lunes, 11 de mayo de 2026

El último juego

 


 

 

Nuestro destino era enfrentarnos eternamente. Tuvimos el mismo balance del bosque que podría ser consumido por el fuego; del fuego que podría extinguirse con el agua; del agua que sería absorbida por el bosque.

 

Siempre que nos enfrentábamos era como un juego de niños. No podíamos vencernos del todo; teníamos el acuerdo tácito de no atacarnos por ser inútil: él era el creativo, ella demostraba una mente afilada y yo poseía la agresividad.  Podría traducirse en Espíritu, Mente y Fuerza. Pero todo dejó de ser juego.

 

Yo quise conquistar y usar mi poder. A lo mejor podría vencer, pensé. Pero no fui rival. Él me abrazó con amor. Sentí asfixia, pero una vez que cedí, sus caricias me calmaron. Aunque él se notaba cansado y envejecido, no dejó de sostenerme. Tal vez ella atacó por celos. Yo descansaba cuando ocurrió. Cuando desperté, vi el corte irremediable e irregular. ¿Cómo pudo acabar con la vida de alguien tan lleno de amor?

 

La perseguí y al encontrarla no perdí tiempo. Ella me pidió clemencia, pero mi corazón estaba endurecido por la rabia y mi venganza. Destruí su vida con facilidad. Aplasté sus últimas ideas y me deshice del filo más grande.

 

Ahora vivo una condena. La culpa me invade cada día. Éramos rivales, pero ahora sé la verdad. Había balance y respeto. Ahora solo queda mi soledad y estos recuerdos: los cuerpos de ambos yacen en mi patio.

 

Solo yo soy responsable. Yo ataqué al papel, el papel me envolvió con cariño, la tijera lo asesinó de un solo corte celoso y yo la destruí a ella con mi pesa de piedra.

 

¿Qué hice, mis queridos enemigos? Los he perdido y con ustedes se fue mi propósito de vida. Extraño esos juegos de niños que ya no regresarán.

martes, 5 de mayo de 2026

Sin Devoluciones

 

—¡Número 28! Número 28, cliente Giftig por favor acercarse a la ventanilla 08. — La voz del representante de atención al cliente se escuchó monótona y aburrida. Todas las demás ventanillas estaban resolviendo las consultas y reclamos de otros usuarios. Tenían la oficina llena y debían ser eficientes para despejar un poco la carga de solicitudes.

 

Una mujer, claramente en sus sesenta, se acercó a la ventanilla con paso lento, mientras empujaba una carretilla, cuyo contenido estaba cubierto por una manta roja. Su rostro mostraba el fastidio de la impaciencia por esperar a ser atendida. Entregó el boleto al joven en la ventanilla.

 

—Buen día. ¿En qué puedo ayudarle? —El representante de atención saludó a la cliente sin perder el tono lineal y aburrido que había usado para llamarla. No despegó la mirada de la pantalla mientras esperaba la respuesta.

 

—Vengo a presentar un reclamo. Este robot no es lo que me ofrecieron. Yo tengo el modelo CAPE-07V01I19L8O2. No había tenido problemas, pero hace unos días dejó de funcionar. Quiero que lo revisen y, si no lo pueden reparar, me devuelvan el dinero. Aquí tengo la garantía de por vida que adquirí junto al robot. — La mujer habló rápido con voz severa mientras entregaba el documento de la garantía al encargado de atención al cliente.

 

El joven en la ventanilla revisó la garantía. Estaba vigente. Empezó a revisar el robot para ver si todas las condiciones se cumplían. Se agachó para levantar al androide y lo colocó en la mesa. Físicamente todo parecía en orden. Midió la energía y tenía medio tanque, suficiente para encender. No había arañones en la estructura, pero eso no era sustento de nada. El modelo CAPE-07V01I19L8O2 tenía una buena ratio de auto reparación y cicatrización robótica. La piel sintética cumplía bien su función. El daño, a simple vista, no era físico. Tomó un conector USB modelo Z y lo conectó a la altura de la sien derecha. Los ojos del robot se iluminaron con datos numéricos en color verde. Toda la información se cargaba en la pantalla de la computadora.

 

—¿Va a demorar mucho? Tengo cosas que hacer y ya esperé demasiado en la cola. — La mujer alzó la voz.

 

—Señora Giftig, permítame un momento para revisar. Es bastante información que se debe descargar. Si desea, tome asiento y yo la llamo nuevamente. Así no espera de pie. —  El tono profesional del joven demostraba la capacitación que había recibido. Su mirada era tan fija que dominó silenciosamente a la ansiosa mujer, quien tomó asiento nuevamente, quejándose entre dientes.

