miércoles, 20 de febrero de 2008

Incomunicado y Dedicando a ChibiNeko

Es realmente increíble lo dependientes que somos los humanos a algo meramente llamado Línea Telefónica.
Desde el día de los enamorados a las 9 que no cuento con línea en mi casa. Ustedes dirán y eso qué? Pues me afecta la conección al Internet, por lo tanto no he podido chequear cosas que necesitaba ver.

El trabajo aumentó por lo que tampoco pude darme un saltito desde la oficina U_U'. Sin embargo, ahora publico algo dedicado a Mi amiga Maria Luisa. Lo escribí hace uff!!!!!! (el 20.12.2004) pero me sirve de ejercicio revisar mis escritos y compararlos con los de ahora.
Lo coloco sin corregir para que puedan ver mi evolución.

Pequeña Felina:
Pequeña felina color nieve
Pequeña felina que escribe con su garra
Derecha.
Pequeña e irreverente amiga que muestra
Lo cómico de la vida.
Pequeña amiga que habla del amor
Pequeña amiga que escribe con pasión
Pequeña gata, largos y sublimes escritos
Poesía en Prosa, literatura bella
Amor en las letras y la imaginación
Aparece cuando sus dedos bailan sobre el teclado
Regalos, cartas, armaduras, una hoz o espadas de un padre,
No importa el tema, pequeña
Lo importante es que mi pequeña y felina amiga
Toca las almas.
Un poema no gráfica
La ternura de la pequeña felina dama

martes, 12 de febrero de 2008

FUTURO PERFECTO


En el curso con Carmen Ollé sí que nos hacen escribir. Los últimos ejercicios fueron narrar en Primera Persona. Ahora es en tercera. A mí personalmente me agrada mucho usar esa técnica.
La historia que escribí se llama Futuro Perfecto. La tenía metida en mi cabeza por muchas horas.
Me agrada el resultado. Espero que a ustedes también.



FUTURO PERFECTO


Hemos preparado a los hombres para pensar en el futuro
como una tierra prometida que alcanzan los héroes,
no como lo que cualquiera alcanza a
un ritmo de sesenta minutos por hora, haga lo que haga.
-
Clive Staples Lewis



El futuro es tan incierto que es muy difícil predecir a ciencia cierta lo que pasará ya que existen demasiadas posibilidades como para poder manipularlas hacia un solo fin. Sin embargo, a lo largo de la historia han existido personas capaces de interpretar correctamente algunas posibilidades escritas en el turbio lienzo del tiempo.

Javier siempre fue una persona insegura de sí misma, incapaz de tomar la fuerza necesaria para conducir su destino. Desesperado por no encontrar una salida a su dilema amoroso, decidió consultar con una profesional. Le habían dicho que esta gitana, de nombre Jade, siempre acertaba. Que cuando algo malo salía en su tarot, ella podía corregirlo. Todo lo que predecía se hacía realidad. Era hora para Javier de hacerle una visita a tan afamada pitonisa.

***



Jade se encontraba esperando a Javier en sus aposentos, que no podían diferir más del típico centro esotérico que caracterizaba a la mayoría de los videntes, muchos de los cuales eran sólo fraudes. El lugar no estaba adornado con las velas tan usadas en el fino arte de predecir, ni con esos olores tan intensos a incienso. Todo lo contrario, parecía ser una casa común. Ni muy grande ni muy pequeña. Lo único que podría llamarse esotérico era el mazo del tarot que descansaba sobre una mesa redonda. La sonrisa de Jade cuando el joven entró haría pensar que ya lo conocía desde antes.

Los nervios eran notorios en Javier. Era imposible creer que la mujer que estaba frente a él pudiese aconsejar sobre el futuro. Javier quedó impresionado por un instante por la belleza tanto del rostro como del cuerpo de la mujer.

Jade tenía unos 25 años en apariencia, la misma edad que Javier. Sus ojos eran abiertos, de mirada penetrante y de un intenso color miel, que junto a su piel bronceada, su cabello marrón y labios gruesos y carmesí, adornados por un lunar a lo Marilyn Monroe, la mostraban como una mujer sensual. No usaba atuendos que la pudiesen delatar como gitana. Los clásicos aros grandes a modo de aretes no se encontraban, ni la pañoleta ni la blusa sin hombros. Es más, vestía unos jeans a la cadera que dejaba ver el tatuaje tribal en donde muere la espalda y una ceñida camiseta celeste que le cubría hasta por encima del ombligo. Más que una gitana, parecía una joven común y corriente.

