sábado, 27 de marzo de 2021

El secreto

 


Jorge siempre había tenido una gran conexión con su mejor amigo Ramiro cuando estudiaban juntos. A pesar de haber sido inseparables en el colegio, la vida se encargó de llevarlos por distintos rumbos, causando que esa conexión se quebrara sin darse cuenta. El tiempo es cruel y sutil. A veces 20 años pueden parecer una vida entera y otras veces la sensación puede ser como un pestañeo.

Jorge tenía que hacer unas compras personales en el centro comercial. Había ingresado a una tienda de video juegos y escuchó una voz que reconocería en cualquier lugar. ¿Cuáles eran las posibilidades que después de tanto tiempo Ramiro esté en la misma tienda que él? Cuando se acercó a la caja para salir de dudas, notó con satisfacción que seguían teniendo cosas en común. Ramiro estaba comprando el mismo juego que Jorge buscaba. Es bueno ver que algunas cosas no cambian.

- ¿Ramiro? - Jorge preguntó para comprobar sus sospechas

- ¡Pero si eres tú Jorge! ¡Qué gusto! No nos vemos desde… - Ramiro se recupera pronto de la breve sorpresa que le causó escuchar la voz de su amigo.

- Desde que salimos del colegio. Se te ve muy bien. ¿Qué ha sido de ti? – Jorge no podía controlar su emoción, tanto así que habló sobre las palabras de Ramiro.

- Bueno, tengo mi negocio de venta de computadoras. Me casé. ¿Te acuerdas de Melissa, la de la promo? Bueno llevamos casados unos 5 años. Fue loco, porque en el cole ni nos mirábamos. – Ramiro comentó con una sonrisa grande dibujada en sus labios.

- ¿Ni se miraban? Parecía que se odiaban. – Jorge respondió con sarcasmo en su voz - ¿Sabes? Siempre quise decirte que…- la duda reemplazó la sorna en la voz de Jorge.

- Jorge, me ha encantado verte, pero debo volar. Quedemos para un café en la semana y me cuentas. ¿Te parece? – Ramiro se disculpó mirando su reloj. Parecía nervioso por algo.

-Claro, me avisas y coordinamos anota mi número…- Jorge respondió con algo de tristeza en su voz.

Luego de despedirse, ambos hombres se quedaron pensando en esa coincidencia tan extraña. ¿Cómo podrían haberse encontrado luego de tanto tiempo sin contacto?

Jorge no pudo confesar que desde el colegio siempre estuvo enamorado de Ramiro. Ramiro se puso tan nervioso al ver a Jorge que se fue guardando en su mente el secreto más grande: siempre quiso estar con Jorge, pero como no vio nunca interés en él siguió su vida y se casó.

La vida es irónica, y el simple hecho de intercambiar teléfonos, podría abrir muchas puertas que antes no se abrieron por no contar esos secretos al que fue tu mejor amigo. Solo queda ver por dónde los lleva a este par de mejores amigos.

 

 

El Naufragio

 


 

Caminando por la playa, bajo la luna ensangrentada de julio, encontré un cuerpo a orilla del mar.

 

Su belleza andrógina no permitía distinguir si era hombre o mujer. No importaba. Su desnudo cuerpo estaba cubierto por algas. Su pecho se levantaba suavemente. Aún respiraba. Cuando me acerqué a sus labios para oírle suspirar distinguí tres aromas en su aliento: la fragancia afrutada del vino; el olor del agua salada y el inconfundible perfume del sexo.

 

No se veía otro sobreviviente. Su juventud hacia ver su rostro como una fusión de equilibrio entre lo angelical y lo diabólico. Sus facciones eran inocentes y crueles. Parecía dormir apaciblemente. Soñando con misterios ocultos.

 

El mar estaba agitado, influencia de la super luna. Su vida no peligraba, aunque su piel mostraba algunas heridas no muy profundas. Su cuerpo descansaba sobre dos maderas, puestas por el capricho marítimo en forma de cruz.

 

Me quedé a su costado, no sabiendo cómo reaccionar. Cuando quise tapar su cuerpo desnudo con mi abrigo, sus ojos se abrieron de par en par y escupió un poco de agua de mar. Tomó  mi mano y con delicadeza me dijo: Usa la luz y la obscuridad para luchar contra el mal. Su voz era suave y ambigua.

