin perder la firmeza. La clienta no respondió, pero no separó la mirada de la pantalla.

 

El video mostraba otra escena. El robot CAPE-07V01I19L8O2 estaba siendo azotado con una correa de cuero grueso. Es cierto que es una estructura resistente, pero la manufactura incluía un polímero que asemejaba la piel humana a tal punto que sí sangraba. “Te odio máquina inútil” Los gritos de la mujer del video se escuchan fuera de la computadora. La escena cambia nuevamente. Se nota que están forcejeando. Una mano sujeta el rostro del robot, quien mira la pared mientras tres uñas afiladas recorren el rostro diagonalmente, de derecha a izquierda desde el mentón hasta el ojo izquierdo. La vista se tiñe de rojo.

 

—El video continua. Lo he detenido para demostrarle que incumplió su contrato. — El analista de servicio al cliente minimiza la pantalla y le muestra la cláusula del contrato en la que se menciona que la garantía vence el momento en el que se demuestre daño físico o manipulación en la programación de fábrica.

 

Giftig leía las palabras en el contrato. —Pero…. Nadie nunca me dijo esto. —La respiración era agitada y entrecortada.

 

Gabriel Mess movió el cursor hasta el final. —Según el documento de identidad anexado al contrato, esta es su firma, señora Giftig. Está aceptando las condiciones.

 

—¡Pero nadie me dijo eso! —La voz de la señora Giftig se elevó varias octavas —¿Quién tiene tiempo para leer todas estas cosas? ¡Nadie!

 

—Señora Giftig, lamentablemente el contrato es legal e inapelable. Al firmarlo, aceptó las condiciones. Por lo tanto, la garantía no aplica. Es más, debemos solicitarle que traiga el segundo androide que adquirió para revisarlo de manera preventiva. — Rafael le dirigió una mirada silenciosa a Gabriel, indicando que él se haría cargo del resto e intervino en la conversación, su tono conciliador pero firme. — Todo indica que el modelo CAPE-07V01I19L8O2, en su capacidad de aprender, aprendió a no funcionar porque era lo que su dueña le decía. La repetición del comando lo reafirmaba. Le hemos mostrado un extracto, pero la data tiene una antigüedad de más de 30 años.

 

—Esto es una estafa. Yo siempre lo he tratado bien. Me llevaré el androide y haré la denuncia por este abuso. —La cliente balbuceaba, dejando de lado la cautela o la vergüenza. Gotas de saliva salían de su boca al hablar.

 

—Me temo que eso no es posible, señora Giftig. Los técnicos se han llevado al androide para intentar salvar las piezas y reutilizarlas. El software ha quedado inservible, o en palabras suyas, “inútil”. No le mencionamos que cuando estuvimos descargando la información algo atípico sucedió. Los ojos mecánicos comenzaron a derramar gotas de agua salada. Si no fuese imposible para un androide, diríamos que estaba llorando al recordar todo ese maltrato. El contrato también indica que la empresa puede hacer esto por seguridad del producto como del cliente. Esto está contemplado en las normas legales del país. — Rafael le mostró la cláusula que mencionaba sin perder esa amabilidad profesional y precisa de la atención al cliente.

 

Giftig abrió la boca para hablar, la cerró y la volvió a abrir. Su voz no parecía encontrar la salida. Según ella no había hecho nada malo. Es cierto que siempre había sido muy nerviosa desde joven, pero era un androide, ¿qué daño podría causar? Pero en la sociedad actual, las leyes contra el maltrato humano, animal y robótico eran bastante estrictas, como lo mencionó el supervisor de atención al cliente, desde que se definió por la ONU que todo ser que pueda razonar o sentir y tenga funciones vitales es considerado como ser vivo, por lo tanto, está sujeto a derechos que los protegen.  Esos videos podrían significar su ruina.

 

—Señora Giftig, lo mejor será que colabore con las investigaciones internas. Así podríamos evitar involucrar a instancias mayores. Si usted nos trae el modelo que tiene en casa para revisarlo, podríamos solo colocar su usuario en una lista gris temporal. Puede que estemos a tiempo para prevenir cualquier daño permanente con el androide que tiene en casa. — La voz de Rafael sonó más empática. De hecho, intuía la línea de pensamiento de la cliente por su lenguaje no verbal.  La cliente bajó la mirada al piso y asintió.

 

—Perfecto señora. Si desea, coordinaremos con nuestro personal para que el recojo sea hoy mismo. La podemos acompañar a su casa.