Como si estuviera leyendo la mente de Javier, Jade dijo con su tono de voz profundo –No estés nervioso. Las estrellas están en la mejor de las posiciones. Te aseguro que tu futuro será lo que tú esperas. Toma asiento y empecemos.

Con miedo Javier tomó asiento frente a Jade con la mesa entre ellos. El sudor frío empapaba la espalda del joven hombre. Sus grises y pequeños ojos recorrieron la sala para encontrar un poco de tranquilidad y armarse de valor para preguntar lo que tanto deseaba conocer.

-Cuéntame, ¿en qué te puedo ayudar?- la voz de Jade sonaba apaciguadora mientras barajaba sus cartas.

-Soy Javier y quiero saber si estaré junto a la mujer que amo. Ella creo que no sabe que existo pero la he amado desde siempre.-la trémula voz del joven apenas sonaba más alto que un susurro.

-Muy bien Javier, veamos. Por favor baraja las cartas y corta el mazo en mitades.-Algo en la voz de Jade parecía hipnotizar a Javier- pero antes tenemos que acordar el pago. No te pediré dinero. Mi pago lo cobraré cuando todo el futuro que deseas se cumpla. Te cobraré algo que valga lo mismo que tu felicidad, algo que me pueda ayudar a seguir ayudando a las personas a conseguir el futuro que quieren. Si no cumplo con el futuro perfecto que deseas, no te cobraré nada. No te asustes, no te pediré a tu primer hijo ni nada por el estilo-agregó Jade bromeando mientras le pasaba a Javier un pergamino sobre la mesa junto a las cartas.

Luego de firmar el pergamino sin mirarlo si quiera con una tinta dorada que le dio Jade, Javier barajó las cartas. Las separó como se lo había indicado. Jade comenzó a colocarlas sobre la mesa, una posición de aspa. Javier no pudo evitar notar lo raras que esas cartas eran. Había visto antes las cartas que representaban a los arcanos mayores, pero éstas parecían estar hechas por varios tipos de barajas. Algunas, como la que representa a La Torre, eran comunes. Pero otras, como la carta de La Emperatriz, parecían ser más realistas, más humanas, como si el artista hubiese podido graficar a una persona con todas las facciones tan difíciles de dibujar sobre un cartón tan pequeño. Estas brillaban más que las otras. Pero sería un juego de las luces posiblemente.

Las preguntas no se hicieron esperar, y aunque Javier no entendía mucho de eso, le parecía extrañamente mágico que cuando Jade le mostraba alguna carta en particular que significaba algo malo, sin tocarla si quiera, ella podía cambiarla a una mucho más prometedora. Un brillo morado en la figura precedía cada cambio de carta. Jade tenía un sobrenombre “La tejedora de Futuros”. Era evidente que la habilidad de Jade tenía bien ganada su fama. Cambió la carta de La Rueda de La Fortuna por La Templanza; la carta de La Luna, que había salido invertida, por la carta de El Mago entre otros cambios que Javier ni se atrevía a preguntar. Realmente estaba completamente desesperado por el amor de Melissa, la dueña de su corazón.


-Serás feliz con Melissa. Te casarás con ella el próximo año y ambos vivirán en un departamento en la zona más exclusiva de la ciudad. Ambos abrirán un prospero negocio de joyas. Tendrán tres hijos, dos hombres y una mujer. Ellos viajarán y harán una próspera vida en el extranjero. Ustedes no tendrán discusiones fuertes y vivirán hasta viejos, siendo la envidia de todos. La salud de tu familia será excelente. Ni resfriados comunes los atacaran. Todo empezará a tomar forma exactamente el día de los enamorados, en una semana.- Con su voz profunda Jade anunció la predicción final. Algo extraño había en esa sonrisa. Parecía demasiado satisfecha.