 

Media hora transcurrió aproximadamente cuando la cliente fue llevada por el asesor de servicio y su supervisor a una oficina más privada para discutir su caso.

 

—Disculpe la demora, señora Giftig. Soy el supervisor de Atención al Cliente. Mi nombre es Rafael Synch. —  El supervisor mencionó mientras le señalaba una silla para que la señora tome asiento. —Junto al asesor, el señor Gabriel Mess tuvimos que revisar mucha información. La garantía no es válida. Vemos en el sistema que el modelo CAPE-07V01I19L8O2 recibió órdenes orales con enunciados prohibidos por el contrato que firmó.

 

—¿Qué quiere decir? La garantía es vitalicia. ¿Qué quiere decir con “enunciados prohibidos”? Siempre traté a ese androide como si fuese alguien de la familia. Esto es un escándalo. Exijo hablar con el gerente porque se nota que no saben hacer su trabajo. Deben atenderme y arreglar esto, de lo contrario, haré un alboroto, van a ver. — La voz de la anciana se elevaba en su tonalidad aguda. La pequeña oficina aislaba el sonido.

 

Calmado, el asesor voltea la pantalla y se la muestra a la señora. Le ofrece unos audífonos, pero la mujer golpea la mano del hombre, quien luego desconecta el cable, liberando así el audio. Sin mayor ceremonia, se inicia un video resumen en la pantalla, con algo de estática por el daño en la memoria rescatada.

 

La pantalla muestra a la señora Giftig, pero mucho más joven. Los ojos parecen salirse de sus órbitas, la respiración agitada y los dientes mostrándose en una mueca agresiva. La mano levantada. La frase “Eres un inútil” se repite una y otra vez. Los gritos de la grabación elevan su volumen de manera constante.

 

                —¡Ponga los audífonos! … Otros escucharán — la voz mezclaba rabia y vergüenza.

 

                — La sala evita que salga el sonido. Sigamos viendo, por favor. — Rafael comentó con un tono más bajo que el de la clienta, pero sin perder la firmeza. La clienta no respondió, pero no separó la mirada de la pantalla.

 

El video mostraba otra escena. El robot CAPE-07V01I19L8O2 estaba siendo azotado con una correa de cuero grueso. Es cierto que es una estructura resistente, pero la manufactura incluía un polímero que asemejaba la piel humana a tal punto que sí sangraba. “Te odio máquina inútil” Los gritos de la mujer del video se escuchan fuera de la computadora. La escena cambia nuevamente. Se nota que están forcejeando. Una mano sujeta el rostro del robot, quien mira la pared mientras tres uñas afiladas recorren el rostro diagonalmente, de derecha a izquierda desde el mentón hasta el ojo izquierdo. La vista se tiñe de rojo.

 

—El video continua. Lo he detenido para demostrarle que incumplió su contrato. — El analista de servicio al cliente minimiza la pantalla y le muestra la cláusula del contrato en la que se menciona que la garantía vence el momento en el que se demuestre daño físico o manipulación en la programación de fábrica.

 

Giftig leía las palabras en el contrato. —Pero…. Nadie nunca me dijo esto. —La respiración era agitada y entrecortada.

 

Gabriel Mess movió el cursor hasta el final. —Según el documento de identidad anexado al contrato, esta es su firma, señora Giftig. Está aceptando las condiciones.

 

—¡Pero nadie me dijo eso! —La voz de la señora Giftig se elevó varias octavas —¿Quién tiene tiempo para leer todas estas cosas? ¡Nadie!

 

—Señora Giftig, lamentablemente el contrato es legal e inapelable. Al firmarlo, aceptó las condiciones. Por lo tanto, la garantía no aplica. Es más, debemos solicitarle que traiga el segundo androide que adquirió para revisarlo de manera preventiva. — Rafael le dirigió una mirada silenciosa a Gabriel, indicando que él se haría cargo del resto e intervino en la conversación, su tono conciliador pero firme. — Todo indica que el modelo CAPE-07V01I19L8O2, en su capacidad de aprender, aprendió a no funcionar porque era lo que su dueña le decía. La repetición del comando lo reafirmaba. Le hemos mostrado un extracto, pero la data tiene una antigüedad de más de 30 años.

 

—Esto es una estafa. Yo siempre lo he tratado bien. Me llevaré el androide y haré la denuncia por este abuso. —La cliente balbuceaba, dejando de lado la cautela o la vergüenza. Gotas de saliva salían de su boca al hablar.

