I
Dal bebía su
café mientras meditaba sus siguientes pasos. Sentada frente a su pantalla,
debía pensar un diseño nuevo para un cliente indeciso. Le había enviado cinco
propuestas de arte, todas ellas habían regresado con una observación distinta,
al punto de que cada nuevo diseño se tuvo que empezar desde cero: que ha
pensado mejor los colores de la marca, que debemos cambiar el logotipo, que la
letra no termina de convencer, entre otras respuestas por el estilo.
Dal había
aceptado trabajar con el cliente únicamente porque no ponía peros al momento de
pagar por adelantado y, según le prometieron, le pagaría un bono de horas
extras por todos los cambios que debían hacerse. Al menos el cliente era
consciente que le costaba mucho decidir.
El problema era
invertir tanto tiempo y esfuerzo. Hacer todos esos cambios era agotador y,
sobre todo, se le estaban acabando las ideas. La inspiración se esfumaba y
tenía que atender a otros clientes. Desde el inicio, cuando investigó la
empresa y a qué se dedicaba, le quedó muy claro que no tenían una imagen
institucional clara. Debía encontrar alguna manera de cerrar algo con el
cliente. La fecha que ella misma se había puesto como límite se acercaba. Tenía
un viaje programado.
Estuvo frente
a su computadora por tantas horas, que no resistió el sueño y se quedó dormida
en su silla.
***
II
Dal se
encontraba en un lugar extraño y desconocido. La naturaleza dominaba todo el ambiente.
Las cascadas caían desde islas flotantes, los árboles emanaban un olor a menta
y los animales podrían ser considerados mitológicos. Cuando se vio a sí misma,
vestía un enterizo color esmeralda con aplicaciones doradas y llevaba en su
cinturón una tableta y bolígrafo que no había visto nunca. Sabía que estaba
soñando, porque ella misma estaba en un trozo de roca flotante, así que decidió
ver a dónde la llevaba su psique ya que podría obtener alguna inspiración fuera
de la caja para su cliente.
Mientras
miraba su entorno, una fuerte luz la cegó por unos segundos. Cuando el destello
se detuvo, apareció un hombre de cabello largo, vestido con una túnica negra
delante de ella. La estética del hombre asemejaba a la de un bardo. Le llamó la
atención que no llevara una lira o flauta, pero sí un bajo porque, en su
percepción, era un instrumento más fuertemente asociado al rock. El bardo tenía
cierto encanto oscuro que hizo sonrojar a Dal.
—¿Dónde
estamos? ¿Quién eres? Me llamo Luke— la voz del hombre sonaba grave, pero
melodiosa. Dal tuvo la impresión de que era alguien a quien no le gustaba
perder tiempo.
—Mi nombre es
Dal y llegué a este lugar un minuto antes que tú. Sonará raro, pero creo que es
un sueño. Lo último que recuerdo es estar frente a mi computadora. Soy
diseñadora gráfica y tenía un poco de bloqueo creativo.
Luke vio
alrededor. Pudo ver en el horizonte un dragón volando en círculos sobre una
montaña con humo, de seguro un volcán.
—Este lugar…
se parece a un video juego que jugué la semana pasada. Yo estaba en mi casa,
tratando de componer una canción sin éxito. Debo haberme quedado dormido. Sí,
esto parece un sueño, pero por lo que me dices, no entiendo por qué tenemos el
mismo sueño si ni siquiera te conozco. —Luke le respondió. —Creo que debemos
investigar cómo salir de aquí. ¿Notaste algo extraño en ti cuando llegaste,
aparte de tu ropa? No es que yo use túnicas en mi día a día y este instrumento
no es uno de los que yo tenga en casa. —Luke observaba el bajo en sus manos.
—Bueno, me
gusta la ropa, pero no es algo que usaría para trabajar. Creo que lo más
extraño es esta tableta y este bolígrafo. — Dal le mostraba la tableta mientras
la abría y miraba la pantalla. La pantalla parecía emanar el mismo brillo que
los ojos humanos al reflejar la luz. El bolígrafo en su mano derecha y una
sonrisa en su rostro.
—Deberíamos ir
hacia ese volcán, pero no se me ocurre cómo podremos llegar si estamos en esta
roca flotante. En el video juego, los personajes tenían habilidades o
herramientas especiales. Me pregunto qué pasará si…—Luke mencionó pensativo y
tocó unos acordes en el bajo.