Javier estaba tan emocionado por lo que acababa de escuchar que no notó cuando se iba que los ojos de Jade lanzaron una mirada hambrienta y su rostro se adornó con una sonrisa burlona.

***

Los años pasaron, una a una las predicciones de Jade se hicieron realidad. Javier se casó con Melissa. Los tres niños crecieron. Cada uno tenía los ojos azules de su madre y el cabello negro de su padre. La niña se llamaba Elena, el hijo mayor Patricio y el menor de todos fue nombrado Alex. El negocio de las joyas era el más visitado. Su exclusiva clientela gastaba grandes sumas de dinero. Su casa era grande. Todo según lo que arrojaron las cartas.

Una noche sin estrellas el timbre sonó. Javier y Melissa ya una pareja de 80y 79 años respectivamente, estaban sentados en la sala. Acababan de hablar con sus hijos en España. No había novedad. Javier se acercó al umbral para abrir. Desde la puerta cualquier visitante podría ver a Melissa sentada en el sofá leyendo.

Parada en medio de la noche con la luna iluminando su rostro, se encontraba Jade. Javier se sorprendió al verla. Su rostro no había cambiado en nada. Seguía teniendo esa juventud de cuando se conocieron. Pero eso era imposible ya que Javier hubiese jurado que tenían la misma edad y ahora el cabello Negro de Javier estaba lleno de canas y su rostro de arrugas.

-Hola Javier. Hola Melissa.- Jade saludó a los dos. Era obvio que también conocía a Melissa de alguna parte.

-¿Jade? ¿Ustedes se conocen?-La voz envejecida de Javier logró decir. Aún no salía del asombro. Jade aún joven-¡No has cambiado ni un poco!

-¿No te parece interesante como obra el universo? Melissa llegó a mi puerta una hora antes que tú llegaras y me hizo las mismas preguntas que tú. Digamos que me sé cuidar bien. Sé cómo alimentarme para mantenerme joven.-Jade agregó con una sonrisa.

-Pero… pasa… pasa- Javier se hizo a un lado para que la joven pitonisa entrara en su sala.

Una vez dentro de la casa, Jade se sentó sin esperar invitación. Llevaba consigo un bolso pequeño.-Quería ver si estaban contentos con sus futuros. Por lo que veo consiguieron el amor del otro, una bonita casa y veo que sus hijos son muy hermosos. ¿Les pregunto consiguieron ser felices?-la voz de la joven mujer había abandonado toda cordialidad y asumió un tono más de negocios.

-Sí somos muy felices. No sabes lo mucho que te debemos. No sabemos cómo agradecerte. Tú fuiste quién predijo que seríamos felices. Y lo somos. Recuerdo que pudiste cambiar incluso las cartas que no decían algo tan bueno-la voz de Melissa sonaba sincera. Sus ojos llenos de lágrimas de felicidad.

-Me alegra escuchar eso, querida Melissa. Te dije que confiaras. Y tú Javier, ¿conseguiste lo que querías?-La sonrisa de Jade hacía desaparecer su lunar. Sus ojos mostraban el mismo brillo hambriento. Sus manos sujetaban fuertemente su bolso. No lograban ocultar su excitación.

-El día que te conocí todo cambió. Me diste la seguridad que tanto me faltaba. Sí soy el hombre más dichoso del mundo. Todo gracias a tu don.-Javier parecía haber olvidado el detalle de la edad de jade. Pero no podía negar que todo se había vuelto realidad.

-Perfecto…Entonces es justo que cobre lo que me deben. De acuerdo a nuestros contratos-Jade abrió su bolso y sacó los pergaminos y se los entregó a sus correspondientes dueños.

-Claro. Claro. Dinos cuánto es. ¿Deseas joyas?-Javier sacó su chequera. Definitivamente no había precio para la felicidad que sentía.

-No tengo uso para esas cosas tan mundanas. Tengo mis propias joyas. Y dinero no me hace falta. El precio que pactamos fue equivalente a su felicidad. Así que ya comprobé que son felices. Vengo a reclamar algo que se ha fortalecido con tanta alegría y dicha.-Jade sonaba excitada. Su respiración se hacía entrecortada. Sus manos encontraron su mazo del tarot dentro de su bolso y formando un abanico con las cartas, las mostró a Melissa y Javier.-Vengo a reclamar sus almas.