 

—Me temo que eso no es posible, señora Giftig. Los técnicos se han llevado al androide para intentar salvar las piezas y reutilizarlas. El software ha quedado inservible, o en palabras suyas, “inútil”. No le mencionamos que cuando estuvimos descargando la información algo atípico sucedió. Los ojos mecánicos comenzaron a derramar gotas de agua salada. Si no fuese imposible para un androide, diríamos que estaba llorando al recordar todo ese maltrato. El contrato también indica que la empresa puede hacer esto por seguridad del producto como del cliente. Esto está contemplado en las normas legales del país. — Rafael le mostró la cláusula que mencionaba sin perder esa amabilidad profesional y precisa de la atención al cliente.

 

Giftig abrió la boca para hablar, la cerró y la volvió a abrir. Su voz no parecía encontrar la salida. Según ella no había hecho nada malo. Es cierto que siempre había sido muy nerviosa desde joven, pero era un androide, ¿qué daño podría causar? Pero en la sociedad actual, las leyes contra el maltrato humano, animal y robótico eran bastante estrictas, como lo mencionó el supervisor de atención al cliente, desde que se definió por la ONU que todo ser que pueda razonar o sentir y tenga funciones vitales es considerado como ser vivo, por lo tanto, está sujeto a derechos que los protegen.  Esos videos podrían significar su ruina.

 

—Señora Giftig, lo mejor será que colabore con las investigaciones internas. Así podríamos evitar involucrar a instancias mayores. Si usted nos trae el modelo que tiene en casa para revisarlo, podríamos solo colocar su usuario en una lista gris temporal. Puede que estemos a tiempo para prevenir cualquier daño permanente con el androide que tiene en casa. — La voz de Rafael sonó más empática. De hecho, intuía la línea de pensamiento de la cliente por su lenguaje no verbal.  La cliente bajó la mirada al piso y asintió.

 

—Perfecto señora. Si desea, coordinaremos con nuestro personal para que el recojo sea hoy mismo. La podemos acompañar a su casa.

 

La señora Giftig asintió silenciosamente. Su rostro mostraba una mueca extraña de introspección y, tal vez, un sentimiento de culpa. Las manos envejecidas temblaban y el párpado derecho latía. Gabriel y Rafael acompañaron a la señora a la puerta, mientras Rafael coordinaba con el departamento logístico el recojo del otro androide.

 

 

 

martes, 14 de abril de 2026

Botánica Espiritual

 

 

Ionel Jan Talhanuavv, un joven y sensible artista, residía en la estrella más importante de la constelación de Piscis, Alpherg. Dueño de una sensibilidad excepcional, incluso para su pueblo, Ionel tenía la pasión oculta de conservar y cuidar un jardín de flores en su patio.

Una noche, durante el día terrestre equivalente al 16 de marzo, Ionel ingresó a su invernadero personal. Su familia había salido de la casa. Quería meditar de manera introspectiva y aprovecharía que las estrellas alrededor de la constelación tenían un brillo nostálgico que le permitía evaluar el pasado, con la luz del presente y la esperanza del futuro. Se había vestido en honor a la ocasión con su mejor túnica ceremonial, la que tenía los colores característicos de la casa astrológica, con tonos celestes y aguamarina con detalles de azul oscuro.

La distribución de las macetas en el invernadero respondía a la mente organizada de Ionel. En el ambiente se respiraba una mezcla de fragancias variadas, mientras la música de violín, proveniente de un equipo de sonido, eliminaba el silencio estelar. Por el lado izquierdo, las flores tenían colores más opacos y fragancias invasivas, por el centro la vida vegetal era variada y por el lado derecho las fragancias eran más suaves. Una vista más cercana a las flores podría confirmar que no fueron cultivadas de una forma tradicional. Cada flor era única.

Luego de recorrer el área, Ionel se sentó en la silla ubicada en el centro del lugar. La ubicación le permitía ver la superficie redondeada del invernadero y contemplar su colección. La silla estaba rodeada de hojas y lianas de diversos colores. Al costado de la silla había una mesa redonda en la que descansaba un pequeño retoño. La flor recién estaba naciendo. Sus tonalidades moradas y rojas daban la sensación de un atardecer veraniego. Tomó la pequeña maceta en forma de corazón y acarició los pétalos. Parecía mágica aquella suavidad que empezaba a sentir. La pequeña planta nació sin previo aviso, al igual que las otras alrededor de la sala.