Una especie de
luz dorada salió del instrumento. La mezcla de las notas musicales generó un
calor agradable en el interior del pecho de Dal.
—Parece ser
que la música de este instrumento es mágica. Interesante, pero no creo que nos
permita volar. Prueba con la tableta. A lo mejor ocurre algo. —Luke concluyó sonriendo
sorprendido por el efecto de tocar.
Dal miró la
tableta y esta dio una ligera vibración, como si estuviera reconociendo a Dal
como su dueña. La pantalla estaba hecha de una especie de cristal líquido. En
la parte de arriba se veía un grupo de cinco barras. Era la cantidad de energía
o batería. Luego de unos segundos pensando qué dibujar, utilizó el bolígrafo y trazó
unas cuantas líneas y curvas. Cuando estuvo satisfecha con la ilustración
presionó un botón en la pantalla con la palabra CREAR.
Una luz verde
salió de la tableta y comenzó a tomar forma. Delante de ella apareció una
mochila de campamento llena de comida y bebidas.
—¡Wow! Todo lo
que dibujes en la tableta aparece. Eso será muy útil. —Luke había estado
observando el dibujo de Dal sobre su hombro y sonaba complacido. —Intenta
dibujar algo que nos permita acercarnos al volcán. Me parece sospechoso que ese
dragón esté tan atento a ese lugar. Si miras al resto de animales, parecen
tener otro tipo de rutina y si el dragón no se aleja de ahí, puede significar
que está cuidando algo interesante. Al menos es así en los video juegos que he
probado.
Dal no podía
negar que sonaba lógico lo que Luke decía. Además, si era un sueño, no debería
haber limitantes. Se sentó en el piso para estar más cómoda y comenzó a trazar
líneas en la pantalla de la tableta. Una suave brisa trajo el aroma dulce de
algunas flores cercanas. A lo lejos se escuchaba el relincho de un caballo (¿o
era un unicornio?). Dal sentía que algo despertaba en su interior con cada
trazo, algo que llevaba muchos meses dormido bajo la frazada de la monotonía.
Su corazón latía más fuerte de lo que ella quería admitir.
Después de
unos quince minutos, en los que Dal borraba y corregía líneas con el ceño
fruncido por la concentración, ella pareció satisfecha con su dibujo. Presionó
el botón de CREAR y, tal como en su intento anterior con la mochila, un rayo de
luz verde salió de la pantalla de la tableta. La luz comenzó a tomar forma,
cada vez haciéndose más sólida. Delante de ambos apareció un pequeño bote que
asemejaba a un caballito de totora, casi idéntico a los que existían en Perú
desde las culturas preincaicas, pero con la diferencia que flotaba sobre el
cielo y que estaba decorado con alusiones a los cuatro elementos. El caballito
de totora le recordaba su gusto por viajar al interior de su país natal.
—Creo que esto
podría soportar nuestros pesos. Vayamos a ese volcán como dices, pero quiero
explorar un poco. Me gusta mucho caminar. ¿Qué te parece si usamos este
caballito de totora y llegamos a la isla flotante donde está el volcán, pero
desde ahí caminamos? La mochila tiene lo necesario para explorar. — Dal propuso
con un entusiasmo que ella misma no reconoció haber tenido hace mucho tiempo.
Luke asintió sonriendo, claramente impresionado por la creatividad de su
compañera.
Subieron al
caballito de totora y se comenzó a mover rumbo a la isla. Luke estaba revisando
nuevamente el bajo en sus manos, ajustando las cuerdas como si estuviera
afinándolas. Era un acto reflejo. — Esto es raro. —Mencionó Dal después de unos
momentos. —Cuando miré la tableta la primera vez tenía 5 barras de energía.
Ahora solo hay tres. —Dal le mostró la pantalla a Luke.