Parecía una broma. De seguro la gitana estaba hablando en su estilo místico. Por lo menos eso pensaron Melissa y Javier que comenzaron a reírse silenciosamente.

-No es broma. Las almas felices son mi sustento. Les dije que me sabía cuidar. Las almas felices me conservan joven por siempre. Además necesito cambiar esta carta que está muy vieja. –Jade retiró la carta de Los Amantes, que era una carta común y corriente en su baraja mixta, y se la mostró a los dos ancianos.

Todo ocurrió muy rápido. La carta brilló con el mismo color dorado de la tinta en los pergaminos. El destello envolvió los cuerpos felices y añejos de la pareja. Sus almas estaban siendo aspiradas a través de sus ojos, las ventanas del alma. Sus cuerpos se convertían en luz. Pronto no quedó cosa alguna donde estaban sentados. En la mano de Jade una carta nueva. La carta de Los Amantes, hecha con maestría, mostraba un dibujo de una mujer con el rostro de Melissa abrazando por detrás a su amante, un dibujo de Javier. Ambos conservaban la edad en la que firmaron el contrato con Jade. Cada uno mostraba un rostro inexpresivo. Él con sus ojos grises y cabello negro; ella con su melena roja y ojos azules. Sus manos estaban encadenadas a las manos del otro por esposas. La gitana se relamió los labios mientras salía a la calle, dejando en el suelo la antigua carta común y corriente que Javier y Melissa habían reemplazado.

No había caminado ni una cuadra cuando su celular sonó.-MMM ¿Temes morir? No te preocupes búscame mañana y cambiaremos eso, Daniel…-Jade acariciaba la carta común y corriente de La Muerte mientras conversaba y pensaba para sí que su tarot seguiría mejorando…


Bye!

martes, 5 de febrero de 2008

Psique Y Eros


Continuando con las dedicatorias: Esto es una reseña de una noche de cómo sería el romance de Eros y Psique. Dedico este pequeño regalo a mi buena Amiga Nady (Psique). Estuvo guardado en mi disco Duro.

PSIQUE Y EROS

Miles de mariposas multicolor revoloteaban por el jardín lleno de flores. Los amantes nuevamente se entregaban el uno al otro. El saco de flechas de Eros estaba en el piso desordenado junto al vestido blanco de Psique. La noche era oscura y nada podría ser visto a no ser por el brillo de la Luna llena.

El aroma de los narcisos se desprendía conforme los amantes se acariciaban recostados sobre las flores, desnudos en una belleza perfecta. Los suspiros eran acompañados por el silencioso revoloteo de las mariposas. Unas pequeñas luciérnagas brillaban y se reflejaban en las sudorosas pieles de los amantes.

Eros recordaba que su madre Afrodita le había ordenado causar que Psique se despose con el ser más repugnante, pero la belleza de la joven lo hizo desobedecer a la Diosa de la Lujuria y el Amor. ¿Cómo alguien podría osar lastimar a tan bella mujer? Él nunca lo permitiría así tenga que enfrentarse a todo el Olimpo, él haría feliz a Psique.

Psique sonreía a su amor, pues al ser tan bella muchos le temían, e incluso la consideraban inalcanzable. La pobre mucha había pasado por muchas pruebas impuestas por su suegra. Pruebas que podrían competir con aquellas impuestas por Hera para Hércules.

Las manos masculinas del joven y hermoso Dios sabían lo que hacían. Las caderas de Psique eran acariciadas con delicadeza, mientras sus labios eran invadidos por el apasionado beso de Eros. Era una danza de a dos, una danza hecha únicamente para ellos dos. El amor que Eros tenía por su esposa no haría a nadie recordar aquel mal entendido que tuvieron hace tanto tiempo, cuando Psique, siguiendo los consejos de sus hermanas, desconfió de su amante nocturno e intentó descubrir su identidad, causando la rabia del Dios.

