lunes, 11 de mayo de 2026

El último juego

 


 

 

Nuestro destino era enfrentarnos eternamente. Tuvimos el mismo balance del bosque que podría ser consumido por el fuego; del fuego que podría extinguirse con el agua; del agua que sería absorbida por el bosque.

 

Siempre que nos enfrentábamos era como un juego de niños. No podíamos vencernos del todo; teníamos el acuerdo tácito de no atacarnos por ser inútil: él era el creativo, ella demostraba una mente afilada y yo poseía la agresividad.  Podría traducirse en Espíritu, Mente y Fuerza. Pero todo dejó de ser juego.

 

Yo quise conquistar y usar mi poder. A lo mejor podría vencer, pensé. Pero no fui rival. Él me abrazó con amor. Sentí asfixia, pero una vez que cedí, sus caricias me calmaron. Aunque él se notaba cansado y envejecido, no dejó de sostenerme. Tal vez ella atacó por celos. Yo descansaba cuando ocurrió. Cuando desperté, vi el corte irremediable e irregular. ¿Cómo pudo acabar con la vida de alguien tan lleno de amor?

 

La perseguí y al encontrarla no perdí tiempo. Ella me pidió clemencia, pero mi corazón estaba endurecido por la rabia y mi venganza. Destruí su vida con facilidad. Aplasté sus últimas ideas y me deshice del filo más grande.

 

Ahora vivo una condena. La culpa me invade cada día. Éramos rivales, pero ahora sé la verdad. Había balance y respeto. Ahora solo queda mi soledad y estos recuerdos: los cuerpos de ambos yacen en mi patio.

 

Solo yo soy responsable. Yo ataqué al papel, el papel me envolvió con cariño, la tijera lo asesinó de un solo corte celoso y yo la destruí a ella con mi pesa de piedra.

 

¿Qué hice, mis queridos enemigos? Los he perdido y con ustedes se fue mi propósito de vida. Extraño esos juegos de niños que ya no regresarán.

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