—Supongo que
no tienes dibujos ilimitados…Parece ser que cada dibujo que creas gasta una de
las barras. Eso me recuerda al sistema de magia de los video juegos que te
comentaba. Si yo estoy vestido como un bardo y según lo que vimos, este bajo da
ciertos poderes musicales, creo que tú representas a los magos y el poder que
pareces tener es la pictomancia. — Luke respondió pensativo mientras observaba
la pantalla de la tableta. — Debemos racionalizar. No sé que pasaría si te
gastas todas las barras. No parece ser solo energía eléctrica. Parece otra
cosa. — Cuando Luke dijo esto, la tableta vibró levemente, como si estuviera
asintiendo, lo que dejó en Dal una sensación de conexión de apertura, como si
estuviera conociendo a una nueva amiga.
***
III
Habían
desembarcado en una especie de continente flotante. Llegaron a un bosque.
Dejaron el caballito de totora amarrado a una piedra, en caso lo fuesen a
necesitar otra vez. En las copas de los gigantes árboles se escuchaban
distintas tonadas emitidas por las aves del lugar. Dal podría asegurar que vio
la cola en llamas de un fénix elevarse hacia el sol. Luke detuvo su marcha un
momento. Parecía hipnotizado por el canto de las aves. Con sus manos dibujaba
notas musicales en el aire.
—Esto es
nuevo… Oye Dal, parece que aquí tengo alguna especie de sinestesia. Las notas
del canto de esas aves… puedo verlas. ¿Tú puedes? —La voz de Luke asemejaba a
la de un niño en navidad. Dal negó con la cabeza. —Me pregunto si…
Sin otra
palabra, tomó el bajo entre sus manos y comenzó a tocar las notas musicales que
podía ver. El bajo le daba un toque melodioso, que mezclaba la calma de una
rapsodia con el movimiento de rock. Desde el primer acorde, la música invadió
el ambiente con una luz dorada. Las hebras de césped y las flores se movían.
Dal veía el espectáculo. El concierto entre las aves y Luke era simplemente
mágico. Pequeñas piedras comenzaron a levitar, afectadas por la música. La
melodía se extendió por unos minutos y cuando Luke dejó de tocar, el ambiente
perdió ese brillo dorado, las piedras cayeron al piso y la hierba dejó de
moverse.
—¿Dal? Creo
que deberíamos seguir avanzando. ¿Estás bien? Pareces ida. — La voz de Luke se
quebró con una nota de preocupación. Notó la mirada de Dal, daba la impresión
de estar relajada, como si estuviese en un trance pacífico.
—Eso lleva la
expresión “la música es una magia poderosa” a otro nivel—La risa amable se
escuchaba en la voz de Dal, contrastando con el vergonzoso rubor en sus
mejillas. —La canción me hizo sentir poderosa. Fue más intenso de lo que sentí
cuando tocaste el acorde en la isla. Es como si recargara mi energía. Me inspiró
y me dio más ganas de llegar a ese volcán y ver de cerca el dragón. Creo que
podría usar la tableta para dibujar una brújula. Según lo que vi desde la isla,
por la posición del sol, deberíamos ir hacia el noreste. — Dal tomó la tableta
y empezó a dibujar una brújula con bastante detalle. La tercera línea de
energía desapareció de la pantalla al emitir la luz verde de CREAR. La brújula
descansaba sobre la mano de Dal.
Estuvieron
caminando por varios minutos. El terreno no era uniforme. Algunas raíces de los
árboles gigantes los hacían caminar por un lado mientras que otras los hacían
tomar una desviación. La brújula apuntaba al norte, por lo que deberían ir un
poco más hacia la izquierda. Cada uno cargaba una botella de agua de las que
trajo consigo la mochila. La caminata era dura, pero de alguna manera Dal se
sentía contenta y Luke compartía el sentimiento. Vieron algunos animales
pequeños, algunos eran ardillas comunes, pero otros parecían sacados de cuentos
de hadas. Encontraron una manzana, pero luego de verla más de cerca, tenía el
cuerpo de una pequeña culebra, la que usaba la forma de la manzana a modo de
caparazón. El verde de sus escamas contrastaba muy bien con el rojo del cuerpo
de la fruta.
—Mira, Luke.
Eso parece un campamento. — Dal señaló unos cuantos metros delante de ellos,
luego de haber caminado por unos treinta minutos en el bosque.