Como dicen cuando el amor es verdadero, nada puede evitar que se unan los amantes, como si fuese alquimia fusionándolos en un solo corazón. Psique, aparte de su belleza, poseía la fuerza para luchar por su amor contra quien sea , como bien lo demostró, no solo ganándose el favor de Eros y la inmortalidad regalada por Zeus, si no también el respeto de la envidiosa Afrodita, pues Psique demostró ser digna de su hijo

Los jadeos aumentaban, mientras Eros se introducía en su mujer. Psique mordía suavemente los labios de su esposo y arañaba sutilmente la ancha espalda de quien la invadía de lujuria y pasión.

Solo Hades se compara a Eros en su fidelidad con su esposa, pues aunque sea el encargado que los mortales se enamoren, nunca osaría serle infiel a su hermosa dama.

El placer los invadía a ambos mientras las mariposas revoloteaban. El fruto de su amor, Voluptuosidad, no se encontraba en los alrededores por lo que podrían disfrutar de una noche de entrega total a sus anchas.

Psique retorcía su espalda de placer mientras su marido sujetaba sus caderas, lamiendo los pechos de su mujer. El alma de Psique se unía a la de Eros en un momento de placer, romanticismo y erotismo, todo mezclado en uno.

Ambos amantes estaban a punto de llegar al clímax, al punto donde no son necesarias las palabras, aquel punto en el que los ojos dicen “Te amo”. La hombría de Eros se hinchaba dentro de su mujer en el momento que el orgasmo lo invadía.

Sería la última noche en mucho tiempo en que Psique podría compartir algo así con su marido. Era la época del año cuando Eros trabajaba más era el inicio de la primavera y serían 3 meses antes que su marido regrese. Sólo las mariposas, símbolo de la vida, le aliviarían la nostalgia pues las bellas flores voladoras son el recuerdo de las pruebas que Psique tuvo que pasar para conseguir recuperar a su amado.

Eros explotó y Psique llegó al clímax a la vez. Ambos se quedaron recostados sobre el bello jardín , respirando el aroma de las flores y viendo volar a las mariposas y luciérnagas. Eros se quedó dormido sobre el cuerpo de su esposa, quien no quería perder ni un segundo valioso que tenía para verle, para cuidarlo. La cabellera rubia de Eros era acariciada por los largos dedos de la suave mujer. Una mirada de ternura al verlo pues parecía un bebé durmiendo. Psique se quedaría observando a su amante toda la noche, acompañada por la Luna, las mariposas y las luciérnagas y el delicioso aroma de las flores y de haber hecho el amor mezclados en uno.

El sol salió y Psique despertó arropada en una sábana de seda color rosa. Su marido se había retirado a sus labores pero en su lugar había una hermosa rosa encerrada en un cristal. La rosa funcionaba como un reloj de arena. Con cada pétalo carmesí que caía, el día en que Eros esté de vuelta con su amada, se iría acercando. Una triste lágrima se asomaba por cada uno de aquellos ojos color violeta y un suspiro resignado. Una sonrisa triste en sus labios porque recordaba que su único amor la hizo suya otra vez. Una rosa que simboliza la esperanza que el alma necesita para esperar a que regrese el amor...

viernes, 1 de febrero de 2008

Juguetona Ironía


Dedico este relato a Jen Thorndike quien tiene cierta fascinación por las muñecas. Este iba a ser presentado en mi taller de Creación literaria pero no tuve mucho tiempo para corregirlo. Ahora sí lo está así que lean


Juguetona Ironía


¡Y pensar que yo hacía lo mismo que ella me hace ahora! Me duele la forma tan brusca con la que acaricia mi cabello. Y lo peor es que no puedo hacer nada más que mirarla mientras juguetea conmigo.

Extraño mucho aquella época en la que era una niña de quinto año de secundaria y me preocupaba por aprobar Razonamiento Verbal. ¡Parece tan lejana! Pero en realidad no ha pasado mucho tiempo desde que el espíritu de la travesura o el Karma o no sé quién me castigó con tanta ironía.

A veces pienso que estoy soñando. Pronto me despertará mi mamá para ir al colegio. Pero ya es tiempo de aceptar que nunca despertaré de esta pesadilla.

Siempre me encantó jugar con muñecas. Tengo bastantes en mi cuarto. Pero no siempre fui una chiquilla delicada con ellas y aunque me cueste aceptarlo creo que mi mamá tenía razón cuando me decía que cuidara mis cosas. ¡Cuánto me arrepiento de mi dizque inocencia!

