martes, 5 de mayo de 2026

Sin Devoluciones

 

—¡Número 28! Número 28, cliente Giftig por favor acercarse a la ventanilla 08. — La voz del representante de atención al cliente se escuchó monótona y aburrida. Todas las demás ventanillas estaban resolviendo las consultas y reclamos de otros usuarios. Tenían la oficina llena y debían ser eficientes para despejar un poco la carga de solicitudes.

 

Una mujer, claramente en sus sesenta, se acercó a la ventanilla con paso lento, mientras empujaba una carretilla, cuyo contenido estaba cubierto por una manta roja. Su rostro mostraba el fastidio de la impaciencia por esperar a ser atendida. Entregó el boleto de atención al joven que la atendería.

 

—Buen día. ¿En qué puedo ayudarle? —El representante de atención saludó a la cliente sin perder el tono lineal y aburrido que había usado para llamarla. No despegó la mirada de la pantalla mientras esperaba la respuesta.

 

—Vengo a presentar un reclamo. Este robot no es lo que me ofrecieron. Yo tengo el modelo CAPE-07V01I19L8O2. No había tenido problemas, pero hace unos días dejó de funcionar. Quiero que lo revisen y, si no lo pueden reparar, me devuelvan el dinero. Aquí tengo la garantía de por vida que adquirí junto al robot. — La mujer habló rápido con voz severa mientras entregaba el documento de la garantía al encargado de atención al cliente.

 

El joven en la ventanilla revisó la garantía. Estaba vigente. Empezó a revisar el robot para ver si todas las condiciones se cumplían. Se agachó para levantar al androide y lo colocó en la mesa. Físicamente todo parecía en orden. Midió la energía y tenía medio tanque, suficiente para encender. No había arañones en la estructura, pero eso no era sustento de nada. El modelo CAPE-07V01I19L8O2 tenía una buena ratio de auto reparación y cicatrización robótica. La piel sintética cumplía bien su función. El daño, a simple vista, no era físico. Tomó un conector USB modelo Z y lo conectó a la altura de la sien derecha. Los ojos del robot se iluminaron con datos numéricos en color verde. Toda la información se cargaba en la pantalla de la computadora.

 

—¿Va a demorar mucho? Tengo cosas que hacer y ya esperé demasiado en la cola. — La mujer alzó la voz.

 

—Señora Giftig, permítame un momento para revisar. Es bastante información que se debe descargar. Si desea, tome asiento y yo la llamo nuevamente. Así no espera de pie. —  El tono profesional del joven demostraba la capacitación que había recibido. Su mirada era tan fija que dominó silenciosamente a la ansiosa mujer, quien tomó asiento nuevamente, quejándose entre dientes.

 

Media hora transcurrió aproximadamente cuando la cliente fue llevada por el asesor de servicio y su supervisor a una oficina más privada para discutir su caso.

 

—Disculpe la demora, señora Giftig. Soy el supervisor de Atención al Cliente. Mi nombre es Rafael Synch. —  El supervisor mencionó mientras le señalaba una silla para que la señora tome asiento. —Junto al asesor, el señor Gabriel Mess tuvimos que revisar mucha información. La garantía no es válida. Vemos en el sistema que el modelo CAPE-07V01I19L8O2 recibió órdenes orales con enunciados prohibidos por el contrato que firmó.

 

—¿Qué quiere decir? La garantía es vitalicia. ¿Qué quiere decir con “enunciados prohibidos”? Siempre traté a ese androide como si fuese alguien de la familia. Esto es un escándalo. Exijo hablar con el gerente porque se nota que no saben hacer su trabajo. Deben atenderme y arreglar esto, de lo contrario, haré un alboroto, van a ver. — La voz de la anciana se elevaba en su tonalidad aguda. La pequeña oficina aislaba el sonido.

 

Calmado, el asesor voltea la pantalla y se la muestra a la señora. Le ofrece unos audífonos, pero la mujer golpea la mano del hombre, quien luego desconecta el cable, liberando así el audio. Sin mayor ceremonia, se inicia un video resumen en la pantalla, con algo de estática por el daño en la memoria rescatada.

 

La pantalla muestra a la señora Giftig, pero mucho más joven. Los ojos parecen salirse de sus órbitas, la respiración agitada y los dientes mostrándose en una mueca agresiva. La mano levantada. La frase “Eres un inútil” se repite una y otra vez. Los gritos de la grabación elevan su volumen de manera constante.

 

                —¡Ponga los audífonos! … Otros escucharán — la voz mezclaba rabia y vergüenza.

 

                — La sala evita que salga el sonido. Sigamos viendo, por favor. — Rafael comentó con un tono más bajo que el de la clienta, pero sin perder la firmeza. La clienta no respondió, pero no separó la mirada de la pantalla.