Habían llegado
a un claro en el bosque en el que había vestigios de haber sido usado como
campamento. Algunas tiendas de campaña estaban levantadas. Un círculo de
piedras mostraba el lugar en donde se había hecho una fogata. El hecho de haber
encontrado todo armado daba la impresión de abandono súbito. Alrededor del campamento se lucían unas rosas
color rojo intenso. El aroma en el aire era dulzón, casi embriagante. A pesar
de estar cerca a un arroyo, no había presencia de algún animal en las
inmediaciones del campamento.
Ambos
decidieron revisar los objetos que encontraron. Tal vez podrían encontrar algo
útil. Luke revisaría las carpas y Dal revisaría el lugar de la fogata. Dal
encontró huellas de zapatos. El perfume de las rosas era más intenso cerca a
donde estuvo el fuego. El bosque daba vueltas…no, no era el bosque, era la
cabeza de Dal, quien comenzó a sentir mareos y somnolencia. Cuando levantó la
mirada para recuperar de cierta forma su equilibrio, los rosales habían
estirado sus tallos. Una peculiar rosa se colocó delante de su cara. Un polen
rojizo emanó de los pétalos a modo de gas, rociando a Dal. Todo quedó oscuro
luego de eso…
Dal despertó.
Luke la sujetaba en sus brazos. El terror en su mirada se dejaba ver. — ¡Al fin
despertaste! Salí de las carpas y te vi tirada en el suelo. No supe qué hacer…yo…—Luke
comenzó a tartamudear tratando de asegurarse que Dal estuviera bien. — Creo que
esto no es un sueño…Mira tu tableta.
Débilmente y
aún recostada Dal revisó la tableta. Cuando dibujó la brújula quedaban dos
líneas en la barra de energía, pero ahora queda solo una barra y media. Con
dificultad, se sentó.
—¿Qué fue lo
que pasó? Recuerdo solo una rosa y polen. — Dal habló con dificultad. Tenía la
boca seca.
—Las rosas te
estaban rodeando. Tú no te movías y estabas con los ojos cerrados y tu tableta
estaba tirada a tu costado. No tuve otra opción… tuve que hacerlo. — Luke
señaló a su alrededor. Toda la vegetación alrededor del campamento, incluyendo
los rosales, se había convertido en ceniza negra. — Estabas en peligro. Toqué
mi bajo, con bastante rabia unas notas al azar. Unos listones de sombras
rodearon todo. Las plantas se quemaron sin fuego. Fue ahí que me acerqué a ti.
Tu pulso era débil. Tu tableta actuaba raro. Media línea de energía se estaba
agotando rápidamente. Toqué las mismas notas para generar la luz dorada, tal
como cuando encontramos a las aves, y fue en ese momento que tu pulso se
normalizó. Estuve tocando varios minutos y estaba perdiendo la esperanza, pero
el color regresó a tus mejillas. Creo que debemos tener más cuidado. Todo se ha
vuelto más real de pronto. — La voz se quebraba entre el miedo y el alivio que
Dal había causado en tan solo un momento.
Dal no dejaba
de mirar la pantalla de la tableta. ¿Su vida estaba asociada al aparato?
***
IV
No había duda
alguna. Debían buscar alguna manera de regresar a su mundo. Decidieron alejarse
del campamento. La música de Luke no solo había destruido la vegetación, pero
también causó daño irreparable a las carpas. Las pocas herramientas que
pudieron encontrar habían quedado inservibles. Afortunadamente, no hubo daño en
su mochila de provisiones. Tenían que pensar qué hacer y recobrar energías.
Comieron algo y decidieron que debían seguir la única pista que tenían. Ir al
volcán en busca del dragón. Sus instintos les decían que era la opción más
coherente.
El camino fue
tedioso. No conversaron mucho, cada uno absorto en sus propios pensamientos.
Demoraron una hora desde el campamento a la montaña que contenía el volcán. El
dragón que había estado sobrevolando en círculos, no se encontraba a la vista.
Buscaron alguna manera de ingresar a la montaña. Encontraron una apertura
aparentemente segura. Las paredes de roca se sentían frías al tacto y el camino
era empinado y escarpado. La roca en las paredes tenía gemas incrustadas.
Avanzaron en silencio, intercambiando miradas significativas de rato en rato.
El eco de sus pisadas se ahogó con un fuerte sonido de aire filtrándose.
Llegaron a la
parte alta. Una pared de cristal separaba un lago de lava de la sala a la que
habían llegado. Era una caverna circular con celdas distribuidas alrededor.