Todo empezó con esa caja de sorpresa musical que encontré en mi cama cuando regresé del colegio ese martes por la tarde. Pensé que era un regalo. Era una de esas cajas de madera en las que giras una manija dorada y una melodía suena hasta que algo salta del cubo.

La música parecía hipnotizarme con su ternura circense. Mis muñecas Barbie habían perdido mi interés y también sus bracitos y piernas gracias a mí. Algunas se volvieron calvas, otras no tenían manos y otras ni siquiera parecían muñecas. Todas ellas muertas por mi mano, por mis juegos. Nunca me importaron mucho. Siempre recibía muñecas nuevas.

Yo seguía girando y girando la manija al ritmo de esa tonada tan inquietantemente dulce. Creo que mi mamá me había llamado a comer, pero no estoy muy segura de eso. Bueno no es que preste mucha atención cuando mi mamá me llama.

Tan “hipnotizada” estaba con la cajita que nunca noté que con cada vuelta aumentaba su tamaño un poco más. La melodía se hacía más aguda, más siniestra, pero me gustaba mucho. Me recordaba mis juegos con mis muñecas.

Un títere con forma de arlequín con un traje azul y rojo saltó de la caja con la última tonada. Su sonrisa burlona me cautivó pero pronto me asustó. Ese payaso cobró vida y abandonó su cúbica prisión de madera, que ya había crecido demasiado.

La risa del bufón sonaba en mis oídos. “Juguemos” me dijo con su sonrisa de oreja a oreja.

Se ganó mi confianza con sus gestos delicados. Era sólo un juego: Bailamos un vals al ritmo de la melodía de su caja, que había empezado tan pronto acepté jugar. Su risa aguda me atormentaba y el sonido a campanas que hacía al moverse me perturbaba pero yo quería seguir jugando un poco más. El baile me motivaba la memoria. Recordé mi primera muñeca, la pobre Barbie Bailarina que sufrió un pequeño accidente cerca de la licuadora cuando, según yo, se había portado mal. Me hizo trenzas en mi cabello y me pintó chapas rojas en mis cachetes con mi maquillaje. Comenzaba a besar mis manos. Sus labios se sentían tibios en mi piel.

Después de un rato ya quería parar. Estaba cansada. Decidí decirle a mi nuevo amigo que se detenga, pero mis labios no se abrían. Estaban cerrados en una mueca parecida a una sonrisa. Me asusté mucho. Quería correr pero mis piernas estaban tiesas. Mi piel se sentía dura y fría. Mis ojos se volvían vidriosos.

La risa del mamarracho era más burlona y sus ojos me miraban hacia abajo. Creí que mi cuarto se hacía más grande pero era yo quien me encogía mientras las burlas y la música se mezclaban.

De ese día ya no recuerdo nada más. No sé cuánto tiempo ha pasado. Fue como cerrar los ojos. Todo se volvió negro. Sólo recuerdo desde que vi a esta niña que me lastima cuando me peina, cuando se miraba al espejo. En su mano estaba yo, del tamaño de una Barbie, vestida con mi uniforme de colegio, con unas trenzas y chapas ridículas, mis labios cerrados y mis ojos vidriosos y mi piel hecha de plástico.

Ahora comprendo que las muñecas no son sólo eso. Mi alma está atrapada al igual que mi mente. No puedo gritar. Ahí va un mechón de mi pelo. El peine que usa la niña me ha arrancado un mechón bastante grande.

Parece que se aburre de mí. Me lleva al jardín. Ahora que lo pienso, no he visto otra muñeca en su cuarto. Hay un rosal muy cargado cerca de una mancha sin plantas en el jardín. Sólo era tierra y un conjunto de palitos de helado enterrados verticalmente. Veo como escarba un agujero pequeño. Ahora entiendo impotente el por qué de la falta de muñecas en su cuarto. Pero no estaré sola. Pronto me hará compañía esta niña. Mientras me cae la tierra en el rostro veo la caja de madera con manija dorada aparecer al costado de mi sepulturera...



BYE