Cada vez que Ionel se relacionaba con alguna persona, su sensibilidad y espiritualidad se manifestaba creando de la nada una semilla que luego plantaba en una maceta. El resultado dependía mucho de los cuidados. El nacimiento de la flor “Magia de Merlín” tuvo que ver también con la madurez que había logrado Ionel. A lo largo de su vida tomó caminos distintos en el amor, cada uno de los cuales traía una semilla. Comenzó a evocar el origen de las flores. Algunos recuerdos estaban más frescos que otros, pero podía decir que sí reconocía el momento en el que cada semilla dio fruto.

Con una ligera amargura, miró una flor que descansaba en una pared. Se llamaba “Traición del Yule” y emanaba una fragancia empalagosa y algo tóxica. Ionel creía que no podía negar su pasado. Esa flor apareció con potencial, pero se tornó insoportable una noche.

Mirando a otro lado vio un conjunto de macetas con flores muy bonitas, pero sin esencia ni aroma. Fueron aquellas que surgieron solo por la manipulación lujuriosa de otros seres. Eran solo plantas que imitaban ser flores.

La variedad de flores lo impresionaba. Había flores de todo tipo: delicadas, robustas, con buen aroma, con fragancia más sutil o incluso con olor a putrefacción. Algunas rosas y orquídeas compartían espacio, otras plantas atrapa moscas mostraban su fiereza. Cada flor le dio la experiencia y el valor para cultivar “Magia de Merlín”.

Levantó la mirada y vio colgada una maceta compacta. Su fragancia era amaderada y calmante. Estar cerca a esa flor, a la que llamó cariñosamente “Garra del Oso Polar”, le ayudaba a aclarar la mente. Esta flor en particular tuvo su truco al nacer. Emergió en tierra de fuego, pero luego los cuidados incluían un abono rico en minerales traídos de las lunas de Cáncer, entre los cuales estaba una especie de cuarzo llamado “Empatita”. Una pequeña lágrima de agradecimiento recorrió su mejilla. Esa planta le había enseñado el valor de la honestidad y la amistad pura. Le hacía aceptar sus vulnerabilidades y acariciarlas con comprensión. Lo que más impresionó a Ionel fue la capacidad que esa flor tuvo para cambiar sus pétalos, de un rojo intenso a un color lavanda apaciguador. Parecía una gardenia común, aunque Ionel sabía que era más especial de lo que podía saber.

Esta gardenia de las estrellas parecía corresponder el cariño. Al estar colgada podía absorber las distintas toxinas y convertirlo en algo menos nocivo. Ionel solo pudo dedicarle un gracias, antes de retomar los cuidados a la flor sobre la mesa. Aún era pronto para saber si la flor crecería tan fuerte como otras, pero al menos Ionel quería ver cómo se desarrollaba. Por lo menos por ahora, le daba felicidad mirar esa flor y saber que era él quien cuidaría de la “Magia de Merlín”.

Ionel comprendió entonces que no todas las flores nacen para ser eternas, ni todas para ser comprendidas. Algunas existen solo para ser cuidadas mientras viven.

Con ese pensamiento, dejó reposar su cuerpo y su espíritu. El invernadero guardó su sueño como un secreto antiguo, mientras la pequeña “Magia de Merlín” permanecía allí, latiendo despacio, aprendiendo a ser flor.

Y aunque el futuro era incierto, Ionel descansó en la certeza más valiosa que había cultivado: aún tenía amor para ofrecer, y manos dispuestas a sostenerlo.

 

 

lunes, 13 de abril de 2026

La poción

 

 

 

Deja que hierva. No la puedes apresurar.

Los ingredientes están debidamente mezclados, pero aún falta que reaccionen entre sí.

Sé paciente.

El fuego lento hará que todo se mezcle. Muy pronto ese líquido traerá abundancia.

Tiene veintiún onzas de creatividad.

¿Pusiste la media taza de empatía?

El sarcasmo le dará un efecto de buen humor. Traerá una inteligencia diferente.

La receta mezcla siete gotas viles, una por cada pecado capital, con 7 gotas de miel, una por cada virtud opuesta.

El color está cambiando. De un líquido transparente el hervor lo hace transformarse en un centro arco iris rodeado de la noche líquida.

Revuelve lentamente. Dibujo el infinito con la cuchara de madera para darle consistencia.

Creo que ya es momento de agregar la esencia de intuición para que empiece actuar la emulsión.

Uno de los efectos secundarios que traerá es la motivación a terceros. Quien la tome podrá lograr que otros se sientan bien.