 

Sin nada más, la víctima del naufragio volvió a cerrar los ojos. Debo haberme dormido por la impresión, pero al despertar con el primer rayo de sol vi unas huellas en la arena. Se internaban en el mar. Las olas habían devorado nuevamente a su víctima, solo que esta vez parecía ser un acuerdo mutuo.

 

Pasarán años antes de siquiera poder entender el significado de ese encuentro y de esas palabras pronunciadas: ¿Cómo luchar contra la maldad usando la luz y la obscuridad? Me tomará varios eclipses comprender si fue o no un sueño.

 

Máscaras

 


 

La reunión la organizó una pareja conocida por los siete invitados. Era una fiesta de máscaras y, aunque no se conocían entre ellos, cada uno había compartido experiencias cercanas con los anfitriones. Era curioso ver cómo personas que, aparentemente, no tenían algo en común, pudiesen compartir una velada. La Velada estaba conformada, aparte de los anfitriones por un abogado, un administrador, una pintora, una artista plástica, un periodista, un editor y una psíquica.

 

Los anfitriones los recibieron en la puerta, luciendo sus elaboradas máscaras. Ella utilizaba una máscara de marfil, de cuando aún se cazaba elefantes. La careta no mostraba rasgos definidos, además de los labios. Su compañero, tenía una máscara roja que representaba un demonio hambriento, también ocultando su rostro. Las máscaras de los invitados no eran tan elaboradas, pero, cubrían sus ojos con antifaces sencillos de distintos colores.

 

–Sargento Pérez, hemos seguido sus órdenes. Nadie ha tocado a las víctimas y los sospechosos han sido recluidos en las habitaciones separadas.

 

–Buen trabajo, Nuñez. ¿Qué dice el forense?

 

–Nada concluyente. Aún no logramos descubrir sus edades ni las causas de muerte. Los implicados no desean comentar nada. Debe ser por el shock, si me lo pregunta. Solo han coincidido en la frase “Se veía venir”.

 

El sargento tenía un caso complicado. Conocía muy bien a los difuntos y no podía admitir honestamente que fueran de su agrado, aunque sí los había entretenido en más ocasión. Era obvio que existía un motivo. Todos los crímenes lo tienen. ÉL entendía eso. Hasta el mismo tenía motivos para hacerlo. El problema era identificar al culpable.

 

Las pistas encontradas no ayudaban mucho. Había rastros de veneno en el café; un platillo dorado tenía abolladuras de golpe; unas tijeras manchadas con sangre; marcas de estrangulamiento en cada víctima; olor a pólvora en el aire; un pañuelo con cloroformo y agujas clavadas en distintas partes de los cuerpos. El mismo sargento se sentía como en un juego de “Clue”.  El caso era complejo a simple vista, pero, por primera vez en su carrera debía aceptar la presencia de la subjetividad. No era existían dudas. Ver este homicidio doble con esa visión era la única manera de entenderlo. La lógica, por esta vez, era improbable. Solo necesitaba reunir a todos en un solo lugar y expresar su conclusión.

 

–Ustedes siete tienen algo en común. Todos odiaban a esos pobres diablos. Yo también los detestaba, así que los puedo comprender – Pérez empezó su conversación con los sospechosos.

 

–Se veía venir. Mis energías están en equilibrio. – La psíquica se defendió.

–¡JA! No niego que su compañía era tóxica para mí. Se veía venir. Me cortaban la inspiración en mi trabajo. – La pintura añadió con sorna en su voz.

 

El Sargento Pérez escuchaba atentamente las respuestas de cada uno, pues los demás también comentaban algo por las mismas líneas. Se veía venir y ahora todo estaría mejor. Su experiencia le confirmaba su sospecha.

 

–Creo que todos ustedes son los asesinos, pero ninguno admite culpa. –El oficial comentó.

 

–¡SARGENTO! Venga de inmediato. ¡Los cuerpos han desaparecido! – El grito de Nuñez interrumpió la observación de su jefe.

 

Los cuerpos inertes ya no estaban. Solo quedaron en su lugar las máscaras.

 

–Se veía venir. – El administrador dijo sarcásticamente. – Los veremos nuevamente, pues Ignorancia y Aburrimiento siempre regresan. Ella usando su máscara blanca sin emociones y él con su actitud demoniaca y hambre insaciable.

 

El sargento Pérez no podía contradecir ese argumento. – Será mejor no mencionar lo ocurrido aquí.  No hay caso de homicidio si no se tiene los cuerpos de los occisos.

Todos estuvieron de acuerdo tácitamente.