 

La señora Giftig asintió silenciosamente. Su rostro mostraba una mueca extraña de introspección y, tal vez, un sentimiento de culpa. Las manos envejecidas temblaban y el párpado derecho latía. Gabriel y Rafael acompañaron a la señora a la puerta, mientras Rafael coordinaba con el departamento logístico el recojo del otro androide.

 

 

 

martes, 14 de abril de 2026

Botánica Espiritual

 

 

Ionel Jan Talhanuavv, un joven y sensible artista, residía en la estrella más importante de la constelación de Piscis, Alpherg. Dueño de una sensibilidad excepcional, incluso para su pueblo, Ionel tenía la pasión oculta de conservar y cuidar un jardín de flores en su patio.

Una noche, durante el día terrestre equivalente al 16 de marzo, Ionel ingresó a su invernadero personal. Su familia había salido de la casa. Quería meditar de manera introspectiva y aprovecharía que las estrellas alrededor de la constelación tenían un brillo nostálgico que le permitía evaluar el pasado, con la luz del presente y la esperanza del futuro. Se había vestido en honor a la ocasión con su mejor túnica ceremonial, la que tenía los colores característicos de la casa astrológica, con tonos celestes y aguamarina con detalles de azul oscuro.

La distribución de las macetas en el invernadero respondía a la mente organizada de Ionel. En el ambiente se respiraba una mezcla de fragancias variadas, mientras la música de violín, proveniente de un equipo de sonido, eliminaba el silencio estelar. Por el lado izquierdo, las flores tenían colores más opacos y fragancias invasivas, por el centro la vida vegetal era variada y por el lado derecho las fragancias eran más suaves. Una vista más cercana a las flores podría confirmar que no fueron cultivadas de una forma tradicional. Cada flor era única.

Luego de recorrer el área, Ionel se sentó en la silla ubicada en el centro del lugar. La ubicación le permitía ver la superficie redondeada del invernadero y contemplar su colección. La silla estaba rodeada de hojas y lianas de diversos colores. Al costado de la silla había una mesa redonda en la que descansaba un pequeño retoño. La flor recién estaba naciendo. Sus tonalidades moradas y rojas daban la sensación de un atardecer veraniego. Tomó la pequeña maceta en forma de corazón y acarició los pétalos. Parecía mágica aquella suavidad que empezaba a sentir. La pequeña planta nació sin previo aviso, al igual que las otras alrededor de la sala.

Cada vez que Ionel se relacionaba con alguna persona, su sensibilidad y espiritualidad se manifestaba creando de la nada una semilla que luego plantaba en una maceta. El resultado dependía mucho de los cuidados. El nacimiento de la flor “Magia de Merlín” tuvo que ver también con la madurez que había logrado Ionel. A lo largo de su vida tomó caminos distintos en el amor, cada uno de los cuales traía una semilla. Comenzó a evocar el origen de las flores. Algunos recuerdos estaban más frescos que otros, pero podía decir que sí reconocía el momento en el que cada semilla dio fruto.

Con una ligera amargura, miró una flor que descansaba en una pared. Se llamaba “Traición del Yule” y emanaba una fragancia empalagosa y algo tóxica. Ionel creía que no podía negar su pasado. Esa flor apareció con potencial, pero se tornó insoportable una noche.

Mirando a otro lado vio un conjunto de macetas con flores muy bonitas, pero sin esencia ni aroma. Fueron aquellas que surgieron solo por la manipulación lujuriosa de otros seres. Eran solo plantas que imitaban ser flores.

La variedad de flores lo impresionaba. Había flores de todo tipo: delicadas, robustas, con buen aroma, con fragancia más sutil o incluso con olor a putrefacción. Algunas rosas y orquídeas compartían espacio, otras plantas atrapa moscas mostraban su fiereza. Cada flor le dio la experiencia y el valor para cultivar “Magia de Merlín”.

Levantó la mirada y vio colgada una maceta compacta. Su fragancia era amaderada y calmante. Estar cerca a esa flor, a la que llamó cariñosamente “Garra del Oso Polar”, le ayudaba a aclarar la mente. Esta flor en particular tuvo su truco al nacer. Emergió en tierra de fuego, pero luego los cuidados incluían un abono rico en minerales traídos de las lunas de Cáncer, entre los cuales estaba una especie de cuarzo llamado “Empatita”. Una pequeña lágrima de agradecimiento recorrió su mejilla. Esa planta le había enseñado el valor de la honestidad y la amistad pura. Le hacía aceptar sus vulnerabilidades y acariciarlas con comprensión. Lo que más impresionó a Ionel fue la capacidad que esa flor tuvo para cambiar sus pétalos, de un rojo intenso a un color lavanda apaciguador. Parecía una gardenia común, aunque Ionel sabía que era más especial de lo que podía saber.