Es momento de moler la raíz de compromiso y mezclarla con el hueso paciente.

Eleva la llama levemente. Ya luego lo apagaremos porque debe reposar bajo la luna llena.

¿Lavaste el frasco de cristal con agua de mar? Es importante para que los cambios de la poción sean más poderosos.

Unos días más y la poción estará lista. La abundancia no tendrá opción. Será atraída por la mezcla de los ingredientes con carisma.

Pongamos una advertencia en la etiqueta: “Puede causar embriaguez a los débiles de corazón”.

¡Haremos una fortuna con esta poción!

domingo, 12 de abril de 2026

La magia siempre viene con un precio

 


La serie Once Upon a Time (Había una vez) popularizó la premisa: “All magic comes with a price” —toda magia viene con un precio—. Más allá de la fantasía, es interesante cómo esta idea se refleja constantemente en el mundo real.

Podemos pensar en la magia como cualquier talento o habilidad que poseemos. Aquello que sabemos hacer bien suele ser requerido por otras personas para satisfacer una necesidad o cumplir un deseo. Y, bajo esa premisa, siempre existe un precio. No necesariamente monetario: puede tratarse de un intercambio, un trueque o cualquier forma de compensación equivalente.

Desde una lógica básica, nada es completamente gratis. La alquimia antigua hablaba del principio del intercambio equivalente. Si lo traemos al presente, encontramos innumerables ejemplos: idiomas, finanzas, cocina, repostería, arte, asesorías, creatividad, tiempo. Las posibilidades son infinitas.

Sin embargo, aquí aparecen algunos problemas recurrentes.
Por un lado, se subestima el talento: algunas personas consideran que el precio solicitado es “demasiado caro”, sin evaluar el valor real del trabajo, la experiencia o el esfuerzo detrás.
Por otro lado, se sobreestima la generosidad o la cercanía personal, esperando que el servicio sea gratuito debido a una relación de amistad, familia o afecto. El argumento suele ser: “¿Me vas a cobrar a mí?”

Separar lo personal de lo profesional no siempre es fácil. Cuando solicitamos un servicio, quien lo ofrece establece su precio, y somos nosotros quienes decidimos si aceptamos o buscamos una alternativa acorde a nuestras posibilidades, considerando factores como calidad, dedicación y tiempo. Cuando existe un vínculo previo, muchos se ofenden ante el cobro; pero también es común que quien ofrece el servicio tenga dificultades para ponerle valor a su propio trabajo.

El talento y el esfuerzo tienen un costo: material, creativo y, sobre todo, de tiempo. El quid pro quo es justo, incluso cuando incluye una ganancia. Nadie se vuelve experto por casualidad: detrás hay inversión personal, aprendizaje continuo y sacrificios invisibles.

La negociación de la compensación es responsabilidad de ambas partes. Quien brinda el servicio puede, de manera voluntaria, asumir total o parcialmente el precio de su “magia” —por ejemplo, a través de donaciones—, pero eso debe ser una decisión consciente y clara desde el inicio. No se puede ni se debe asumir que todo será gratis.

Reconocer el valor de la magia ajena es, en el fondo, una forma de respeto.

 


martes, 17 de marzo de 2026

Potencial Ilimitado

 

 

Hace unos años, en un diplomado de Recursos Humanos, la profesora nos hizo una pregunta curiosa:

¿Qué pieza de ajedrez tiene más potencial?

Muchos respondieron que la Reina, por ser la más poderosa y tener mayor libertad de movimiento en el tablero.

Sin embargo, un compañero y yo dimos una respuesta distinta:
el peón.

En ajedrez, si un peón logra cruzar todo el tablero y llegar a la octava fila, puede ascender a cualquier pieza (excepto el Rey). Puede convertirse en Reina, Torre, Alfil o Caballo.

Pero llegar hasta allí no es fácil.

El peón avanza lentamente, casi siempre una casilla a la vez. Solo se mueve hacia adelante y muchas veces es subestimado por sus rivales. Sin embargo, con estrategia, paciencia y apoyo del resto del tablero, puede transformarse en una de las piezas más poderosas del juego.

En Recursos Humanos, esta analogía es imposible de ignorar.

Invertir en el desarrollo del potencial de las personas puede ser la diferencia entre una organización que simplemente funciona y una que realmente gana.

Porque muchas veces, quienes parecen tener menos ventajas iniciales son quienes poseen el mayor potencial de crecimiento.

La pregunta entonces es:

Si fueras un peón, ¿en qué pieza elegirías convertirte?

 

 

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