 

El video mostraba otra escena. El robot CAPE-07V01I19L8O2 estaba siendo azotado con una correa de cuero grueso. Es cierto que es una estructura resistente, pero la manufactura incluía un polímero que asemejaba la piel humana a tal punto que sí sangraba. “Te odio máquina inútil” Los gritos de la mujer del video se escuchan fuera de la computadora. La escena cambia nuevamente. Se nota que están forcejeando. Una mano sujeta el rostro del robot, quien mira la pared mientras tres uñas afiladas recorren el rostro diagonalmente, de derecha a izquierda desde el mentón hasta el ojo izquierdo. La vista se tiñe de rojo.

 

—El video continua. Lo he detenido para demostrarle que incumplió su contrato. — El analista de servicio al cliente minimiza la pantalla y le muestra la cláusula del contrato en la que se menciona que la garantía vence el momento en el que se demuestre daño físico o manipulación en la programación de fábrica.

 

Giftig leía las palabras en el contrato. —Pero…. Nadie nunca me dijo esto. —La respiración era agitada y entrecortada.

 

Gabriel Mess movió el cursor hasta el final. —Según el documento de identidad anexado al contrato, esta es su firma, señora Giftig. Está aceptando las condiciones.

 

—¡Pero nadie me dijo eso! —La voz de la señora Giftig se elevó varias octavas —¿Quién tiene tiempo para leer todas estas cosas? ¡Nadie!

 

—Señora Giftig, lamentablemente el contrato es legal e inapelable. Al firmarlo, aceptó las condiciones. Por lo tanto, la garantía no aplica. Es más, debemos solicitarle que traiga el segundo androide que adquirió para revisarlo de manera preventiva. — Rafael le dirigió una mirada silenciosa a Gabriel, indicando que él se haría cargo del resto e intervino en la conversación, su tono conciliador pero firme. — Todo indica que el modelo CAPE-07V01I19L8O2, en su capacidad de aprender, aprendió a no funcionar porque era lo que su dueña le decía. La repetición del comando lo reafirmaba. Le hemos mostrado un extracto, pero la data tiene una antigüedad de más de 30 años.

 

—Esto es una estafa. Yo siempre lo he tratado bien. Me llevaré el androide y haré la denuncia por este abuso. —La cliente balbuceaba, dejando de lado la cautela o la vergüenza. Gotas de saliva salían de su boca al hablar.

 

—Me temo que eso no es posible, señora Giftig. Los técnicos se han llevado al androide para intentar salvar las piezas y reutilizarlas. El software ha quedado inservible, o en palabras suyas, “inútil”. No le mencionamos que cuando estuvimos descargando la información algo atípico sucedió. Los ojos mecánicos comenzaron a derramar gotas de agua salada. Si no fuese imposible para un androide, diríamos que estaba llorando al recordar todo ese maltrato. El contrato también indica que la empresa puede hacer esto por seguridad del producto como del cliente. Esto está contemplado en las normas legales del país. — Rafael le mostró la cláusula que mencionaba sin perder esa amabilidad profesional y precisa de la atención al cliente.

 

Giftig abrió la boca para hablar, la cerró y la volvió a abrir. Su voz no parecía encontrar la salida. Según ella no había hecho nada malo. Es cierto que siempre había sido muy nerviosa desde joven, pero era un androide, ¿qué daño podría causar? Pero en la sociedad actual, las leyes contra el maltrato humano, animal y robótico eran bastante estrictas, como lo mencionó el supervisor de atención al cliente, desde que se definió por la ONU que todo ser que pueda razonar o sentir y tenga funciones vitales es considerado como ser vivo, por lo tanto, está sujeto a derechos que los protegen.  Esos videos podrían significar su ruina.

 

—Señora Giftig, lo mejor será que colabore con las investigaciones internas. Así podríamos evitar involucrar a instancias mayores. Si usted nos trae el modelo que tiene en casa para revisarlo, podríamos solo colocar su usuario en una lista gris temporal. Puede que estemos a tiempo para prevenir cualquier daño permanente con el androide que tiene en casa. — La voz de Rafael sonó más empática. De hecho, intuía la línea de pensamiento de la cliente por su lenguaje no verbal.  La cliente bajó la mirada al piso y asintió.

 

—Perfecto señora. Si desea, coordinaremos con nuestro personal para que el recojo sea hoy mismo. La podemos acompañar a su casa.

 

La señora Giftig asintió silenciosamente. Su rostro mostraba una mueca extraña de introspección y, tal vez, un sentimiento de culpa. Las manos envejecidas temblaban y el párpado derecho latía. Gabriel y Rafael acompañaron a la señora a la puerta, mientras Rafael coordinaba con el departamento logístico el recojo del otro androide.

 

 

 

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