Dentro de cada celda se encontraban personas. Todas con la apariencia
desanimada de alguien que ya se rindió. Todos vestían con estilos similares a
los de Dal y Luke. El sonido del aire parecía venir de una plataforma en la
parte de arriba. Las personas detrás de las prisiones las miraban, algunas con
interés, otras con miedo.
—Váyanse antes
que el dragón regrese. No vale la pena. — Una mujer vestida con una armadura
pequeña y una gran espada en su espalda les habló desde una celda a su derecha.
Sus ojos ya no mostraban brillo alguno.
Dal y Luke se
acercaron. La persona parecía estar sana físicamente, pero su conducta era
apagada. — Llegamos a este lugar igual que ustedes. De seguro quisieron ver de
cerca al dragón. Pero es una trampa. Ese dragón no escupe fuego. Se alimenta de
nuestra pasión y nuestra inspiración. No nos queda ganas de hacer nada.
Intentamos defendernos, pero no tenemos fuerzas. Mírenme, soy una guerrera que
no tiene energía si quiera para levantar su propia espada.
—¿Cuál es tu
nombre? — Dal preguntó en un susurro.
—De qué sirve
darles nuestros nombres si todos estamos atrapados aquí. — Un hombre vestido
con textura animal y un látigo interrumpió desde la celda a su izquierda.
Los demás
ocupantes de las celdas murmuraron en acuerdo con las palabras del hombre. El
aire aumentó su velocidad. Ya no parecía una brisa. Los prisioneros dieron un
último suspiro de terror y se callaron. Sin que Dal y Luke lo notaran, un
dragón estaba volando sobre ellos a varios metros. La plataforma que habían
visto al ingresar era el nido del dragón, quien evidentemente había despertado
al oír las voces.
Dal y Luke se
separaron para buscar refugio en las rocas. El dragón succionó el aire y de las
celdas salió una niebla plateada. La mujer de la espada cayó de rodillas, aún
más desanimada. Dal la pudo observar desde su escondite. El dragón no los había
visto. Luke había escuchado una leyenda sobre la pobre visibilidad de los
dragones. Los poderes del dueño de la caverna no les afectaron. Debía ser
porque no estaban en las celdas. Dal tuvo una idea. Luke la miró y comprendió
las señas que Dal le hacía con las manos. Dal hizo las mímicas de tocar el bajo
y luego un movimiento de mano hacia abajo.
El dragón
descendió y se posó en el suelo, mirando con sus ojos morados las celdas. Su
cuello serpentino se doblaba sinuosamente y acercaba su hocico a las jaulas,
como revisando cada una. Aleatoriamente succionaba el aire frente a alguna
celda y consumía la niebla plateada, recién robada de su dueño. En cada
oportunidad el reptil alado se relamía la boca con su lengua bífida.
Era ahora o
nunca, si el dragón los atrapaba no tendrían otra oportunidad. Luke saltó
delante de la roca en la que se estaba ocultando y comenzó a tocar su bajo.
Listones negros envolvían al dragón y los barrotes. Luke tocaba con mucha
pasión su réquiem metálico. Las alas del dragón se quemaron por zonas pequeñas,
dejando algunos agujeros esparcidos en la membrana. Los barrotes se hicieron
polvo. El débil dragón, intentó atacar. Dal sacó su tableta y dibujó una cadena
de eslabones gruesos. Al darle CREAR, la cadena verde se materializó y atrapó
del cuello al dragón. Media barra de energía se estaba agotando.
El guardián de
la caverna intentó succionar nuevamente la niebla plateada para recuperar
fuerzas. — Oh, no lo harás lagartija del demonio. — Luke gritó mientras
cambiaba la tonada de su bajo. La luz dorada invadió cada celda. El dragón se
mostraba incómodo. La música suave lo lastimaba más que las notas corrosivas. A
Dal se le ocurrió una idea tan loca, que podría funcionar. Tomó su tableta, y
utilizando la poca energía que le quedaba dibujó varias líneas. Cuando dio
CREAR un pequeño amplificador de sonido, como un parlante, se fusionó con el
bajo de Luke, mejorando la acústica del concierto.