Esta gardenia de las estrellas parecía corresponder el cariño. Al estar colgada podía absorber las distintas toxinas y convertirlo en algo menos nocivo. Ionel solo pudo dedicarle un gracias, antes de retomar los cuidados a la flor sobre la mesa. Aún era pronto para saber si la flor crecería tan fuerte como otras, pero al menos Ionel quería ver cómo se desarrollaba. Por lo menos por ahora, le daba felicidad mirar esa flor y saber que era él quien cuidaría de la “Magia de Merlín”.

Ionel comprendió entonces que no todas las flores nacen para ser eternas, ni todas para ser comprendidas. Algunas existen solo para ser cuidadas mientras viven.

Con ese pensamiento, dejó reposar su cuerpo y su espíritu. El invernadero guardó su sueño como un secreto antiguo, mientras la pequeña “Magia de Merlín” permanecía allí, latiendo despacio, aprendiendo a ser flor.

Y aunque el futuro era incierto, Ionel descansó en la certeza más valiosa que había cultivado: aún tenía amor para ofrecer, y manos dispuestas a sostenerlo.

 

 

lunes, 13 de abril de 2026

La poción

 

 

 

Deja que hierva. No la puedes apresurar.

Los ingredientes están debidamente mezclados, pero aún falta que reaccionen entre sí.

Sé paciente.

El fuego lento hará que todo se mezcle. Muy pronto ese líquido traerá abundancia.

Tiene veintiún onzas de creatividad.

¿Pusiste la media taza de empatía?

El sarcasmo le dará un efecto de buen humor. Traerá una inteligencia diferente.

La receta mezcla siete gotas viles, una por cada pecado capital, con 7 gotas de miel, una por cada virtud opuesta.

El color está cambiando. De un líquido transparente el hervor lo hace transformarse en un centro arco iris rodeado de la noche líquida.

Revuelve lentamente. Dibujo el infinito con la cuchara de madera para darle consistencia.

Creo que ya es momento de agregar la esencia de intuición para que empiece actuar la emulsión.

Uno de los efectos secundarios que traerá es la motivación a terceros. Quien la tome podrá lograr que otros se sientan bien.

Es momento de moler la raíz de compromiso y mezclarla con el hueso paciente.

Eleva la llama levemente. Ya luego lo apagaremos porque debe reposar bajo la luna llena.

¿Lavaste el frasco de cristal con agua de mar? Es importante para que los cambios de la poción sean más poderosos.

Unos días más y la poción estará lista. La abundancia no tendrá opción. Será atraída por la mezcla de los ingredientes con carisma.

Pongamos una advertencia en la etiqueta: “Puede causar embriaguez a los débiles de corazón”.

¡Haremos una fortuna con esta poción!

domingo, 12 de abril de 2026

La magia siempre viene con un precio

 


La serie Once Upon a Time (Había una vez) popularizó la premisa: “All magic comes with a price” —toda magia viene con un precio—. Más allá de la fantasía, es interesante cómo esta idea se refleja constantemente en el mundo real.

Podemos pensar en la magia como cualquier talento o habilidad que poseemos. Aquello que sabemos hacer bien suele ser requerido por otras personas para satisfacer una necesidad o cumplir un deseo. Y, bajo esa premisa, siempre existe un precio. No necesariamente monetario: puede tratarse de un intercambio, un trueque o cualquier forma de compensación equivalente.

Desde una lógica básica, nada es completamente gratis. La alquimia antigua hablaba del principio del intercambio equivalente. Si lo traemos al presente, encontramos innumerables ejemplos: idiomas, finanzas, cocina, repostería, arte, asesorías, creatividad, tiempo. Las posibilidades son infinitas.

Sin embargo, aquí aparecen algunos problemas recurrentes.
Por un lado, se subestima el talento: algunas personas consideran que el precio solicitado es “demasiado caro”, sin evaluar el valor real del trabajo, la experiencia o el esfuerzo detrás.
Por otro lado, se sobreestima la generosidad o la cercanía personal, esperando que el servicio sea gratuito debido a una relación de amistad, familia o afecto. El argumento suele ser: “¿Me vas a cobrar a mí?”