La melodía
resonaba con fuerza. Se oían movimientos en las celdas. El dragón miraba
aterrado como sus prisioneros se recuperaban y abandonaban sus prisiones. El
hombre del látigo se acercó a su captor y lo miró directamente a los ojos, como
hipnotizándolo. La mujer de la espada la tenía preparada en posición defensora ante
cualquier eventualidad. Los ojos del nuevo cautivo se pusieron en blanco. Todos
los estímulos eran demasiado para la criatura. Gruñó y se quedó dormido. La
cadena desapareció.
—Tú música nos
ayudó a recuperar el ánimo. Yo soy Diana y él es Luis. Ambos llegamos juntos a
este mundo. Gracias por salvarnos. La mujer de la espada se presentó mientras
los otros prisioneros se acercaban lentamente.
— Ese dragón
nos atrapó una noche mientras acampábamos cerca. Nos aprisionó hace varias
semanas y desde entonces se ha estado alimentando de nosotros. No es que sea el
único peligro. Ya estábamos algo débiles por las rosas cercanas al campamento,
pero descubrimos que la fogata evitaba que el polen nos afecte. —Luis comentó.
Luke pensó en su interior que el rol que le había tocado a Luis era el de un
domador de animales. El látigo y la hipnosis en el dragón le confirmaron sus
sospechas.
Dal estaba
cansada. La tableta ya no tenía líneas de energía. Una niña pequeña se alejó
del grupo de prisioneros y se acercó a Dal. — Soy Sofi. Bebe esto te ayudará un
poco. —La niña le dio una botella con un líquido dorado como la miel. Dal bebió
un poco y sintió sus fuerzas físicas recuperadas. La tableta brilló como si se
hubiera recargado. Tenía una renovada línea de energía.
—Nuestras
armas están relacionadas con nuestra fuerza vital. —Diana explicó mientras le ayudaba
a levantarse a Dal. — Sofi era la curadora que conocimos ya estando en este
mundo. Puede curar cualquier herida, pero no podía usar su pócima para
ayudarnos mientras estaba en su celda.
Dal miró su
tableta nuevamente y con renovadas fuerzas comenzó a dibujar. Todos los
prisioneros la rodeaban, mirando con curiosidad a Dal trabajar con tanta
concentración. Luke estaba a un lado conversando con Luis. Conocía lo
suficiente a Dal para saber que había tenido una idea loca y que era mejor
dejarla trabajar.
Varios minutos
después, Dal mostró satisfacción en su rostro. Presionó el botón CREAR. En la
pared de la caverna apareció una puerta con un cartel que decía SALIDA. Luke no
pudo aguantar el ataque de risa. Era tan simple y a la vez tan genial. Se
acercó a Dal y vio la pantalla de la tableta. Estaba el dibujo de la puerta con
indicaciones escritas. —¡Gente! Nos
vamos a casa. Dal ha creado nuestra salida. ¡Miren! —Luke le mostraba a los
demás la tableta. Entre las indicaciones había una que decía, todo aquel que la
cruce llegará a su lugar de origen.
Los gritos de
alegría entre los prisioneros hicieron eco en la caverna. Uno a uno, los más de
doce prisioneros fueron atravesando la puerta. Al final solo Dal y Luke
quedaron.
—Fue un gusto
conocerte, Luke. Ojalá podamos vernos nuevamente. — Dal se sonrojó levemente.
Luke ya estaba cruzando la puerta.
La respuesta
de Luke quedó opacada. Su rostro sonreía y no se escucharon las palabras porque
Luke ya había cruzado y dejado atrás este mundo distinto. Dal cruzó la puerta esperando alcanzar a
Luke.
***
V
Había pasado
una semana desde la aventura de Dal. Su cliente estuvo muy contento con las
ideas frescas y fuera de la caja que le presentó y cerraron las últimas
modificaciones. La impresión del material gráfico estaba programada para el
inicio de la siguiente semana. Dal decidió revisar sus redes sociales. Vio una
invitación de amistad con un mensaje de Luke: “Hola Dal. Te encontré por acá.
Oye, si no tienes nada que hacer el viernes tengo un concierto con mi banda. Me
gustaría verte…”
Dal releyó el
mensaje con una sonrisa, dio aceptar a la solicitud de amistad y le escribió
para pedir más detalles acerca del concierto.