Separar lo personal de lo profesional no siempre es fácil. Cuando solicitamos un servicio, quien lo ofrece establece su precio, y somos nosotros quienes decidimos si aceptamos o buscamos una alternativa acorde a nuestras posibilidades, considerando factores como calidad, dedicación y tiempo. Cuando existe un vínculo previo, muchos se ofenden ante el cobro; pero también es común que quien ofrece el servicio tenga dificultades para ponerle valor a su propio trabajo.

El talento y el esfuerzo tienen un costo: material, creativo y, sobre todo, de tiempo. El quid pro quo es justo, incluso cuando incluye una ganancia. Nadie se vuelve experto por casualidad: detrás hay inversión personal, aprendizaje continuo y sacrificios invisibles.

La negociación de la compensación es responsabilidad de ambas partes. Quien brinda el servicio puede, de manera voluntaria, asumir total o parcialmente el precio de su “magia” —por ejemplo, a través de donaciones—, pero eso debe ser una decisión consciente y clara desde el inicio. No se puede ni se debe asumir que todo será gratis.

Reconocer el valor de la magia ajena es, en el fondo, una forma de respeto.

 


martes, 17 de marzo de 2026

Potencial Ilimitado

 

 

Hace unos años, en un diplomado de Recursos Humanos, la profesora nos hizo una pregunta curiosa:

¿Qué pieza de ajedrez tiene más potencial?

Muchos respondieron que la Reina, por ser la más poderosa y tener mayor libertad de movimiento en el tablero.

Sin embargo, un compañero y yo dimos una respuesta distinta:
el peón.

En ajedrez, si un peón logra cruzar todo el tablero y llegar a la octava fila, puede ascender a cualquier pieza (excepto el Rey). Puede convertirse en Reina, Torre, Alfil o Caballo.

Pero llegar hasta allí no es fácil.

El peón avanza lentamente, casi siempre una casilla a la vez. Solo se mueve hacia adelante y muchas veces es subestimado por sus rivales. Sin embargo, con estrategia, paciencia y apoyo del resto del tablero, puede transformarse en una de las piezas más poderosas del juego.

En Recursos Humanos, esta analogía es imposible de ignorar.

Invertir en el desarrollo del potencial de las personas puede ser la diferencia entre una organización que simplemente funciona y una que realmente gana.

Porque muchas veces, quienes parecen tener menos ventajas iniciales son quienes poseen el mayor potencial de crecimiento.

La pregunta entonces es:

Si fueras un peón, ¿en qué pieza elegirías convertirte?

 

 

#RecursosHumanos
#DesarrolloDeTalento
#Liderazgo
#PotencialHumano
#Aprendizaje





martes, 30 de diciembre de 2025

2025

 

No puedo ser desagradecido con el año 2025. He tenido el espacio para mejorar mi salud mental y preocuparme por mi desarrollo personal. Pude enfocar mis esfuerzos en nuevas experiencias que me han enriquecido como el taller de Guion o el Taller de Doblaje. Gracias al apoyo de muchas ferias, fui capaz de vender el último libro del tiraje que saqué (se siente bastante orgullo si me permito decirlo yo mismo). En el lado más oculto, logré incrementar mi intuición natural y romper paradigmas que, tal vez, me limitaban. Mi empatía logró crecer a la par. Como ratón de biblioteca, superé mi reto anual de 17 y leí 19 libros a lo largo de los 12 meses (nada despreciable).

 

Es cierto, la parte laboral ha sido variada. Las distintas experiencias con los populares cachuelos me han dado una perspectiva diferente y más realista.

 

En la parte del amor y amistad, los lazos que me cuidan se han fortalecido y, es justo admitir, me levantaron cuando el ánimo no fue el mejor. Es una bendición oculta. Tomar vuelo para prepararme para lo que se viene. Termino el año con cicatrices, sí, pero con optimismo e ideas frescas.

 

Agradezco a Dios su cuidado. Encendió las luces cuando todo se veía borroso y atemorizante.

 

Amo escribir, actuar, ser creativo y ser útil, pero ahora he logrado integrarlo en mi vida como herramientas en mi haber para seguir caminando en esta aventura.

 

Leí algo interesante. En 2025 la serpiente limpió el camino para que el 2026 el caballo pueda trotar sin problemas.

 

Aún queda un día y un cachito de este 2025. Trataré de aprovecharlo al máximo. Que me repartan las cartas con la jugada ganadora. Estoy listo para retomar la silla del caballo.